Crítica de Juego de Cartas 1: Picas - Masteatro

Crítica de Juego de Cartas 1: Picas

Robert Lepage estrena en España en el Festival de Otoño en Primavera de Madrid su obra con Juego de cartas1: Picas

Un complicado equilibrio

Siempre he admirado profundamente a Robert Lepage. Para mi es sin duda uno de los
directores de escena más brillantes del mundo. Colaborador del Circo del Sol, director de
óperas, cineasta… Parece no haber nada con lo que el genio de Québec no se atreva.
Aún guardo el grato recuerdo de sus espectáculos magistrales “La cara oculta de la luna”
y “La Trilogía de los Dragones”, entre muchos otros. La capacidad que posee para contar
historias y crear poderosas imágenes que perduran en la mente del espectador es
indiscutible.

Juego de Cartas 1: Picas, es un mosaico de historias que se entrelazan en torno al tema
de la guerra. Con la ciudad de Las Vegas de fondo, seis actores interpretan a unos
personajes que se mueven, como un acróbata en un complicado equilibrio, entre la
decadencia y la redención.

Lo más destacable de Juego de Cartas 1: Picas es precisamente eso. La habilidad de
seis actores para interpretar al ejército -una larga veintena- de personajes. Sin embargo,
salvo en contados momentos, ni los actores ni la dirección de Lepage, consiguen hacer
que me importe demasiado lo que ocurre en escena.

No es que me den miedo los espectáculos largos precisamente. Otros espectáculos de
Lepage han durado tanto o más y los he disfrutado sobremanera. Éste dura tres horas y,
me atrevería a decir, que le sobra casi una. Entrando en la segunda hora del espectáculo,
aún no hay conflictos que me conecten con la historia.

Por otro lado, es el primer espectáculo de Lepage en 360º. La capacidad del director
canadiense para mover a los actores en el espacio circular y crear bonitas imágenes
mientras la tecnología y los tramoyistas se ocupan de hacer las (a veces) engorrosas
transiciones es más que evidente. En los espectáculos de Lepage, el equipo invisible que
se encarga de crear los espacios de las escenas tienen casi tanto protagonismo como los
actores. Sin embargo, en este caso, hay demasiadas ocasiones en las que las escenas
que “tapan” esas transiciones no dicen realmente nada o se hacen demasiado largas
afectando al renqueante ritmo del conjunto.

El texto (en francés, inglés y español) lo firman el director en colaboración con los actores
-entre los que hay dos españoles- y Carole Faisant. De las escenas, hay algunas
visualmente sorprendentes (como la piscina que aparece de la nada en medio del
escenario), otras muy potentes (como el exorcismo en mitad del desierto) y algunas
dramatúrgicamente brillantes de las que esperamos saber más, pero que finalmente no se
desarrollan (el coronel con tendencias homosexuales, los criados del hotel…)

En fin, es evidente que no puedo esconder mi decepción ante este espectáculo, pues,
entre otras cosas, tengo la posibilidad de compararlo con verdaderas obras maestras
salidas también de la mente del genio canadiense.

Pero también es justo añadir que se trata de un estreno mundial y es de esperar que el
ritmo del espectáculo mejore con los pases, sobre todo si Lepage se atreve a cortar o
reducir las escenas -que un servidor considera- prescindibles.

Esperemos a ver la segunda parte de esta tetralogía (sí, han oído bien, tetralogía) sobre
el mundo simbólico que se esconde tras el juego de naipes. Entonces, veremos si el
complicado equilibrio en el que -como sus personajes- se mueve Lepage le lleva
finalmente a la redención. Ojalá.

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