Crítica de 'La extravagancia / La inapetencia' - Masteatro

Crítica de ‘La extravagancia / La inapetencia’

extravagancia

Nos encontramos ante una dramaturgia muy particular de dos piezas teatrales breves del gran escritor argentino Rafael Spregelburd. Por una lado está La extravagancia: que parte de una situación un tanto anodina como es que tres hermanas, que se odian, tienen que unirse en el hospital (donde su madre está a punto de morir por una enfermedad congénita) para que les digan cuál de las tres es la adoptada, ya que será la única que se salve de la muerte. Una obra que habla sobre la paranoia de la taxonomía biológica, donde se ve en el otro lo semejante. Y por otro lado está La inapetencia: donde el autor nos presenta a un matrimonio en crisis que decide practicar nuevos hábitos sexuales extramatrimoniales. Se suceden una serie de situaciones extremas envueltas bajo el aire, que aunque no salpica sí que se huele, de la guerra de Los Balcanes.

Lo que el director Diego Sabanés presenta ante los espectadores es un espectáculo ininteligible debido a una dramaturgia caótica, donde ha introducido su propia pluma para desplumar el arte que ya estaba credo por Spregelburd.

En “La extravagancia” Sabanés cuenta con una sola actriz que se triplica de manera maravillosa, haciendo de las tres hermanas a la vez: María Socorro, María Brujas y María Axila. El director, para solucionar el problema de la clonación, utiliza dos recursos que terminan por ser en extremo cargantes: una de las hermanas está proyectada en una pantalla al fondo y las otras dos se comunican constante e incansablemente por teléfono.

En “La inapetencia” al espectador se le quitan todas las ganas a comer que tuviese para cuando acabase la función. Contando para esta pieza con dos actores que hacen de un matrimonio que nadie podría tomar como verdadero y nuevamente tirando del recurso televisivo. Sabanés coloca a la mujer de espaldas a la pantalla, donde se proyectan las imágenes de las personas con las que ésta habla en tiempo presente y al marido como un ser que está totalmente fuera de escena.

Un director que deleitó al público madrileño con “La grandeza y la chiqueza” presenta ante el mismo un espectáculo deprimente donde los minutos se convierten en horas. Un público que tras acabar la función tiene cara de desagrado y se marcha rápido e inapetente. Sin duda una extravagancia en toda regla.

Resaltar el diseño escenográfico, que es perfecto y está llevado a cabo con sumo buen gusto, y el trabajo actoral.

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