Crítica de 'Lo Real-Le Rèel-The Real' Israel Galván - Masteatro

Crítica de ‘Lo Real-Le Rèel-The Real’ Israel Galván

Tras diez minutos de retraso, precedido de aplausos de espectadores impacientes y ante un aforo prácticamente lleno, el pasado 6 de abril se presentó en el Teatro de la Maestranza de Sevilla Lo Real-Le Rèel-The Real, el último espectáculo de Israel Galván, encargo de Gerard Monteir, director artístico del Teatro Real, en colaboración con el Théätre de la Villa de París, el Mercat de les Flors de Barcelona y el Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

La acogida de Galván en Sevilla nada tuvo que ver con lo que cuentan las crónicas del estreno el pasado 12 de diciembre de 2012 en el Teatro Real de Madrid donde la opinión quedó dividida entre aplausos y pitos. En esta ocasión el elenco salió por la puerta grande  entre aplausos intensos y otros más tímidos y es que  en Sevilla conocen bien el arte de este creador  vanguardista e imprevisible, un artista rompedor que decidió ya hace mucho tiempo ir a la contra y no ser esclavo del público para poder ofrecer a éste lo mejor de sí mismo haciendo lo que quiere, para fortuna de muchos.

Sobre la escena artistas de primer nivel, con figuras destacadas de la danza flamenca como Isabel Bayón y Belén Maya; del cante como Tomás de Perrate y David Lagos,  y la extraordinaria guitarra de Chicote; y para completar el cuerpo de baile con jaleos y bailes festeros Uchi y  Caracafé  y como encargado de las palmas y el compás el singular Bobote.

Los espectadores acaban entrando en el juego de desconciertos a lo Galván convirtiéndose en testigos  inagotables del hecho escénico,  testigos inagotables de lo real. Asistimos sin duda a una propuesta arriesgada que pretende ir más allá del sentido y del significado pero que más que una obra completa parece un espectáculo de variedades lleno de cuadros  aparentemente deslavazados, un argumento sin guión donde la unidad radica en la singularidad de cada uno de los artistas que crean a través de la música y el movimiento una atmósfera en todo momento común.  Pese a los cambios y a la variedad de elementos y recursos, en la mayoría de las ocasiones,  cada cuadro se hace repetitivo.

¿Se puede bailar un genocidio? esta es la pregunta que sirvió a Israel Galván como punto de partida para la creación de esta obra. Pues bien, en Lo Real queda despejada la duda ya que logra, por momentos suspendidos, transmitir con su arte este panorama desolador. Sobre el fenómeno del Holocausto o la muerte sistematizada, tema histórico, político y ético se han derramado ríos de tinta y quizás ya nada más se pueda contar con palabras,  siendo aquí donde el arte de este creador, que radica en su capacidad para comunicar mediante imágenes sensoriales más que mediante ideas literarias, pretende trascender el tema. Bajo una concepción abstracta Israel Galván nos presenta lo real del hecho con una verdad que se encuentra en alguna parte situada fuera del escenario y de la vida, en algún lugar en lo más profundo de la imaginación del intérprete convirtiendo al espectador en testigo de excepción.

Una vez más la muerte, siempre la muerte. Vimos la muerte como transformación en La metamorfosis  de Kafka (2000), la muerte en la plaza con  Arena (2004) o la muerte como final del mundo en El final de este estado de cosas (2007).  Y ahora en Lo Real con un tema delicado, denso y escabroso: el exterminio gitano en los campos de concentración nazis, con un escenario colmado de músicos y con escasos elementos escénicos temáticos  encontramos la muerte bajo una escena que se muestra casi como un esqueleto con el que se pretende recrear la atmósfera de su espera y de su camino hacia ella.

La atmósfera  se palpa dentro y fuera del propio cuerpo de Israel Galván y con un sentido del ritmo soberbio, que hasta en quietud y en silencio se ve y se escucha y sin negar la forma, con movimientos divergentes que transcienden lo geométrico convirtiéndolos en algo existencial el artista, lejos de repetirse a sí mismo, traspasa su propio límite haciendo de lo técnico algo visceral y de lo visceral algo técnico. Objetos inertes como un piano desvencijado bailan,  cobran vida a través del movimiento de los intérpretes  y la búsqueda constante de la sonoridad.

La obra se presenta con un prólogo sublime titulado “Se corta el aire” donde Galván baila el zumbido provocado por el movimiento de unas varas en el aire y un par de cuadros más; “Un hombre: de los muertos crecen flores” y “Una mujer: el cielo tiembla y se cae” donde encontramos a una Belén Maya soberbia en estado arquetípico puro de la mujer gitana. Y con el intermedio “Carmen, la chinche y la pulga”  viene un respiro cargado de sorpresas, momentos de humor  picardía y erotismo de la mano de Isabel Bayón que parodia a Leni Riefestahl haciendo de gitana manifestándose con ello la contradicción entre el exterminio gitano por un lado y la fascinación de los nazis por el folklore y el flamenco por otro. Como colofón, el cuadro titulado “La última estación” que  culmina el espectáculo con un cierre sutil, simbólico  y claustrofóbico  con la alzada de paneles, los mismos que caían con los títulos de cada cuadro, paneles que se erigen para cercar a los artistas, para cercar a los gitanos.

 

Lo Real-Le Rèel-The Real
Baile: Israel Galván, Isabel Bayón y Belén Maya
Cante: Tomás de Perrate y David Lagos
Guitarra: Juan Domínguez “Chicuelo”
Saxo: Juan Jiménez
Piano: Alejandro Rojas-Marcos
Percusión: Antonio Moreno
Violín: Eloísa Cantón
Baile, cante y jaleos: Emilio Caracafé, José Jiménez “Bobote” y Carmen Lérida “Uchi”
Banda de judíos y gitanos: Sistema Tango
Coreografía y guión musical: Israel Galván
Dirección artística: Pedro G. Romero
Dirección de escena: Txiki Berraondo
Dirección musical: Juan Jiménez
Iluminación: Rubén Camacho
Decorados: Pablo Pujol y Pepe Barea
Vestuario: Soledad Molina
Escenario: Teatro de la Maestranza de Sevilla
Fecha: 6 de abril de 2013

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