Crítica de 'Los miserables' en el Teatre Musical de Barcelona - Masteatro

Crítica de ‘Los miserables’ en el Teatre Musical de Barcelona

LOS MISERABLES, EL FRESCO MÁS MAJESTUOSO.

Dicen que este año la temporada teatral de Barcelona estará repleta de musicales, y de grandes musicales. De momento coinciden en la cartelera dos de los musicales que el año pasado iluminaron todo Madrid: Chicago y Los Miserables. Pero ahora nos quedamos con el segundo, un monumental fresco, una auténtica obra audiovisual (tanto se disfruta des de la oreja como con los ojos), majestuosa en todos los sentidos.  Aunque no conozco otras propuestas que se hayan hecho de esta obra, intuyo que esta producción de Cameron Mackintosh (con un equipo de grandes profesionales de los musicales en toda Europa)  para el 25º aniversario del legendario musical de Boublil i Schönberg debe ser de las mejores que se hayan hecho.

La historia es muy interesante, la vida de un ladrón rehabilitado (por la gracia de Dios? ejem, ejem….) que se pasa la vida huyendo de su perseguidor, un representante de la ley que quiere hacerle volver a la cárcel. Claro está que pasan muchísimas más cosas que añaden a tal argumento altas cuotas de intensidad emocional. Además, claro está, estamos hablando de una obra histórica, ambientada en la Francia revolucionaria del siglo XIX. Una obra escrita por Victor Hugo, uno de los mejores escritores en lengua francesa, el más romántico y revolucionario en su momento (y en este momento, depende de para quien también podría serlo). Pero, y aunque el trasfondo social es vital, el conflicto mayor está entre el perseguido y el perseguidor, el héroe y el antagonista, Jean Valjean y Javert. Estos dos personajes se van dibujando a lo largo de los años que marca la obra, tienen sus encontronazos violentos, se separan y se vuelven a encontrar porque uno no existe si el otro. Valjean necesita de Javert para recordar quién era y reafirmarse en su nueva posición de padre protector. Javert necesita de Valjean para saciar sus ansias de venganza y para ponerse al lado de la ley y de dios (lo divino en esta obra sirve para lo bueno y para lo malo). Y la resolución definitiva de todo el conflicto es simplemente magistral. Y eso me sugiere un enlace para hablar de la escenografía.

Como ya he dicho es una obra que se disfruta tanto en lo auditivo, grandes voces al servicio de grandes canciones, como de lo visual. La escenografía es impactante, desbordante, gigante, barroca en escenas más corales, minimalista en escenas más íntimas. Pasando de la espléndida barricada a las catacumbas proyectadas en video. Punto aparte merece el juego de las luces (magnífica la interpretación lumínica en el ataque a la barricada) y los fondos que pasan de las escenas más costumbristas a los paisajes románticos y tenebrosos inspirados en las pinturas de Hugo, aportando, a su vez, un dinamismo y profundidad. Siento repetirme, pero es un monumental fresco.

Y claro está, magnífica interpretación vocal de todos y cada uno del elenco. Con especial querencia para los dos protagonistas. Valjean es Gerónimo Rauch, y este chico hace con su voz auténticas virguerías, pasando del trueno al agudo más delicado e hiriente. Y luego tenemos a Javert, el actor Ignasi Vidal. Éste al igual que Rauch maravilló a todo el público sobretodo en sus canciones en solitario como la de su epitafio. Pero no hay que desmerecer a nadie, ni tan solo a los niños que también lanzan sus gorgoritos. Y a nivel personal me quedo con la magnífica voz de Lydia Fairen al cargo de Eponine y ese fantástico profesional que es Enrique R. del Portal haciendo del bravucón mesonero Thenardier.

Aún resuena en mi cabeza varias canciones del musical, pero sobretodo la línea musical del Soñé una vida (para los menos entendidos, el I dream a dreamed que popularizó Susan Boyle). Y eso supongo que es un buen indicativo. Sin duda, Los miserables es un musical majestuoso.

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