Crítica de L'espera - Masteatro
L'espera

Crítica de L’espera

L'espera

Esperan con camisones o con miriñaque la condesita y vestido de campesina la sirvienta, comen, zurcen remiendos de sus vestidos, y hasta la señorita tiene tiempo de expresar su desdicha en un diario que mantiene oculto a los ojos de su ama. Les sobra el tiempo, un tiempo que no han querido para estos menesteres pero que les es impuesto y lo deciden aprovechar tanto cuando pueden. Cornelia es una condesita castigada y enclaustrada en su habitación por estar embarazada de un hombre que no era quien le tenía que desflorecer, un Giacomo Casanova testimonial que sirve para contextualizar aún más la historia en el territorio y el momento histórico. Rosa es una sirvienta, una mujer que vive por obedecer órdenes des de toda su vida y el último mandamiento que cumplir es el de cuidar, atender y custodiar a la susodicha condesa. Así estas dos extrañas se ven obligadas a vivir una con la otra, y claro como toda relación desigual al principio todo son aristas y reproches, pero a medida que el tiempo va pasando las diferencias se diluyen y la convivencia da paso a la confianza y al aprecio. Eso, y que además, y por eso está ahí, Rosa también espera un hijo… también ilegítimo. Dos embarazadas que viven su embarazo y todos sus miedos (de aquella época y de esta) al mismo tiempo que se conocen, se vacían y se entregan una a la otra. Total, no tienen otra mejor que hacer mientras esperan el desenlace.

L’espera és un texto de Remo Binosi, una historia maravillosa, tratada con mucha sensibilidad hacia sus tres mujeres protagonistas y a que muchos y muchas les ha sorprendido viniendo de un hombre y no una mujer. Pero la clave está al descubrir según palabras del propio autor que la idea del relato fue a partir de ver como su mujer embarazada se relacionaba con otras amigas de manera diferente, en un torrente de energía comunicativa donde se tejía con ellas una red de complicidades que a él como hombre se le escapaban. Así pues esta obra, protagonizada por Cornelia, la condesita, Rosa, la sirvienta y la Ama, habla de unas mujeres castigadas por sus roles sociales, pero sobre todo por sus roles sexuales. Es una bellísima historia donde, en palabras del autor, estas tres mujeres viven en este infierno (yo tiraría más hacia el purgatorio) donde hacen aquello que no desean hacer y son aquellas que no desean ser, pero en la complicidad de sus desdichas y en medio de este torrente de comunicación que emana des de sus vientres hinchados se descubren como algo más que la señora y su sirvienta, algo más que dos amigas. Pero el amor es un sentimiento tan grande y complejo que nunca se vive de igual forma entre los afectados. Así este desequilibrio, esta confusión acaba provocando un final trágico e inesperado.

Un buen texto siempre necesita de unos actores competentes i bien que los tiene L’espera. Marta Marco ofrece un personaje tierno, reconocido, una desgraciada condesita, una niña pija que no soporta su situación y aún menos la burda  y contestona sirvienta que le han asignado. Es más el ultraje de haber de aguantar a esta campesina que el de haber sido desvirgada y preñada por un sinvergüenza. Pero esta niña pija al final ve en esta mujer una aliada, una amiga con quien pasar los ratos de aburrimiento. Pero la evolución va más allá cuando abriendo su corazón decide entregarse a ella. Buen trabajo el de Marco, con una carrera de altibajos, pero que con este personaje vuelve a emplearse a fondo para sacar el sentimiento verdadero que requiere su condesita. Al otro lado de la balanza se mantiene en pie firma Clara Segura, una actriz de enorme talento. Segura ha manifestado en teatro y en televisión, su enorme vis cómica. Pero además es una actriz entregadísima a los personajes más dramáticos, habiéndose partido la cara por Electra, Medea y otras mujeres de armas tomar. Y con esta, como siempre, vislumbra. Chillona, descarada y divertida al principio, apasionada, cariñosa y apaciguada al final. Clara Segura es un portento. Al igual que lo es Isabel Rocatti, una actriz de raza igual que lo es su Ama, esta mujer que se cuida especialmente de los cuidados de la Condesita para que, a pesar de su pecado original, no se vuelva a torcer en su camino de doncella. Una mujer abnegada, hastiada de representar su papel, pero convencida de que no le toca otra. Rocatti, con su moño de institutriz,  aflige un carácter único al personaje: no es cruel, pero tampoco es condescendiente; tutela y no cede a los posibles chantajes de la condesita. La reclusión es la salvación, aunque para ella también sea un castigo severo. Un buen papel para Rocatti, quien acostumbrados a una imagen más dulce de ella des de una serie de televisión nos sorprende con la autoridad y su alta presencia.

Por otro lado queda hablar del equipo técnico. La adaptación y dirección de Juan Carlos Martel Bayod es mesurada, desprovista del halo trágico en el cual acabará cayendo. La puesta en escena es simple, no hay grandes muebles, ni grandes ornamentos, sólo una mesita, un par de sillas, una cama grande de estilo clásico y unos grande ventanales cubiertos por unas cortinas que se abren y se cierran dando o quitando aire al drama de las tres mujeres. Y también cabe apuntar ese vestuario tan preciso, tan elegante y tan bien conservado.

Con este texto, el teatro más contemporáneo no olvida los grandes dramas clásicos e históricos. Felicidades al autor Remo Binosi y a los que han cogido el texto por los cuernos des del Lliure y nos han brindado L’espera con muy buen gusto. Con estas obras, vale la pena esperar a ver buen teatro.

FICHA ARTÍSTICA:
L’espera de Remo Binosi.
Dirigida y adaptada por Juan Carlos Martel Bayod.
Interpretada por Marta Marco, Clara Segura e Isabel Rocatti.
Con escenografía y vestuario de Jordi Roig.

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