Crítica de 'La Bête' de David Hirson - Masteatro
La bete

Crítica de ‘La Bête’ de David Hirson

La bete

Sergi Belbel, dramaturgo y director, es además director artístico del Teatre Nacional de Catalunya desd el 2006/07. Pero este curso lo deja. No es que se haya cansado ni nada de eso, simplemente se le termina el contrato y ya es hora de dar el relevo. Durante estos años la tarea de Belbel ha sido bien reconocida, ha dado paso a nuevas voces de la dramaturgia catalana des del proyecto T6, ha programado piezas de teatro clásico y contemporáneo que han tenido muy buena acogida y sobre todo ha logrado uno de sus objetivos: acercar el teatro a la ciudadanía de Cataluña. Siendo una institución pública, bien tiene que llegar a cuanta más gente mejor. Pero claro que las sensibilidades artísticas son infinitas y nunca se puede satisfacer a todos por igual. Aquella obra brillante, con unas interpretaciones de aúpa para unos puede haber sido, para otros, un texto mediocre y superficial, sin riesgo y comercial. ¡No desearía tener los quebraderos de cabeza de Belbel que haya tenido estos años!  Por eso, pienso que al final de todo Belbel ha querido hacer una pirueta, reírse de todo y dejar su testamento, dirigiendo una obra que habla precisamente de la (im)posible conciliación entre teatro culto y comercial. Se trata de La Bête, del dramaturgo británico David Hirson que la escribió con solo 29 años y vistos los resultados es una auténtica proeza.

Nos trasladamos al 1654 en algún paraje de Francia. Una compañía teatral mantiene su producción gracias al príncipe Conti (Abel Folk) quien actúa como mecenas. Son respetados y admirados por hacer un tipo de teatro de alta cultura, serio, dramático, reflexivo y, según parece, anquilosado. O al menos eso es lo que piensa el príncipe. Así pues la historia empieza con una comida organizada por el príncipe donde se les añade un intruso peligroso para la convivencia artística del grupo. Se trata de Valere (Jordi Bosch), un cómico salido de la calle que parece que es un artista brillante y que gusta mucho a la gente del pueblo. Él es la bestia, indomable, un cretino, un idiota, un bufón pagado de sí mismo que habla y habla y no deja de hablar ni con un pañuelo en la boca. Y parece ser que esta petulante sabandija salida de las pútridas y poco formadas calles de Francia está unida a la compañía por contrato y decreto del príncipe. ¡Qué faena para Elomire (Jordi Boixaderas), el cabecilla de la troupe, y para Bejart, el segundo a bordo! !Cómo es posible que tengan que compartir escenario con semejante analfabeto! Es imposible conciliar su teatro con el de ellos. Pero, parece que Bejart replica y se pregunta qué se puede hacer si así lo quiere el mecenas. <<No se puede hacer nada>>, contesta. Elomire (anagrama de Moliere) no piensa aceptarlo y aún menos después de aguantar un monólogo de media hora del insufrible Valere donde saca a relucir su narcisismo más exacerbado al mismo tiempo que denigra sus nuevos compañeros. ¿Podrá Elomire librarse de este estúpido cómico o bien tendrá que aceptar que la propuesta teatral de Valere puede ser un nuevo enfoque que vuelva a ganarse el favor del público? ¿Dónde yace la Verdad? En lo conceptual o en lo comercial? ¿Para todos o para pocos?

David Hirson sufrió mucho para lograr el reconocimiento con esta pieza. Se estrenó sin pena ni gloria en 1991, pero no desistió y logró reestrenarla diez años después en Broadway y en el West End. Entonces llegó el éxito. Sin embargo, no era esta una obra fácil de exportar. La traducción de La Bête necesita de un traductor que sepa adaptarse al lenguaje, al ritmo y a la historia que se narra pero manteniendo la forma en verso. Así entró en acción Joan Sellent, gran traductor teatral, quien ha logrado uno de sus mejores trabajos. En la estrena, el propio David Hirson, invitado por el TNC, dijo que no era su noche sino la del traductor, pues la importancia de la traducción está a la par que la del texto original, ya que ha tenido que pasar de unos versos decasílabos a unos alejandrinos dotando así de un nuevo contenido lingüístico y dramatúrgico que dota de una nueva mirada a este texto de temática universal.

Este montaje ha sufrido lo suyo. A pocos días de la estrena la fotografía promocional mostraba a Boixaderas y a Folk, flanqueando por los lados a una Anna Lizarán que acaparaba el centro con una amplia sonrisa adornada con un bigote pintado. Pero una de las grandes damas del teatro catalán cayó enferma y no pudo asumir el reto. Las alarmas se encendieron y durante unos días la obra estuvo a la deriva. Finalmente Belbel llamó a Jordi Bosch, le propuso el papel y se retrasó la estrena dos semanas. Y desde que se estrenó tanto público como prensa han sido unánimes: la actuación de Bosch es bestial. Crea su Valere desde la impostación de la voz, con una manera de recitar que resulta una parodia de la comedie-franceise con este tono cantarín tan falso y divertido y que más de uno lo ve como una parodia de aquel Cyrano que hizo Flotats años ha. Con su entrada, con un monólogo de casi media hora el público ríe pero cortadamente pues el texto es tan rápido que es mejor escucharlo con la risa congelada. A su lado están inmensos todos, sobre todo Jordi Boixaderas, ese insobornable y estirado Elomire, que clava sus versos y quien termina saliendo por platea despidiéndose con un alegato contra los cretinos que toman las decisiones y contra la banalización del teatro. ¿O estaba hablando de algo que va más allá del teatro? ¿Es que podríamos hacer los paralelismos (temidas interpretaciones gratuitas) con los gobernantes u otros gestores de la cultura?

Y como todo montaje del TNC hay que alabar la escenografía obra de Max Glaenzel, orfebre en lo suyo, quien dispone en el centro del escenario una carpa de tela blanca con una tarima para la función dentro de la función mientras alrededor, como en fuera de plano, un césped, una mesa al fondo, unas sillas y una mesita en un lateral y la compañía que va moviéndose por allí, para dar vida al cuadro, y con sus ropajes y sus pelucas tan bonitas tan colorido todo.

Pocos reproches se le puede dar a la dirección de Belbel, a lo mejor un poco menos de inmovilismo de Boixaderas y Carles Martínez en el monólogo eterno de Bosch. Y al texto solamente un final un poco aleccionador que sumerge a este cronista en una duda, es que no hay posible equilibrio entre lo comercial y lo cultural? creo que este debate ya está más que superado. ¿No es precisamente, La bête una obra de calado intelectual y al mismo tiempo un entretenimiento comercial para todos los públicos? Así es, Belbel lo sabe, pero lo que ha querido él es despedirse con un homenaje al teatro y a la gente del teatro y hablar de teatro dentro del teatro. Debe ser un tic de los directores artísticos pues Mario Gas hizo lo suyo con su Follies, su última obra al frente del Teatro Español.

La Bête de David Hirson.
Dirigida por Sergi Belbel
Interpretada por Jordi Bosch, Jordi Boixaderas, Abel Folk, Carles Martínez, Pepo Blasco, Míriam Alamany, Gemma Martínez, Manuel Veiga, Anna Briansó y Queralt Casasayas.
Comedia de época sobre el teatro.
Hasta el 25 de noviembre de 2011 en el TNC

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