Crítica de Joc de Miralls - Masteatro

Crítica de Joc de Miralls

Recuerdo un pasaje de La Gran Belleza de Paolo Sorrentino. Creo que es el mismo Jep Gambardella (fantástico sátiro interpretado por Toni Servillo) quien recuerda que la máxima ambición de Flaubert era escribir una novela sobre nada. ¿Y qué es la nada para un escritor, un guionista, un dramaturgo? ¿Cómo se puede escribir algo insubstancial, donde no ocurra nada? ¿Qué interés puede tener para el lector o espectador? La cotidianidad es la respuesta. Jugar a representar actos cuotidianos, a retratar personajes en situaciones aparentemente banales, pero que detrás de sus gestos, sus miradas se va tejiendo una estructura dramática que aún impacta más por su cercanía a nuestro entorno.

Así lo hizo Annie Baker en 2009 cuando alzó Circle Mirror Transformation, un texto sencillo pero que habla tanto de las relaciones humanas que hiere y conmueve a partes iguales. Si bien seguro que Baker no quería aplicar la gesta no lograda de Flaubert. En Joc de miralls, ahora en el Teatre LLiure, ocurren cosas, muchas cosas, pero su planteamiento trata de reducir el conflicto, de retardarlo. Lo que se contempla allí es un retrato de personajes que se conocen y se relacionan en un ambiente idóneo para la transformación personal, aunque a veces imperceptible.

Para aquellos que se hayan apuntado a clases de teatro, que hayan ido a escuelas de barrio, a centros culturales, esta obra habla de ellos. Un servidor ha vivido su propio Joc de Miralls. Una profesora de teatro en un centro cívico abre un curos para adultos. En él se apuntan una mujer optimista y vital, actriz que espera llegar a triunfar; un hombre apocado, inseguro, carpintero de profesión, recién divorciado; una adolescente tipo, medio grunge; y el marido de la profesora, un hombre que parece estar allí más por apoyar a su mujer que por sus aspiraciones teatrales. Este reducido grupo trabajan ejercicios teatrales, básicos, sin texto. Y a través de estos ejercicios teatrales, conocemos las vidas y las relaciones entre estos. El teatro como terapia, y en las terapias siempre se sacan cosas oscuras, miserias propias que hay que purgar. Pero todo va a su ritmo, por eso la autora marca la evolución de los personajes en seis semanas.

Uno de los momentos que mejor ejemplifica el tempo naturalista de Baker para esta obra sucede cuando el escenario se queda vacío, dos de los personajes han desaparecido y estamos a la espera de que alguien aparezca en esta habitación con parquet y una pared con espejos. ¿Diez segundos, veinte? Una eternidad, pero al final se deja ver la cabecita de Laura, la adolescente. Así pues imponiendo el naturalismo como regla dramatúrgica tanto como para el tiempo de sus escenas como para mostrar sus personajes, Baker reduce los diálogos a lo imprescindible para fomentar más el trabajo de las miradas o de lo que no se dice. Y eso lo aplica en todo momento el director de esta propuesta Juan Carlos Martel quien se apoya en un elenco fantástico. Eduard Farelo es Txus, el carpintero, un personaje que navega entre el patetismo y la ternura, un «pringadillo». Anteriormente había deslumbrado en actuaciones más dramáticas, aquí descubrimos nuevas cosas a través de un personaje más vivo y cómico. A su lado está Aina Clotet, vital, expansiva, ingenua, que no mide las consecuencias de sus actos con el hula hop. Jordi Martínez, se mantiene en una postura más distante, más de pasaba por aquí, pero lleva su propio drama interior y termina el ciclo abrazando la terapia a través de una sinceridad hiriente y dinamitadora. Por último están los dos personajes espejo, la joven Laura, Elena Tarrats, quien es el reflejo deformado de Marti, Isabel Rocatti, y viceversa. La relación que se establece entre ellas, la evolución del personaje de Laura, los deseos de una y otra, los reproches. Vidas que corren en paralelo. Y todo eso se nos cuenta a través de ejercicios teatrales, recreaciones de pasajes de su vidas a través de improvisaciones y pantomimas. Pero Baker cambia el eje temporal al final y cierra su obra magistralmente con una escena donde marca los efectos de este curso en el transcurso de la vida. El teatro como terapia, mostrado a través de la cotidianidad de las palabras y sus silencios.

 

Joc de miralls de Annie Baker

Dirigida por Juan Carlos Martel

Interpretada por Isabel Rocatti, Jordi Martínez, Eduard Farelo, Aina Clotet y Elena Tarrats

Drama sobre el teatro como terapia.

Hasta el 15 de marzo en Teatre Lliure de Montjuïc.

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