Crítica de Llibertat! de Santiago Rusiñol - Masteatro

Crítica de Llibertat! de Santiago Rusiñol

llibertad
La sociedad es un ente frágil, inestable. La sociedad es una masa compleja, un colectivo vulnerable y predecible. Tenemos el poder de cambiar las cosas pero la responsabilidad del cambio es tan grande que la mayoría de veces nos acobarda. Y no siempre el cambio es el correcto, a veces se confunden ideas y palabras bonitas, justas y dichas con sentido esconden propuestas perniciosas, nocivas para el bien de la sociedad. Así con discursos populistas, pronunciados por un líder se propaga el racismo, el segregacionismo. Afortunadamente tenemos la literatura para denunciar con inteligencia y honestidad los excesos, las manipulaciones que pueda sufrir la sociedad. Y de la literatura a la dramaturgia. Por eso el TNC ha programado este año una obra que cuenta la historia de un pueblo que a principios de siglo XX recibe la llegada de un indiano, un hombre que hizo fortuna en Cuba y que trae consigo un niño negro. La sorpresa en los pueblerinos es inmensa y encantados piden a Don Patricio que les deje el negrito (como lo llaman, mientras se lo miran como si fuera un juguete delicado). Pero los años pasaran y lo que era un atracción ha pasado a ser un incordio para la mayoría de los aldeanos. Si a eso le sumamos un contexto de crisis esta obra acaba por señalar allá donde ahora hace más daño. Esta historia no fue escrita en este siglo, estamos hablando de Llibertat! de Santiago Russinyol que Josep Maria Mestres ha decidido adaptar de manera irregular.

La obra está dividida en tres actos muy diferenciados entre sí. La primera parte asistimos a una fiesta en el pueblo. El escenario se transmuta de bar a plaza del pueblo . En el bar vemos a unos señores hablando sobre la inminente llegada de Don Patricio (Camilo García), recién llegado de América, y de su niño negro. El mesonero Pere Antón (Jordi Martínez) es un hombre que se llena la boca de buenas palabras: progresismo, libertad, igualdad, etç… A su lado le secundan maravillados por la oratoria tres clientes. Entre medio de ellos, pero hay un elemento subversivo, Martinet (Roger Casamajor), un hombre que con ciertos aires recrimina sus divagaciones. Para él son charlatanes que no saben de lo que hablan. Al poco aparecen nuevos personajes, el maestro y las señoras burguesas, todos encantados y excitados por la reaparición de este gran señor y su negrito. Así nos trasladamos des del mismo escenario a la plaza donde aparece la fanfarria que precede al gran indiano, Don Patricio cercado por el alcalde. En este acto de corte costumbrista, se retrata muy bien la sociedad y su sentir tal como el propio Russiñol lo vivía. Pero el director le añade un tono aún más jocoso en el tono de servidumbre de todos los aldeanos y sobretodo al repartir banderitas para todo el público que agitan haciéndoles partícipes de esta fiesta. Don Patricio no es Mr. Marshall, pero poco le falta. El acto sigue con la irrupción del morenito y las posteriores reacciones del pueblo entre el miedo y la curiosidad por lo exótico, mientras el pobre infante tiembla y asustado busca su amo. Pero de entre este bullicio, este galimatías que el negrito no entiende se le aparece un ángel. Se trata de la hija de Pere Antón, Florentina (Aina Sánchez) quien medio asustada le recita una poesía de bienvenida. El posterior abrazo y beso entre los dos niños, jaleados por los aldeanos, será el primer indicio de una relación que traerá sus complicaciones.

Así con las tramas bien marcadas pero aún con el conflicto por estallar se da paso al segundo acto. Años después asistimos a una reunión de una junta política. En esta, el negrito es ahora Jaumet (Óscar Kapoya) con diez años más, ha sido criado por Pere Antón y es visto con respeto y simpatía. Y estos siguen con sus ideales progresistas, sus intenciones nobles con el morenito. Pero al aclarar sus sentimientos e intenciones hacia Florentina, se desata la rabia de su cuidador, el padre de Florentina quien menosprecia a Jaumet cuando hacía escasos minutos lo promocionaba para entrar en la junta. El conflicto explota pero Jaumet logra un firme defensor a su causa, Martinet. Este personaje es sin duda junto con Jaumet el más valiente y el más trabajado. Martinet es un luchador descreído, casi nihilista, recluido en la sala de lectura, este cerebro andante reprocha a sus conciudadanos que no actúen como dictan sus palabras y que sean tan cortos de miras. Sus alegatos son furiosos y a veces parece que esté haciendo un mitin político. De hecho la figura que más se me asemejó, y espanto me dio la comparación, fue con Hitler. Aún así todas y cada una de sus palabras están medidas, bien reflexionadas y nos atrevemos a decir que es la voz directa del propio Rusiñol agitando a la sociedad burguesa de sus tiempos.

El periplo de Jaumet sigue en el tercer acto, pero ahí el director ha puesto la mano, con poca fortuna. Mientras se va cambiando a oscuras el decorado, unas voces en off nos van marcando una elipsis de más de cien años hasta la actualidad. Oímos des de la voz del difunto President de la Primera República Catalana, Francesc Macià hasta Obama o las manifestaciones independentistas o contra los recortes. Y luego se hace la luz para descubrirnos un escenario desnudo con un árbol sin hojas, un banco y a Jaumet estirado en él como si fuera un indigente. Y el desenlace pasa ahora por una manifestación de obreros, de unos dirigentes sindicales que hacen de intermediarios llenos de palabras y conceptos basados en la libertad y la igualdad y por dos señoras de clase alta. Esta sociedad tampoco quiere la presencia de Jaumet, del negrito, del extranjero. Primer, els de casa dice un popular eslogan político de un partido xenófobo de Catalunya. Pero Jaumet no está dispuesto a dejarse pisar de tal manera y exige su posición. Pero la repuesta es violenta. Lo quieren fuera. Ni su ángel, Florentina, que tampoco ha sabido o no ha querido ver en él nada más que un amigo, un hermano si a caso. El racismo, la intolerrancia se impone en todas las parcelas. Menos mal que también en esta translación efectista i banal (no hace faltar remarcar las cosas de esta manera para ver los reflejos que tiene en la actualidad esta historia) está Martinet para echarle un capote y huir de este país que lo repudian cuando se jactan de ser los más libertarios.

Lo bueno que tiene esta historia además de su acta de denuncia es sin dudad su lenguaje, las interlocuciones de Martinet (que buenas y sabias reflexiones que da!) y las de Jaumet a Florentina cuando deja ir toda la poesía que lleva dentro. Palabras surgidas de la pluma de una figura de la literatura catalana indiscutible, un legado que, de manera irregular, rinde tributo Josep Maria Mestres des de la Sala Petita del TNC. «La libertad significa responsabilidad; es por eso que la mayoría de los hombres le tienen tanto miedo». No sabemos si Rusiñol conocía esta cita pero seguro que estaría de acuerdo con su autor, Bernard Shaw. 

 

Llibertat! de Santiago Rusiñol.

Dirigida por  Josep Maria Mestres.

Interpretada por Óscar Kapoya, Roger Casamajor, Jordi Martínez, Aina Sánchez, Quimet Pla, Artur Trias, Óscar Rabadán, Maife Gil, Tilda Espluga,…       

Drama entorno el racismo.

En El Teatre Nacional de Catalunya hasta el 9 de junio.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *