Crítica de 'La nostra Champions particular' - Masteatro
La nostra Champions particular

Crítica de ‘La nostra Champions particular’

La nostra Champions particular

Nos encontramos en el ecuador del festival Temporada Alta, este certamen que durante tres meses ofrece creaciones escénicas de alto nivel. Este festival referente en el estado español ofrece muy buenos textos y montajes catalanes, españoles y europeos. Pero sobre todo enfoca la lente hacia los textos de creación de los nuevos valores dramaturgos de Cataluña. Y lo hace con un juego genial, un gran reto para los grandes escritores de estos lugares. En el Temporada Alta des del año pasado se celebra el Torneig de Dramaturgia Catalana, un torneo donde los autores se enfrentan por eliminatorias mediante textos nuevos, nunca antes representados. Igual que si fuera un combate de boxeo, los autores se enfrentan mediante la lectura de sus obras por parte de dos intérpretes y son los asistentes quienes, mediante sus aplausos, van dando su veredicto. Ahora ya van por las semifinales y seguro que el ganador tendrá muchas posibilidades de representar su obra. O quizás el finalista. Porque así ha pasado con el texto finalista del año pasado, La nostra champions particular de Cristina Clemente. Esta magnífica pieza, retrato de una vida de pareja, es un texto brillante, fácil, muy bien construido e ideal para un torneo como este. Y para ser representado en cualquier espacio, en cualquier escenario sin prácticamente ningún decorado, como hacen el Teatre Gaudí.  

Este texto protagonizado con brillo por Alícia Puertas (Aina) y Santi Ricart (Bernat) empieza con los dos preguntándose si se ven con un hijo en brazos. Todas estas dudas responden a una presión social y a la llamada de la paternidad. Pero tienen que sospesar la decisión pues tendrán que prescindir de muchas de las cosas que les gustan, sobretodo los espectáculos deportivos (el Barça por encima de todo). Pero la vida se da paso y empieza el partido, a ritmo picado, donde los hechos y las anécdotas marcan los años que pasan rápidamente con los hijos, los abuelos y hasta el perro. Es su partido, su Champions particular.

La metáfora juega un papel relevante en este texto, des del título hasta una que habla de un salto olímpico de trampolín y que estructura todo el relato. Son juegos lingüísticos referidos a los deportes principalmente para reforzar lo que les une, la característica que más define a esta pareja. La autora logra con estas metáforas apuntalar el costumbrismo que impregna toda la obra que se mueve en pequeñas anécdotas que funcionan como gags, episodios de una vida por recordar.

Cristina Clemente seguro que se lo pasó en grande al escribir este texto. Como ejercicio dramatúrgico debe ser una gozada: imaginar el propio futuro de uno, imaginarse la sociedad, tal como la entendemos ahora, en un futuro no muy lejano. Así Clemente dibuja un tiempo donde toda la sanidad y la educación están privatizadas, marca un año para el final de la Sagrada Familia y muchas otros posibles paisajes sociales y políticos que parece que ahora se están esbozando. Todos estos detalles se entrelazan en el día a día de la familia de esta, a pesar de todo, feliz pareja.

La narración de la historia está hecha a partir de anécdotas que marcan el devenir de una vida, en clave costumbrista y logra así la identificación de los personajes y de ciertas situaciones cuotidianas por parte del espectador. Así llega la risa. La gente se ríe de estas situaciones al reconocerse, y aunque en el futuro ocurran cosas tan raras como que los niños vistan túnicas y sus vidas estén regladas por unos Manuales de Felicidad, al final también lloran cuando la pérdida les azota. Y des de la comedia Clemente logra enternecernos. Porque la vida es nacimiento y muerte y en medio bien puede haber muchos dramas pero cuando están vividos (contados) con tanto amor y tantas ganas de superación, el resultado final puede llegar a enturbiar la vista.

¿Y cómo se cuenta toda una vida? ¿Cómo se marcan los escenarios, los personajes? Mediante objetos en miniatura que funcionan también como metáforas de los personajes: los carritos para hablar de los bebés, la silla de rueda para hablar de los abuelos, el sofá moderno que termina viejo y andrajoso o la lavadora ruidosa. Juguetes al servicio de una historia minimalista pero tratada con una ternura llena de complicidades con el espectador y que concilian a uno con la llamada de la paternidad. Por lo que se ve la autora estaba embarazada en el momento de la gestación del texto. Ya dicen, y disculpen el tópico, que las mujeres embarazadas gozan de una sensibilidad extrema. Con esta Champions lo confirmamos.

La nostra Champions particular de Cristina Clemente.
Dirigida por Cristina Clemente.
Interpretada por Alícia Puertas y Santi Ricart.
Escenografía por Albert Puertas.
Comedia tierna sobre la paternidad.
En el Teatre Gaudí hasta el 2 de diciembre.

 

 

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