Crítica de 'Los peces no vuelan' - Masteatro
Los peces no vuelan

Crítica de ‘Los peces no vuelan’

Los peces no vuelan

Sevilla_ FEST 21 octubre
Topo_Sala Fli
Acontecimiento_ LOS PECES NO VUELAN de La mona ilustre

La mona ilustre, compañía chilena que va recorriendo nuestro país en estos días y que próximamente lo hará en Francia, recala hoy en este FEST que mañana dará a su fin.

Se definen estos artistas a sí mismos como hacedores de un teatro popular, de un teatro humano, de un teatro terrible. Sin embargo, y a mi entender, la etiqueta que mejor les encajaría, visto lo visto, es la de “escuela de teatro”. Sólamente hay que entrar en la sala en penumbra y toparse con una montaña llena de enseres que intrigan, deliciosos cachivaches arrumbados estratégicamente; una escena preparada, lista para el abordaje de la mentira que necesita el teatro para que el teatro pueda ser verdad; artilugios que los personajes/utilleros/iluminadores van quitando, poniendo, levantando, escondiendo, desvelando, girando, acercando, alejando, apareciendo, oscureciendo y todo para que su propuesta, su cuento con tintes de Lewis Carroll, de peces flotantes, de hermanas en clave de Ionesco, les quede lindo. Y aciertan.

Cuenta esta pieza, además de una coreografía mimada, con un texto suscinto en ellas y verborreas apetecibles y pomposas en ellos. Hay trampa, lo advierto: el acento: la melosa cantinela del sur de América, que dota a los diálogos de vaivén y musicalidad y que nos deja absolutamente embobados. Merece la pena dejarse atrapar y, sobre todo, estar muy atento a cómo trasladan esos objetos de cartón, madera y papel; cómo los manejan transformando el caos inicial en el orden que exige la escena en cuestión. Merece la pena, como digo, restarse años al acudir a esta representación a fin de retroceder hasta la infancia: es la clave para adentrarse en ese desván donde los actores retan a las perspectivas de un teatro a la italiana y nos sorprenden sacándole un elástico partido a paragüas, gabardinas, teléfonos… elementos domésticos que en sus manos resultan potencialmente teatrales. De ahí lo de “escuela de teatro”. De ahí lo de sencillamente magistral.

La mona ilustre, un manual imprescindible en la mente de cualquier teatrero para saber -si le queda alguna duda- cómo usar la luz, lo minúsculo y lo aparentemente banal como pilares de cualquier historia.Presumen ellos de merecidos premios, entre ellos, el Duque de Lerma, por obra, montaje y actriz. El 22 de octubre lo tienen de nuevo en Madrid y el 27 en Badajoz. Prémienle de nuevo y vayan a verlos. Pero recuerden: réstense años, observen cómo manejan su delicada maquinaria escénica y disfruten de cómo le muestran su historia y demuestran su magia, que lo mismo es.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *