Crítica de La venganza de Don Mendo - Masteatro

Crítica de La venganza de Don Mendo

Enfrentarse a un texto con tanto arraigo en la tradición teatral española como La venganza de Don Mendo es siempre una empresa arriesgada. Desde su estreno en 1918, han sido innumerables las versiones que han pisado los escenarios, así como incontables los actores de renombre que han encarnado la figura del conocido marqués: Ismael Merlo, Tony Leblanc, Manolo Gómez Bur, Raúl Sender…

En este contexto, parece difícil encontrar un filón nunca antes explorado, un gag no lo suficientemente pulido o una situación no trabajada con maestría. Sin embargo, la dirección de Tricicle siempre promete una visión diferente y peculiar de cualquier obra, por muy conocida y popular que ésta sea. Y aquí vuelven a conseguirlo. Uno de sus integrantes, Paco Mir, ha sido el encargado de esta adaptación, que rescata la esencia del texto de Pedro Muñoz Seca, pero que lo actualiza con bromas mucho más cercanas para un espectador del siglo XXI. Al mismo tiempo, las dos horas y media de duración se han condensado en unos 90 minutos, por lo que es prácticamente imposible encontrar momentos en los que parar de reír.

El dinamismo con el que se suceden los acontecimientos, perfectamente conducidos por los actores, consigue que los cuatro actos se disfruten con una gran intensidad. El comienzo es enérgico, capaz de captar al público desde la subida del telón. A medida que avanza la obra, el ritmo se estabiliza, con buenos momentos de humor, para culminar con una nueva subida que consigue que los espectadores salgan de la sala con una sonrisa.

Dentro de ese elenco de actores cabe destacar la actuación de Javier Veiga, brillante en la piel de Don Mendo, bien con atuendos de noble, villano o trovador. El polifacético actor da un nuevo enfoque a un personaje más que trillado, al que actualiza, acerca y hace creíble. 

Una obra más que recomendable, tanto por la dirección como por la interpretación, para ver con nuevos ojos una de las obras de arte de nuestra comedia.

Hasta el 25 de abril en los Teatros del Canal (Madrid).

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