Crítica de 'La Vampira del raval' - Masteatro
La Vampira del Raval

Crítica de ‘La Vampira del raval’

La Vampira del Raval

Escribir una obra de teatro basada en hechos reales tiene sobretodo una complicación: escoger que es lo más importante de la historia en cuestión, cuales son las partes más relevantes, aquellas que se les puede dar un tratamiento dramatúrgico más profundo. Y no debió ser fácil adaptar esta crónica de unos sucesos trágicos, brutales y esperpénticos. Es el caso de Enriqueta Martí, una señora del raval barcelonés que hace cien años había secuestrado y asesinado a dos niños y que posteriormente fue conocida comola Vampiradel Raval. Así Josep Arias Velasco, el escritor, y Jaume Villanueva, el director, han logrado sacar humor de esta truculenta historia al ritmo del musical cabaretero sin descuidar su ambientación y su rigor histórico.

Se le intuye un trabajo de documentación al dramaturgo muy exhaustivo, pero luego Arias Velasco recoge lo que más le interesa del caso, para con un remiendo de referencias históricas desordenadas, varios despuntes de metateatro y un cosido de personajes extravagantes y descarados formar este teatro de marionetas (algunas reales, otras simbólicas) repleto de canciones. Así en la obra aparecen personajes con nombres reales, con sus profesiones reales y hasta con sus costumbres reales. El subinspector Ribot fue quien detuvo la vampiro, el comisario Millán Astray fue el comisario quien ordenó la detención (y el que años después dijo aquello tan inteligente de “Muera la inteligencia y viva la muerte”), la chafardera Claudina Elías fue la quien dio el soplo, el abogado Vallvé uno de los burgueses que compraron los milagrosos ungüentos de Enriqueta, y así prácticamente con todos los personajes. El autor recrea la historia exacta pero destripando sus personajes, mostrándolos como ciertos estereotipos de aquella época, pues ¿no es un personaje bien conocido la vedette del musical, el subinspector con ínfulas de Sherlock Holmes o el marqués putero?

La Vampirodel Raval es un buen musical, y lo es por tres razones: por su música y sus canciones, por sus intérpretes y sus voces, y por que es suficientemente innovador como para no caer en el anquilosamiento de ciertas superproducciones musicales.

La música la lleva un maestro en esto de crear partituras para musicales, Albert Guinovart. Detrás de este nombre se esconden los libretos de Mar i Cel, Flor de Nit, Gaudí,… o de la banda sonora de una telenovela icónica en Cataluña como fue Nissaga de poder. Y en esta nueva obra, Guinovart recurre a un cuarteto bautizado como la Guinovart Band, formados por un piano (Andreu Gallén, encargado también de la dirección musical), un violín (Víctor Pérez), un clarinete (Víctor Mirallas) y un contrabajo (Francisco Mestre). Así estos músicos interpretan con el toque Guinovart (gran presencia del instrumento de viento y de las cuerdas con un refuerzo del piano) y los actores lanzan sus buenas voces para cantar con brío canciones de corte cabaretero como las divertidas Carrerons de Barcelona y La xafardera o como, para mi la canción del musical, Quines penques!, aunque también hay canciones más oscuras como La vampira del raval (la que cierra la primera parte y a la que, por eso, le pediría más fuerza y que me contara más cosas para mantener el interés en el descanso) o la triste Pobre Pepito.

En el apartado interpretativo destacan Pep Cruz quien sabe dar un aire inocente al subinspector Ribot, un hombre íntegro dedicado al caso y al show como nadie. Él es el que introduce la historia saliendo des de la platea (y lo hará él y el resto repetidamente rompiendo así la cuarta pared) y dirigiéndose al público se muestra como el maestro de ceremonias del cabaret, el que irá narrando la historia al mismo tiempo que resuelve el caso gracias a una simpática vecina. Se trata de Claudina Elías quien tiene el rostro poco femenino de Mingo Ràfols en la sin duda interpretación más divertida. Si La Vampira del Raval se entiende como un cabaret es gracias también a la interpretación de este hombre al que nunca me lo hubiese imaginado haciendo de mujer descocada, seductora, deslenguada y con un sentido de la improvisación innata. Ràfols recoge de Cruz durante algunos momentos el cetro de maestro de ceremonias y se come al público enterito. El resto de elenco ponen todas sus carnes (sobretodo la vampira Mercé Martínez tan voluptuosa, seductora y monstruosa) y sus voces competentemente.

Cabe apuntar otros pequeños intérpretes que no salen en la ficha: las tres marionetas que simbolizan a los niños secuestrados, prostituidos y asesinados por la malvada Enriqueta Martí. Es sin duda esta aportación la que da ese toque innovador a la producción. Esos muñecos pequeños con esas formas tan delicadas, esos rostros tan inocentes y desvalidos son el contrapunto perfecto a la sordidez en que se ven rodeados y son manipulados por la marionetista Valentina Raposo quien canta el “Pobre Papitu” con emoción en la nota discordante (que no disonante) de la partitura.

Así es La Vampira del Raval, trágica y macabra historia tratada con buen humor y buen ritmo y con muy buenas ideas para sorprender al público amante de musicales cansado, a veces, de producciones lineales con argumentos vacuos. El riesgo en este caso se premia y muy bien.  

La Vampira del Raval de Jospe Arias Velasco
Dirigida por Jaume Villanueva
Interpretada por Pep Cruz, Mingo Ràfols, Mercè Martínez, Roger Pera, Jordi Coromina y Valentina Raposo
Música d’Albert Guinovart.
Dirección musical por Andreu Gallén.

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