Crítica de "L'inframón" - Masteatro
L'inframón

Crítica de “L’inframón”

Las alertas ante la virtualización de la vida son cada vez más recurrentes no solo en filosofía, sino también en la literatura, el audiovisual y el teatro. Parece indudable que el progreso tecnológico es el futuro. Lo que ya no queda tan claro es hasta qué punto este avance sea beneficioso para la sociedad.

Juan Carlos Martel Bayod, que sigue con la tendencia de dirigir espectáculos de autores contemporáneos y que ya se encargó en el Lliure de montajes como  L’espera (2011) y Joc de Miralls (2015), se pone al frente en esta ocasión de un aclamado texto de la dramaturga americana Jennifer Haley. En él, la autora plantea un universo distópico en el que internet ha sido sustituido por una tecnología que va más allá: l’inframón, una realidad virtual que permite no solamente la interactuación a través de imágenes, sino una inmersión virtual de los cinco sentidos.

 En un contexto en el que las sensaciones inducidas están llegando a suplantar las reales,  una joven detective interpretada por Mar Ulldemolins se dedica a investigar al señor Sims, Papa en la vida virtual (Andreu Benito). Este respetable juez ha sabido confeccionar en l’Inframón un espacio sin reglas, en el que cada día se mata, se tortura y se abusa de niños virtuales. Un lugar en el que dejarse ir al placer sin ataduras ni sentimientos y en el que solo las sensaciones y la libertad tienen cabida. Lo que a priori calificamos como atroz, pronto nos enciende la chispa de la duda. Papa se presenta como un hombre psicológicamente enfermo, inocente dado que sus acciones no ocurren en la realidad.  “He encontrado un lugar en el que ser yo mismo sin hacer daño a nadie”, dice en su defensa.

Como en un partido de tenis, seguimos con atención los razonamientos de uno y otro personaje cambiando de bando en cada parlamento, con  una sensación final de confusión que nos llevaremos a casa para intentar sacar nuestras propias conclusiones. ¿Hasta qué punto es real el mundo virtual? ¿Debe controlarse algo que no existe de forma tangible? ¿Puede la imaginación ser juzgada o limitada? Quizá lo que más nos sobrecoge es pensar que las imágenes que tanto nos repugnan no están tan alejadas de la realidad. No hace falta buscar mucho para encontrar en nuestra realidad videojuegos cuyo objetivo es matar, disparar o atropellar.

Es precisamente el Teatre Lliure, en su presentación de temporada, el que nos sorprendió con un proyecto extranjero que llegará en abril y cuyo principal interés radica en que está interpretado por niños. Lo que vemos en l’Inframón es que no solamente  los proyectos internacionales pueden dar ese paso: La actuación de una pequeña gran Gala Marqués (quien se turna el papel con Carla Schilt) nada tiene que envidiar a la de los actores adultos. Con apariencia de muñeca de porcelana, la pequeña Iris nos produce un sentimiento incómodo entre la ternura y la incomodidad, entre la vitalidad y el sadismo.

Respecto a la puesta en escena, ésta se alterna a través de los dos mundos en los que ocurre la trama. Por un lado, una comisaría tan cerrada, pobre y grisácea como el mundo real al que pertenece. Por otro, la casa victoriana del mundo ¿irreal? decorada con iluminación colorida y atractivas antiguallas. Como transición entre uno y otro mundo, proyecciones audiovisuales de avanzada tecnología creadas por Joan Rodón.

Como thriller, la obra resulta bastante previsible. Lo interesante en ella es el contexto y las preguntas que plantea. No es extraño que se oyeran público que se removía en sus asientos y que reaccionaba con incredulidad ante los giros. Sin ser nada explícita, la función es intelectualmente dura e incómoda, y hay que acudir a ella con una cierta predisposición a lo que ofrece. Si así lo hacemos, podremos encontrar una potente experiencia real-virtual. Y es que ¿acaso ver una obra de teatro no es también una inmersión en un mundo ficticio en el que todo debería estar permitido?

L’inframón de Jennifer Haley

Dirigido por Juan Carlos Martel Bayod

Interpretada por Andreu Benito, Mar Ulldemolins, Joan Carreras, Víctor Pi y Gala Marqués / Carla Schilt.

Teatre Lliure de Gràcia, del 21 de setiembre al 16 de octubre.

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