Crítica de 'Lilith, Adán y Eva o la rebelión del edén' - Masteatro

Crítica de ‘Lilith, Adán y Eva o la rebelión del edén’

Lilith, Adán y Eva o la rebelión del edén. Síntesis Producciones. Autor: Antonio Hernández Centeno. Idea original y Dirección: Javier Ossorio. Reparto: Asunción Sanz, Íñigo Núñez, Mercedes Bernal, Idilio Cardoso (voz). Escenografía: Gonzalo Narbona. Música: Santiago Martíñez. Sala: La Fundición. Fecha: 3 de marzo. Aforo: Lleno.


UN CATECISMO, UN SERMON Y UNA MANZANA.

por carlos herrera carmona

Parece ser que nos guste o no, Dios pretende estar en todas partes, y que como bien airea Asunción Sanz, actriz que encarna el personaje de Lilith «no nos lo podemos quitar de encima». Así que esta noche la voz del Dios de nuestra infancia a lo Cuéntame y los infortunios, enredos y procacidades de sus tres criaturas -Adán, Eva y la anterior- han hecho su aparición divina en la Sala La Fundición de Sevilla como el que no quiere la cosa.

Al comienzo la pieza plantea, con pretensiones a lo Woody Allen, acercarnos al Génesis como si de una sit-com se tratase. Y de hecho, arranca animosa, vivace. Réplicas chisposas, eslóganes feministas algo mordaces los cuales siempre son de agradecer y una provocación cándida a la hora de tratar, sobre todo, el cómo, el cuándo y el por qué del coito en el Edén. Dios aún aguarda.

Lo inquietante surge cuando la obra echa a andar y Dios entra en acción: lo que podía haber derivado en una farsa adulta, en un toma y daca metido en lodo entre la primera mujer en la historia, Lilith, y la segunda, Eva; lo que podía haberse convertido en un enredo a lo Billy Wilder con un Adán dulcemente apelelado y/o apaleado que podía haber suscitado mucha más empatía y mucha más ternura, el montaje se nos revuelve y deriva hasta rezumar doctrina eclesiástica por los poros a fin de que un contundente catecismo se abra de par en par sobre el escenario.

Ya sabemos lo del dies irae, ya sabemos que Nuestro Padre es miope y que no soporta llevar gafas, ya sabemos que quien nos creó y nos castigó logra en el Nuevo Testamento un lavado de imagen reluciente y prácticamente llega a convencer de nuevo a media humanidad, sin embargo no veo la necesidad de que me lo expliquen citándome textualmente las Sagradas Escrituras cada dos por tres y el corpus mitológico hebraico etc.

No habría estado nada mal que el director (o el autor…) hubiera regalado a su puesta en escena un guiño al legendario árbol beckettiano sobre una estepa baldía y así la sensación de desamparo de los tres personajes hubiera quedado más acentuada que con un telón de fondo pintado y un tronco de plástico iluminado (?).

Por eso me quedaré con la chispa que me sorprendió al comienzo, con la verbigracia y ritmo actoral, con la serpiente/femme fatale de Lilith quien, exitosa, se contonea por el Edén como Pedro por su casa y que corrompe a una Eva como quien está en un bulevar tomando té con pastas. Por eso me quedaré, sin duda, con la delicada Mercedes Bernal (Eva) que parece que anda por allí como por arte de magia -¿acaso no nace de una costilla…? Y por último me quedaré con la candidez exacta de Adán, por cómo se deja llevar por ambas féminas como si Dios ya le hubiera desterrado de antemano, por el vaivén acertado de este actor que sabe cómo llevarnos del instante más burlón al más tierno instante.

Parece ser que el año ha comenzado en las tablas hispalenses oliendo a sermón. Tras los 7 pecados capitales de Producciones Imperdibles que nos recordaban que seguimos pecando mucho mucho mucho y que no tenemos remedio ni salvación, ahora le toca el turno a Hernández Centeno  quien nos remacha la idea a la inversa y añade que el más malo de los malos de este largometraje que es la vida es precisamente el que nos «creó» (?). Moraleja según el autor: mejor haber canjeado la dichosa manzana por el libre albedrío: hemos salido ganando.

¿Y ahora que hago yo con los 7 pecados capitales que vi en el Central? Sólo falta Estrella sublime de la Cía. Bastarda Española de nuevo en Sevilla y ya tenemos el retablo completo…

Para concluir diré que gracias a Dios -¿puedo?- que allí estaban Asunción Sanz, Iñigo Nuñez y Mercedes Bernal para librar a la dramaturgia de Centeno y a nosotros de mal. Amén.

 

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