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Crítica de Limbo - Masteatro

Crítica de Limbo

Hay que hablar de personas, de hombres y de mujeres, de sexos y de individuos y de una sociedad que etiqueta. Hay que hablar de unos seres que luchan para que se les reconozcan sus sentimientos, su voluntad. Son personas que nacen siendo algo con lo que no se sienten cómodos, en cuerpos equivocados. Y no es un capricho, no es una afrenta a la sociedad ni a los padres, es una sensación profunda, inamovible. Yo no soy quien quisiera ser.  O si lo soy, siento que mi cuerpo no es el que debería ser. O si lo es, mi personalidad no se muestra acorde con lo que los demás esperan de mi sexo. Estas reflexiones y muchas más se plantean en la nueva propuesta escénica que L’Era de les Impuxibles presenta en el Teatre Gaudí bajo el título de Limbo.

La compañía que el año pasado ya sorprendió con (A)Murs se aventura ahora a crear un espectáculo que habla sobre la transexualidad. Bajo las mismas coordenadas de sus obras precedentes, unen teatro, danza y música para componer una pieza que cuenta la historia de Berta que está transitando hacia Albert. Este hombre, esta mujer, esta persona se encuentra atrapada en el limbo, ese sitio en medio de nada, en un punto donde no te dejan avanzar, ni puedes retroceder, el aeropuerto. No le dejan embarcar por la confusión que genera su DNI. Viaja para que un doctor le haga la vasectomía anhelada. Es la excusa para que este chico eche la vista atrás y se repregunte por enésima vez sobre su decisión y sus pasos a seguir. El diálogo consigo mismo lo hace con su otra parte, su yo femenino, proyectado en un televisor, quien le increpa que se quiera desprender de ella, así como le interroga sobre su decisión y sus motivos. Al mismo tiempo va recordando momentos de su vida, des de la infancia donde refleja la incomprensión de sus progenitores con sus deseos y sentimientos a la actualidad en la que gracias a Internet puede compartir sus confusiones y coger valor para dar el paso.

La génesis de la historia viene de un encuentro fortuito de la compositor y pianista Clara Peya con una antigua amiga que entonces resultaba ser un amigo y de cómo le impactó ese cambio. Ahí se encendió entonces un destello para investigar, para crear algo que explicara el proceso interno que vive una persona en transformación. El primer paso fue pedir a Miguel Missé y Pol Galofré que anotaran apuntes, frases, reflexiones sobre sus experiencia personales como transexuales. Con este material contactaron con el dramaturgo Marc Rosich quien armó la historia y escribió las canciones uniendo los retales de Missé y Galofré para coser un vestido para la actriz Mariona Castillo, quien hace un trabajo vocal excepcional (su tesitura vocal la adapta al registro más varonil, sin caricaturizar ni sin perder su dulzura). Pero la historia no la crea solo el texto hablado y cantado. La danza es protagonista a través de las coreografías de las bailarinas Tatiana Monells y Ariadna Peya, quienes crean imágenes muy bellas, metáforas en movimiento tanto de sus confusiones mentales como de los envites de la sociedad que Albert tiene que sortear (la secuencia en que Monells se va vendando la cabeza y el torso con una vena atada a la pata del piano es fantástica). Pero tanto para la danza como para el canto se necesita una música y para esto está Clara Peya. La pianista crea una composición sui géneris a medio camino entre el free jazz y la música de cámara, pero usando distintas cadencias rítmicas creadas tanto por su piano, con el cual le saca todas las sonoridades posibles, como por efectos generados por su ordenador para mostrar agresividad, nervisosismo, tensión o reflexión y sosiego.

Tránsito, suspenso, suspense. Palabras que se juntan con voz y movimiento para explicar una historia que es la historia de muchos transexuales, aunque en el fondo al final de lo que se habla es de un caso en particular, de una persona, de un caso. Tampoco en esto hay que agruparlo en un colectivo, de aquí a la categorización, a los tópicos y a las etiquetas. Buena lección, sin moralismos ni dogmatismos, de l’Era de les Impuxibles, que maduran en cada espectáculo a través de la implicación en temas sociales marginales.

Limbo de l’Era de les Impuxibles.

Dramaturgia de Marc Rosich.

Dirigida por Clara Peya y Miriam Escurriola.

Interpretada por Mariona Castillo, Tatiana Monells, Ariadna Peya y Clara Peya.

Drama musical sobre la transexualidad.

Hasta el 1 de marzo en el Teatre Gaudí.

 

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