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Crítica de 'Más apellidos vascos' - Masteatro
Más apellidos vascos

Crítica de ‘Más apellidos vascos’

Decía el pensador y poeta Ralph Waldo Emerson que la coherencia era la obsesión de las mentes inferiores o, dicho de otra manera, la coherencia como una virtud secundaria y nunca como un valor supremo. Para satisfacción del público, los personajes de Más apellidos vascos abandonan pronto la coherencia para escuchar lo que les pide el cuerpo. Dejan de un lado sus respectivas ideologías -y estereotipos- para sucumbir a sus pasiones más íntimas: sea enamorarse de una policía nacional; querer hacer un swinger de parejas; o celebrar que la selección española ganó el mundial.

La obra, dirigida por Gabriel Olivares, bebe de la influencia de la exitosa película Ocho apellidos vascos pero, al mismo tiempo, es un producto teatral original que consigue tener alma propia y en ningún caso produce en el espectador sensación de déjà vu con el largometraje. La comedia es una sucesión de escenas interpretadas por cuatro actores que trabajan a un ritmo trepidante e interpretando a varios personajes. Y es que la obra está compuesta por gags independientes uno de otro, algunos más redondos y otros más flojos, y con un hilo conductor e historia de amor que da más consistencia y hondura a la representación.

El trabajo de los actores es también muy significativo. Comparten escenario cuatro verdaderos cómicos. El peso de la obra recae principalmente en los más jóvenes, pero los cuatro actores son piezas fundamentales de un engranaje que necesita de todas estas piezas para estar bien compactado y brillar con luz propia. Mención especial merece el actor Carlos Heredia, un fantástico cómico que siempre encuentra el equilibrio en sus interpretaciones; cuando toca exagerar, exagera, y cuando toca ser comedido y mesurado lo es también. Discreción o exceso según mande la ocasión. Precisamente es él quien interpreta una de las escenas más originales de la obra y que va más allá de su versión fílmica. Heredia interpreta a un catalán y, a parte de los tópicos ya muy gastados -como su supuesta tacañería-, le da un vuelco nuevo cuando se ríe de lo que hoy día parece difícil reírse: la consulta y sus preguntas. Ciertamente, el humor desintoxica.

La puesta en escena y las diversas localizaciones que ofrece la obra son también muy originales, el espectador viaja de norte a sur del país y ¡hasta en avión! En algún momento, hay algún gag que se alarga y puede parecer que no sepan muy bien dónde acabar la historia, pero en definitiva es una buena comedia sin más pretensión que hacer reír al espectador. Un objetivo que logran desde el inicio al final de la función.

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