Crítica de 'La Anarquista' - Masteatro
La Anarquista

Crítica de ‘La Anarquista’

La Anarquista

Oprimido o opresor: ¿quién es más libre?

En escasas ocasiones se estrena un mismo texto en Broadway y Madrid al mismo tiempo. Pero Natalio Grueso, nuevo director artístico del Teatro Español,  ya advirtió de su política cultural: “Uno de nuestros objetivos es darle al teatro una dimensión internacional”. La primera prueba ha sido el estreno mundial de El anarquista, la última pieza teatral del dramaturgo, guionista y ensayista – y  también – director teatral David Mamet, quien estrenó su obra simultáneamente en el teatro John Golden de Theater Broadway protagoniza por Patti LuPone y Debra Winger (la protagonista de Oficial y caballero, que debuta en Broadway con esta obra) bajo su – criticada por muchos detractores – dirección escénica.

Al parecer, la obra en Broadway ha sido, pese a las expectativas acumuladas, un fracaso a todas luces: ha durado menos de quince días en cartel. Algunos aseguran que es porque Mamet, prestigioso autor de obras como American Buffalo, Glengarry Glen Ross o Matrimonio de Boston, no es tan buen director como dramaturgo, o al menos un director singular que cree en su propio método teatral despreciando así al de Stanislavski. En Madrid el estreno tuvo lugar el pasado domingo 2 de diciembre, el mismo día que se subió por primera vez a las tablas de Broadway, versionado y dirigido por José Pascual, director que en su carrera ha representado hasta en cuatro ocasiones obras de Mamet, y protagonizada por las prestigiosas actriz Magüi Mira y Ana Wagener.

La trama se sitúa en una cárcel de mujeres donde una condenada a cadena perpetua por terrorismo se juega la libertad condicional en una entrevista con una funcionaria de prisiones. La obra enfrenta a un personaje encerrado, pero libre mentalmente, con un personaje que vive en libertad, pero prisionero mental de sus prejuicios y de su misión punitiva. Incluso encerrada en la cárcel, la prisionera ha sido capaz de llevar una vida más rica que su guardiana, que se ha limitado a vigilarla obsesivamente. Una reflexión sobre el poder y su verdadera naturaleza, así como sobre la  utilidad o no de la cárcel para reprimir el crimen y cambiar al criminal, donde tanto oprimida como opresora comparten una misma carencia desde dos puntos de vista diferentes: la libertad.

1 comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *