Crítica de 'La flor del ajo' - Masteatro
La flor del ajo

Crítica de ‘La flor del ajo’

El espacio Labruc, sito en el madrileño barrio de Malasaña, acogió entre los días 11 al 27 de septiembre el [in]estables labruc festival, dentro del cual pudimos presenciar una performance de la actriz Fátima Cué. Esta sala, con poco menos de un año de andadura, está revitalizando la cultura artística en su vertiente más experimental, apostando por la creación y experimentación contemporáneas, aquella que las grandes salas no se atreven habitualmente a programar. Ya sólo por esto el espacio merecería su mérito, pero lo obtuvo doblemente después de presenciar el trabajo de la actriz programada: Fatima Cué. Un trabajo honesto y atrevido, a la par de desgarrado y profundo.

La performance, de casi una hora de duración, nos transportó al territorio difícilmente explorable de los Estados No Ordinarios de Conciencia (ENOCs), permitiéndonos presenciar como espectadores asombrados el proceso por el cual una actriz se coloca a sí misma ante el inconsciente arquetípico de las vivencias perinatales. Con la solo compañía de un traje semejante al de una novia y una cuerda anudada a la cintura, la actriz se paseó por las memorias arcaicas vinculadas a la reminiscencia de nuestra atadura al cordón umbilical materno, ese último vestigio vivo y material de nuestra pertenencia originaria a otro ser humano fundante. La actriz atravesó a lo largo de su trabajo por hondas emociones de arraigo y lucha por la autonomía, de ira y vulnerabilidad, hasta que pudo “deshacer el nudo”, salvar el espacio hacia la constitución de la propia identidad desde la materia originaria que nos conforma. Después del trabajo heroico desplegado manifestaba su liberación a través de la incorporación de pequeños elementos escénicos notablemente introducidos: la cuerda ya convertida a su vez en bebé (el que uno fue, el propio…), un pequeño pájaro de madera, una canción repetida en la distancia, llanto gozoso que se alcanza tras recorrer con éxito el territorio de las sombras… El trabajo de Fátima Cué fue delicado a la vez que intenso, una exhibición de talento artístico volcado en la expresión de lo liminar. Experimentación en estado puro.

La perfomance que vimos forma parte de un work in progress que la actriz viene realizando en la última época y que describe de la siguiente manera:

Soy una gran cabeza de ajo. Y me propongo ir desmenuzándome, ir sacando diente tras diente para dejar que la flor brote hacia el universo, fuerte y hermosa (…). Cuando la flor del ajo comienza a brotar, suele cortarse, para que la energía de la planta se concentre en las profundidades y así la cabeza sea más voluminosa.Y yo, me doy cuenta que constantemente me he ido cortando ese brote. Y esa energía se ha ido canalizando hacia las profundidades de mi ser.”

Fátima Cué forma parte del colectivo Stavibo Artes Transescénicas, un colectivo que busca la plasmación en lo escénico de procesos de transformación personal a través de la toma de consciencia y desde una concepción del proceso como caótico y disipativo. Una pequeña revolución teatral que plasma a la perfección los profundos cambios de nuestro mundo actual. Nos quedamos en vilo hasta que podamos ver un nuevo trabajo del colectivo y sólo nos queda el mal sabor de boca de saber que este tipo de trabajos llegan a una muy escasa minoría cuando representan lo más innovador de nuestro panorama escénico nacional. Ojalá el público español empiece a apostar por ellos y estas pequeñas salas y se atreva a dejarse sorprender.

Galería de fotos de La flor del ajo.

Fotografías realizadas por Zdenek-Tusek

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *