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Crítica de L'Empestat - Masteatro

Crítica de L’Empestat

¿Qué cabe en Shakespeare? ¡Todo! Incluso Camus; incluso un piano lleno de agua; incluso una lluvia de agua; y otra de palabras. Shakespeare es como el cerdo, de él se aprovecha todo. Esta frase de Xavier Albertí describe de forma exacta el origen de la (per)versión de Jordi Oriol cuando en 2007 presentó, junto con el colectivo IndiGest, La Caiguda d’Amlet (posteriormente readaptada como La caiguda de l’ac). A partir del texto de Hamlet, el autor y director filtra la esencia del personaje y recrea un monólogo mezclándolo con el existencialismo de La Caída de Camus. Ahora repite la jugada con L’empestat, donde dos personajes, dos locos, aislados de todos, e infectados por una enfermedad de verbo torrencial, tratan de entender el porqué de su existencia y su presencia en aquel recóndito paraje, donde no para de llover. Esta extraña historia viene definida en este caso por La tempestad y por La peste. Otra vez otra (per)versión de Shakespeare y Camus. Una joya para espectadores con las orejas bien abiertas y la cabeza bien despejada que recala en La Seca dentro del Grec’16.

En el escenario un piano, un pianista (Carles Pedragosa) y un actor (Jordi Oriol). Y una lluvia incesante, fina, caladora. Son Iván y Gabriel (sosías de Calibán y Ariel, personajes de La tempestad), y se ensartan en una conversación entre palabra y música, donde uno al principio no sabe muy bien de qué hablan (el discurso narrativo y el conflicto se esboza a lo largo de todas las reflexiones), pero sí que entiende el cómo. Y es que Oriol, en figura de dramaturgo, se revela como un estudioso tanto de Shakespeare como de Camus, para coger una parte de la esencia, común en las dos obras referentes, el aislamiento y la enfermedad, y redactar un texto donde va filtrando referencias a las dos obras a través de un juego de palabras intenso, un auténtico torrente que el actor escupe dando forma a un loco que utiliza su lírica juguetona para denunciar a Dios, para criticar la humanidad, para lanzar infinitos versos existencialistas.

Por otro lado, hay que alabar la puesta en escena, simple pero arrolladora: una tarima con un piano encima y una fina lluvia incesante para aislar aún más los personajes. Y los dos intérpretes, tocan el piano, se lanzan dentro de la piscina formada en el interior de éste, se esconden debajo de él. Es muy divertido ver como resbalan, como amoldan las palabras y los gruñidos al ritmo de esta lluvia. La energía de su actuación no decae nunca, feroz y salvaje, y eso que tienen que lidiar, sobre todo Oriol, con unos movimientos muy marcados, medidos para evitar cualquier resbalón.

Considerando que los proyectos de Oriol y del colectivo IndiGest siempre tienden a tener este punto lúdico y metalingüístico, uno se pregunta hasta dónde pueden llevar esta fórmula. ¿Qué otras (per)versiones pueden hacer? Sea del bardo inglés o del existencialista francés, o de cualquier otro autor. ¿Con qué puesta de escena van a acompañar los próximos versos e impactar al espectador? ¿Seguirá cerrando sus obras en estructura circular, como un eterno retorno? Estaremos expectantes.

L’empestat de Jordi Oriol

Dirigida por Xavier Albertí

Interpretada por Jordi Oriol y Carles Pedragosa.

Versión sui generis de La tempestad de Shakespeare y La peste de Camus.

Hasta el 24 de julio en La Seca

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