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Crítica de L'orfe del Clan dels Zhao - Masteatro

Crítica de L’orfe del Clan dels Zhao

Hay una compañía teatral que despierta furor des de ya hace años. Des de aquí uno siempre tiende a elogiarlos con entusiasmo. Pero es unánime en la prensa y en el público, La perla 29 son una gente que ofrecen unas experiencias teatrales que penetran muy adentro en los espectadores. Y otra vez han levantado aplausos y bravos al final de la obra, llenando todos los rincones del Romea. Esta vez se han atrevido con una leyenda china escrita entre el 1260 y el 1280 por Ji Junxiang. Se trata de L’orfe del Clan dels Zhao, y en ella se vuelven a ajuntar con los actores que ya han estado en otros montajes de la compañía, capitaneados por el gran Julio Manrique, que además consigue otro éxito monumental como director artístico del teatro antes de pasarle el testigo a Borja Sitjà.

Oriol Broggi, el director, y su compañía La Perla 29 son gente sensible a la creación teatral que se realiza en Europa. No en vano adaptan esta obra, que recientemente se ha adaptado al cine y que en el Reino Unido también ha tenido una adaptación por la Royal Shakespeare Company (elección evidente debido a los ecos shakespearianos de la obra). Además, si se le suma el gusto de Broggi por las grandes tragedias teatrales (Incendis, Antígona, Hamlet,…), el texto de Junxiang es una elección de éxito seguro. Cuenta la leyenda que en el condado de Jin, el clan de los Zhao fue totalmente aniquilado por orden de Du’An Gú, encargado de la seguridad del reino y uno de los hombres en el que el Emperador confía más. Esta matanza fue ocasionada por los celos que tenía el militar por el patriarca de los Zhao, un hombre culto, de letras, que también tenía el favor del emperador. Pero la estrategia de Du’An Gú terminó con la vida del civil y de todo su clan. Bueno de todos, no. La criatura que engendró la princesa era el último vástago del clan y fue dado en adopción al médico ambulante Cheng Ying, un fiel servidor y amigo del clan. Pero la ira y la locura de Du’An Gú iría aún más lejos cuando mandó aniquilar a todos los bebés del reino de un mes a un año para así asegurarse de la muerte del huérfano. Cheng Ying entonces portado por la desesperación y la responsabilidad decidió sacrificar a su hijo haciéndole pasar delante los ojos del villano como el huérfano de los Zhao. Pura tragedia que evoca a Sófocles, Shakespeare o Mouawad. La venganza es el motor que mueve los personajes de una historia plena de suicidios que muestran la filosofía oriental de la muerte por honor. Pero, y siendo una leyenda de tono oriental, el diseño de los personajes está dibujado bajo el patrón de buenos y malos, no hay grises ni contradicciones humanas. Esta es una batalla entre las letras y las armas. La eterna batalla entre el bien y el mal se traduce esta vez entre el arte y la guerra.

La puesta en escena de Broggi otra vez pone una pierna en el texto, respetando su estructura de tragedia clásica oriental y otra en la innovación, en la búsqueda de la reinterpretación conceptual de una historia que tanto es de China como del mundo. Por eso, Broggi junto con Marc Artigau y con el traductor Joan Sellent, ofrece una visión con elementos que conecta con lo catalán y lo mediterráneo. Sobre todo en la música de Joan Garriga. Este acordeonista es el líder de La Troba Kung-Fú, una banda de rumba con recorrido y muchos seguidores. En la obra, ayudado por un guitarrista, toca su instrumento, toca el gong y canta algunas de las canciones de su grupo (convenientemente arregladas para la ocasión) para reforzar algunos de los pasajes de la obra, como si fuera un trovador. Además Broggi añade canciones y versos de Ovidi Montllor y de Vicent Andrés Estellés que insuflan dramatismo poético al texto.

La perla 29 cuidan todos los detalles y la escenografía más que nada. El escenario se compone de un ring de arena con cuatro entradas y cuatro gradas para el público. Todo remite a cierta tradición oriental, como  si fuéramos a ver un combate de sumo, un escenario desnudo con elementos de quita y pon (taburetes, el cesto del médico, las dagas de la muerte,…) y con unos actores que llenan con su relato todo el cuadrilátero.

Sin duda uno de los éxitos de Broggi en su recorrido es su trabajo con los actores. Su método a la hora de trabajar con los actores logra grandes resultados y la clave también está en el ambiente familiar y en el compromiso. Así los nombres que configuran el elenco de esta adaptación ya han trabajado anteriormente con Broggi (con la excepción del músico Joan Garriga) y ya saben lo que el director exige. Por eso el nivel es tan alto. Intuimos que una de las premisas para los actores era sentir las palabras igual que los silencios, moverse muy lentamente, sentir los pasos que daban. No hay resquicio para el aburrimiento, todo es muy intenso, pero nada apresurado. Cómo en la tradición más oriental, todo movimiento parte de la quietud y la serenidad para sacar la intensidad de las entrañas. Y eso el grupo lo sigue a rajatabla. Sólo un par de cosas chirrían con el tono tan severo del montaje, esa pantomima del galopar de los caballos y el movimiento a lo Matrix, con efecto de sonido incluido, en la batalla final.

En cuanto a los matices de cada actor, todos están soberbios. Julio Manrique se doctora por enésima vez como el médico Cheng Ying, ofreciendo una rigurosa composición dramática y con ternura. El cénit está en el llanto durante el entierro de su hijo. Qué dominio del melodrama! A su lado, le da la réplica un hierático Pablo Derqui, malo de los malos, en un retrato terrorífico de Du’An Gú para el que ya lució de villano en «Roberto Zucco» el año pasado. Luego está la sabiduría escénica de Lluís Marco, la serenidad de Marta Marco capeando con todos los personajes femeninos, el dinamismo de Ernest Villegas que hace de padre y de hijo, el que dará venganza a todo el clan y con un Borja Espinosa brillante, que cada vez sube más su caché actoral, quien se encarga de uno de los personajes más ingratos de la función y el que da el remate final de un relato basado en la culpa y la venganza y con el honor como expiación.

L’orfe del Clan dels Zhao de Ji Junxiang.

Dramaturgia de Marc Artigau y Oriol Broggi.

 Dirigida por Oriol Broggi.

Interpretada por Julio Manrique, Pablo Derqui, Lluís Marco, Ernest Villegas, Marta Marco, Borja Espinosa y Joan Garriga.  

Tragedia clásica oriental.

Hasta el 11 de mayo en el Teatre Romea.

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