Crítica de L'hostelera - Masteatro
L'hostalera

Crítica de L’hostelera

La Perla 29 lleva 15 años ofreciendo gratas experiencias teatrales, empezando como algo pequeño, pero con un pulso firme y afianzándose ahora como la gran compañía teatral catalana que satisface los teatreros más exigentes. Con la simpatía de las Instituciones por su buen hacer, se les concedió la explotación de la Biblioteca de Catalunya, un espacio que proyecto tras proyecto lo transforman, exprimiendo todas las posibilidades escénicas y así poder integrar el público en espacios muy diferentes uno tras otro. No hay espacio en Barcelona que permita esta continua transformación. Pero con L’hostalera de Carlo Goldoni dan un paso más. La integración del público en la obra es total. Desde que el espectador pone un pie en la arena de la Biblioteca de Catalunya está entrando en el restaurante de Mirandolina, esta matrona que ha heredado el hostal de sus padres. Pero no sólo entra en un espacio, sino en un tiempo, aquellos ’60 en que Adriano Celentano, Fred Buscaglione o Carlo Savina inundaban las radios italianas con los ritmos sincopados del rock, el jazz o el swing y donde uno puede ver recortes de revistas de la época con fotografías de las estrellas de entonces en technicolor. Mesas redondas de mantel a cuadros, vino tinto en botella y macarrones con ragú vegetal a la media parte. La esencia italiana que Fellini supo retratar tan bien y la cual La Perla 29 tiene cierta predilección en mostrar en sus numerosas adaptaciones.

L’hostalera (La locandiera, 1750) de Carlo Goldoni no deja de ser otro texto más dentro de la tradición teatral de la comedia de enredos, la comedia que retrata la guerra de sexos, pero aquí Pau Carrió introduce sus personajes en los ’60 donde la vitalidad italiana estaba en su máximo apogeo. Para construir la historia el director ha reunido un elenco de jóvenes actores consagrados y con algunos de ellos ya había trabajado anteriormente. Cabe decir que todos ellos son grandes comediantes, desde sus personajes principales, Laura Aubert i David Verdaguer hasta los secundarios de peso como los pretendientes Marc Rodríguez, Javier Beltrán o Jordi Oriol, como las dos actrices cómicas recién llegadas interpretadas por Júlia Barceló o Alba Pujol. Pero aún hacer un buen trabajo, hay un problema de casting. Laura Aubert, una mujer con un bufón dentro tal como demostró en Nit de Reis, no es creíble como la sugerente y seductora matrona que debe derribar el muro del caballero de Riprafratta. Es una cuestión de físico, de voz, de movimientos. El personaje, aunque Carrió haga decir por boca de uno de sus aduladores “que es seductora, aunque no sea muy agraciada”, pide a gritos que le interprete una mujer con carne, una maggioratta como bien podría ser Clara Segura. Pero es que la Segura, ahora en La Treva, no puede estar en todos los lados. De esta manera esta Mirandolina, aun manteniendo a raya todos los hombres con sus armas de mujer, no nos seduce al resto de los espectadores. Otra cosa es David Verdaguer. Estos caballeros que van de la hombría, de la altanería al desarme y la humillación absoluta le quedan como un guante al bigotudo actor. Ya se encargó de un personaje similar en otra comedia de sexos, Molt soroll per no res, y ahora borda ese escritor italiano de tintes misóginos que termina cayendo en el engaño de la hostelera. Como pretendientes están el camarero Fabrizzio (Jordi Oriol), el conde de Albafiorita (Marc Rodríguez) y el Marqués de Forlipopoli (Javier Beltrán). Este último hace un trabajo brillante, una composición caricaturizada de un marqués español, de maneras aristocráticas, con esta habla señorial, con este porte recto, como si estuviera recreando el difunto marqués y actor José Luís de Vilallonga. Sin duda la composición de personaje que, tanto sea por el director como por el propio actor, funciona mejor para la historia.

Pero volvemos al envoltorio. Así como hay que alabar la puesta en escena y el trabajo de escenografía del propio Carrió y Sebastiá Brossa, hay que aplaudir las interpretaciones musicales que acompañan la historia sea como acto de presentación, en el concierto del intermedio para acompañar los deliciosos macarrones o para finalizar cantando con el público el Mamma Mia de Loiue Prima. Todas canciones italianas tocadas y cantadas por los actores o el regidor Marc Serra. Para un servidor es un auténtico piacere italiano ver a David Verdaguer cantar con estos andares el Non esiste l’amor de Adriano Celentano. Italia vuelve a la Biblioteca de Catalunya gracias a una entretenida comedia. Un plato cocinado con todas las esencias de la Italia de los ’60 y, como los macarrones, con un punto picante y agrio al final. Pero la pasta está al dente, aunque algunos ingredientes podrían estar mejor combinados. 

L’hostelera de Carlo Goldoni. 

Dirigida y adaptada por Pau Carrió. 

Interpretada por Laura Aubert, David Verdaguer, Júlia Barceló, Javier Beltrán, Jordi Oriol, Marc Rodríguez y Alba Pujol.

Comedia italiana con esencia de los ’60.

Hasta el 26 de febrero en la Biblioteca de Catalunya:

 

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