Crítica de 'LUCIA DI LAMMEMOOR' - Masteatro

Crítica de ‘LUCIA DI LAMMEMOOR’

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LUCIA O LA VIRTUOSA DELL’AMORE
Atmósfera astral para envolver este dramma tragico universal de Gaetano Donizetti (1797-1848). Temática y personajes que, según argumenta Jacobo Cortines, ya eran bastante populares, pues Carafa hizo lo propio con su “Le Nozze di Lammemoor” (París, 1829) o tratado igualmente en “La Fidanzata di Lammemoor” (Rieschi/Basi, Triestre, 1831) amén de varias puestas en escenas teatrales en inglés por Dibdin o Calcraft. Todo este arsenal le llevará a Walter Scott a poner su mirada y narrar esta “historia privada y familiar de Escocia, absolutamente verídica”, oída en forma de cuento de terror por su madre. Romance fatal -seguía sin haber nada nuevo bajo el sol ya en aquél entonces- propiciado por la pugna entre familias mientras sus jóvenes se aman secretamente: Bandello abrió camino y el mismo Scott recuerda, a próposito, al bardo inglés y a su Romeo en la novela “The Bride of Lammemoor”, santo grial para Donizetti. Síntesis y anacronismos totalmente permisibles para que la historia de amor de Lucia y Edgardo no sea eclipsada en el libreto de Salvatore Cammarano (1801-1852) y así la acción fluyera ágil y compacta.

Minimalismo in excess en la escena del Maestranza para recrear el bosque de cuervos -Ravenswood- donde se desarrolla la acción, donde un pedregal perenne de principio a fin, sólo aliviado a los ojos por una luna -icono romántico infalible- que asoma a veces para testificar junto con el Coro la acción dramática. La premisa less is more contrasta sorprendentemente con el pulso romántico, y resta pompa y propulsión al brío desaforado que transmiten los intérpretes. Escenografía suscinta de Pier Paolo Bileri la cual parece resultar incómoda para que los cantantes se puedan mover con facilidad. Es de agradecer, asimismo, que no se haya caído, dada la naturaleza exacerbada de la pieza, en reproducir los tipismos manidos del diecinueve pleno de elementos tales como cementerios, fantasmas, ruinas, nieblas y tormentas en forma de barrocos imposibles o artificios gratuitos.

Cuando se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles el 26 de septiembre de 1835, Donizetti manifestó su contento por haber gustado tanto su Lucia; e incluso detallaba que “cada trozo fue escuchado en un religioso silencio y acogido con las ovaciones más espontáneas”. El Maestranza, en el día de ayer, respondió igualmente. Somos los mismos y reaccionamos ante la belleza per secula seculorum obviando tecnologías. Dado que este tipo de óperas, donde las coloraturas coronan libretto y partitura, el público hispalense irrumpía con sus bravos y aplausos a soprano, tenor y barítono deteniendo el tiempo al que se sumaba con sus aplausos el director de orquesta Will Humburg.

En la primera parte, la orquesta no acompañaba adecuadamente a los cantantes en su intento por responder ante los desafíos de la partitura; descompasando al principio y remontando, eso sí, hacia la mejora a medida que avanzaba la acción. A destacar, el arpa y la flauta travesera que dobla esta última la más famosa aria de locura de la música donde La Cantarero pone en pie al respetable (Atto II, scena v) con su mágica cabaletta o, como dijo aquél, “pirotecnia belcantista”. Arias di bravura para dar y regalar constituyen un auténtico maná para los oídos. Carlos Tarín habla de “ese prodigio de invención melódica que es “Il dolce suono” y que “acompaña a la cadenza de la solista”. La Cantarero, prácticamente única fémina de la ópera que encarna la afrenta de, no sólo hacer honor al título demostrándolo con su voz -altísimo handicap- sino el aspecto social de una mujer herida y sometida frente a un mundo de hombres. La soprano, quizá algo fría al comienzo, nos conduce impecablemente hasta lo sublime al final de su recorrido con sus límpidos agudos. La intérprete se muestra más a gusto en registros ligeros. Simón Orfila -bajo- consigue también su ración de aplausos y vítores dada su soberbia interpretación. Ya lo conocíamos, sirva como dato curioso, por su participación en el homenaje que se le brindó al que fue su maestro Alfredo Kraus en el Teatro de Capitanía de Sevilla en el año 1995 cuando Kraus actuó en “Werther” en la capital. Sin embargo, Stephen Costello -tenor- a pesar de su gran voz y buenos medios, se le requiere más matices, más lirismo, excelente tal vez, para un repertorio más verista que éste. Apropiado y matizado, agudos notables en el barítono onubense Juan Jesús Rodríguez que ha participado, no sólo en óperas como “La Bohème” o “Il Trovatore”, sino en zarzuelas como Luisa Fernanda. Con el Oh, qual funesto avenimiento! (atto II, scena iv) el Coro despliega su poderío, la orquesta empasta. Admirable el juego cromático del vestuario del coro, con sus tonalidades verdáceas y burdeos dispuestas sobre fondo oscuro recreando una visión amablemente pictórica.
La dirección de escena, a cargo de Giulio Ciabatti, se enmarca dentro de lo previsible donde el hieratismo, la rectitud tal vez en movimientos, contención, paradoja incomprensible para con el espíritu de la obra. Se echa en falta ese empuje, esa desmedida romántica per se en la puesta en escena, ese artefacto grandioso para un gigante como Donizetti. Cierto es que el Coro parece deslizarse y aparecer casi por arte de magia. Lástima que la alfombra pedregosa ideada para la ocasión impida a los intérpretes una mayor comodidad y mejor movilidad en cada momento.
Y, para terminar, citaré de nuevo a Cortines, ya que, si tuviéramos que hablar de música, “de la música de Donizetti queda todo por decir, pero eso es ya otro discurso”.

Los próximos días 27 y 30 de marzo, La Cantarero -apellido que lleva su prodigioso sino en su prefijo- nos cantará magistralmente versos como: “Il dolce suono / Mi colpí di sua voce! … Ah quella voce / M’è qui nel cor discesa! / Edgardo! Io ti son resa… ” . Sirvan éstos como emblema del ánima romántica de Lucia di

LUCIA DI LAMMEMOOR
De Gaetano Donizetti
Teatro de la Maestranza, Sevilla.
Días 17, 20, 23, 27 y 30 de marzo, 2012

Dirección musical: Will Humburg
Dirección de escena: Giulio Ciabatti
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza

Lord Enrico Ashton: Juan Jesús Rodríguez, Barítono. Miss Lucia Ashton: Mariola Cantarero, Soprano. Sir Edgardo: Stephen Costello, Tenor. Lord Arturo: Vicenc Esteve, Tenor. Raimondo Bidebent: Simón Orfila, Bajo. Alisa: Anna Tobella, Mezzosoprano.

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