Crítica de 'La festa de les cadires' - Masteatro

Crítica de ‘La festa de les cadires’

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Para ir a una fiesta lo que realmente se necesita es una buena actitud, muchas ganas de divertirse. uno puede traer disfraces, un pastel o un buen catálogo de chistes para amenizar la velada, preo lo único imprescindible es el ánimo y la sonrisa. Y una silla. O al menos eso es lo que cuatro hombres leen en la invitación que reciben cada uno para asistir a una fiesta del cual desconocen a su anfitrión. Pero a una fiesta nunca se le dice que no, verdad? Ni que sea por curiosidad. Esta es la historia que Roger Torns nos cuenta en La festa de les cadires con la compañía Els Impertèrrits. Esta se ha representado durante tres días en el Teatre Jove Regina, una de las obras incluidas en el Projecte ART (Aparador de Recerca Teatral) en el que se presentan siete proyectos en siete semanas para lograr el premio de una programación más duradera el próximo año en el mismo Regina.

En el escenario se nos presentan primero dos personajes, uno viene cargando con un sillón, el otro con una silla plegable. El primero en llegar se encuentra una carta que le pide que por ser el primero se haga pasar por el anfitrión. El segundo en llegar se lo cree, pero la broma dura poco, a lo mejor se hubiese podido alargar un poco más la confusión. Con el segundo asentado, llega el tercero, al cual intentan repetir la broma, y lo mismo con el cuarto. Así con un puff y una silla de bebé para el coche, ya están todos los hombres bien sentados. Detrás de la broma del falso anfitrión queda la duda de quién es realmente el que ha montado toda aquella supuesta fiesta, donde no hay nada ni nadie que presagie que allí se tenga que celebrar nada. Así son las cosas, cuatro hombres distintos con sus personalidades bien definidas, con sus problemas y secretos, deben descubrir quién y que los ha empujado a venir.

La situación es absurda y  por ahí tira el autor. Como si fuera una mezcla entre Esperando a Godot de Beckett y El método Gronholm, enfrenta a sus personajes a discusiones, silencios y a un juego de las sillas de varias lecturas simbólicas. Los  personajes, que no se presentan ni sabemos sus nombres en ningún momento, tienen su propia personalidad. Uno es el bromista que se ríe de de todos, pero que se pone gallito si le dicen algo a él; el otro es un tío recto, sin ningún tipo de inventiva, convencional; el tercero, un hippie reflexivo, quien piensa más en las teorías más rebuscadas, creyéndose víctima de un experimento; y el cuarto, el más rico de todos, un pobre ser deprimido, carne de terapeuta, quien a más que nadie le va a ir bien esta fiesta.

El texto está bien mesurado tensando la comedia, creando situaciones incómodas que provocan la risa nerviosa y que dan cuenta del autor de una estima para la parte más cómica del absurdo existencialista. La aparición de un quinto personaje precipita la resolución y el mensaje final trata sobre el abandono del ser humano y de la incomprensión hacia la soledad.

Los actores están en su salsa, destacando Pere Costa, el deprimido, quien controla bien a su personaje sin caer en la caricatura, entre la lástima y la risa. El quinto personaje, interpretado por Pep Ribas, también ofrece un buena muestra de la comedia más física.

Esta fiesta con sillas es un buen texto, divertido y ágil, que toca temas para la reflexión  y con una puesta en escena simple y efectiva cuatro sillas (más una) y cinco actores cara a cara con el público. Teatro para un escenario o para el salón de tu casa como la propia compañía de Els Impertèrrits se propone vender. 

 

La festa de les cadires de Roger Torns.
Interpretada por Rubén Pérez, Xavier Juclà, Enric Auquer, Pere Costa y Pep Ribas.
Comedia del abusrdo.
En el Teatre Jover Regina el 23, 24 y 25 de Marzo.

 

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