Crítica de 'Las listas', de Julio Wallovits - Masteatro

Crítica de ‘Las listas’, de Julio Wallovits

Imagina un mundo en el que no hay agricultores, ni carniceros, ni panaderos… y en el que todos los habitantes se dedican única y exclusivamente al arte. Ésa es la reflexión que plantea Julio Wallovits (ganador del Goya con ‘Smoking Room’) en su estreno teatral con ‘Las listas’, una tragicomedia de pequeño formato que ya arrancó aplausos y buenas críticas en el marco del Grec 2009.

En este universo creado por Wallovits, los panaderos se dedican a la fotografía; los carniceros, al cine… y hasta los supermercados se han convertido en galerías de arte. Ya no queda nadie que trabaje para conseguir el alimento, por lo que la sociedad se ha condenado a sí misma a morir de inanición. Sobre las tablas, un escritor y un pintor –que a duras penas han conseguido culminar un par de relatos y dos cuadros– repasan a lo largo de toda la obra los alimentos que aún conservan y los que ya se han agotado, un juego trágico en esencia, pero que en ‘Las listas’ adquiere un cariz cómico y casi absurdo, muy enraizado con el lenguaje beckettiano.

En un ambiente minimalista y con una escenografía sobria, en la que destacan una mesa destartalada y algunos cuadros raídos, Francesc Garrido y Gonzalo Cunill –ambos a muy buen nivel– entablan un inteligente diálogo acerca de la “democratización” del arte en una sociedad en la que cada vez hay más artistas, pero donde el talento brilla por su ausencia. A lo largo de toda la obra se escuchan lamentos por el fin de la poesía, de la buena música o de los pintores de calidad, un hecho que contrasta con los aires de exquisitez de los dos artistas que se presentan sobre el escenario. Pero de este texto se puede extraer otra reflexión, ¿debe vivir el artista al margen de la realidad para centrarse en su obra o, por el contrario, es más enriquecedor emplear esa tensión de la vida real para potenciar la actividad creadora? Esa segunda opción la personaliza el tercer personaje en llegar a escena, el último agricultor (interpretado por Pep Cortés), la única persona capaz de proveer de alimentos a la población. Pero este recién llegado esconde una preocupante sorpresa: es uno de los mejores poetas que aún existen, aunque él no es consciente de su calidad literaria. Ante esa tesitura, el escritor y el pintor sufren una importante disputa moral, ya que animarlo a continuar su carrera como poeta pondría en peligro el sustento del resto de la sociedad.

‘Las listas’ es una obra sin alardes técnicos, sin grandes pretensiones más allá del teatro puro, sin concesiones: actor y público entran en sintonía gracias a un texto inteligente y a grandes dotes interpretativas, sin añadidos. Casi hora y media para disfrutar de una obra trabajada con exquisitez y que deja el regusto de las cosas bien hechas.

Público, actor, texto… teatro.

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