Crítica de Jo mai - Masteatro

Crítica de Jo mai

Si al leer esta crítica consideran ustedes que hay que ir a ver el último montaje de Iván Morales y la compañía Prisamata, Jo mai, es probable que vean una obra sensiblemente diferente de la que vi yo. Para el autor y director catalán el teatro tiene que estar en crecimiento constante. Lo suyo es el work in progress bien aplicado, un proceso de creación que no termina hasta la última función de la obra en cuestión. Así cada función es mejor que la anterior, ofrece nuevos matices para depurar el sentido de la obra, para definir mejor las emociones de sus personajes. De esta manera trabaja Iván Morales, sin duda uno de los creadores más singulares de la escena catalana que se dio a conocer con Sé de un lugar y que ahora hace un paso más en el Lliure de Gràcia con Jo mai, una potente historia de jóvenes luchadores atenazados por un destino trágico.

Cinco personajes. Tres amigos separados hace años vuelven a reencontrarse. Personajes sin raíces, al margen de la sociedad. Luego hay una chica y su novio, que la maltrata. Cinco perdedores con toda una vida por luchar. Pero el autor pone las cartas sobre la mesa des del minuto uno. En el escenario desnudo, dos de los amigos, Frank y Isi, sentados en dos sillas; en un rincón, Maxi, acurrucado en sí mismo; en el suelo, yace el cadáver de Guille, el novio maltratador de Julia. Esto es una tragedia griega a retales.

La violencia engendra monstruos. Este sería el mensaje. Mientras entendemos que a estos jóvenes la sociedad no les ha dado la vida que esperaban. Una de las perlas lanzada en este caso por uno de ellos, Frank, sintetiza la desesperanza. «No sé quien coño nos hizo creer que teníamos que ser felices». A pesar de todo, Morales ofrece una ventana de aire, un camino posible hacia un futuro digno. Frank decide reabrir el bar de su madre, el Amparo, un nuevo refugio para huir de la bruma (brillante recurso poético que el personaje usa para referirse al mal y a la violencia que se respira a fuera) y empezar de cero. Sus amigos, como hermanos, lucharán a su lado. Pero el pasado y el presente se reencuentran con la aparición de Julia y Guille. Iván Morales hizo su particular homenaje al amor en Sé de un lugar. Aquí prácticamente no deja espacio para que este triunfe, sólo cunde la desesperanza y un mensaje punk: No future.

Punk. Ésta es sin duda una de las muchas etiquetas con que se puede valorar la obra. Punk en la filosofía, en el mensaje, en el ánimo de los personajes, en la música,… Pero al igual que ocurrió con su primera obra, Morales utiliza el texto como contenedor de referencias y anécdotas culturales, bien usadas, sin recurrir a la pedantería. Es una esponja cultural, pero sobretodo de lo underground. En Jo mai empieza con una historia sobre un encuentro entre Lee Perry y Bob Marley, gurús del reggae, más adelante hace sus propias referencias al mundo de la tele (el personaje de Isi viene huyendo de él) y hasta recupera Tim, Tom i Jim, una divertida canción de los ’40 de Bonet de San Pedro.

Jo mai no es un musical, pero sus personajes se expresan en todo momento a través de la música. No sólo eso. La música es el gran elemento escenográfico de la sala. El escenario está vacío, negro, excepto un set con una batería, guitarras, micros y distintos bafles. La música es omnipresente en todo momento, sea como hilo musical o como forma de expresarse de los personajes. El work in progress también ha sido para hacer de los actores unos músicos estimulantes gracias al músico Helio Reguera como director musical. El resultado en la obra sin duda estimula la expresión, y el sentimiento de sus personajes. Hay momentos brillantes, de estos que ponen el corazón en un puño como en el lamento de Frank cantando el Duppy Conqueror de Bob Marley o el Wish You Were Here de Pink Floyd de Maxi.

En Sé de un lugar Iván Morales se ayudó de sus amigos y socios en la compañía, los actores Xavi Sáez y Anna Alarcón. Pero en esta obra la búsqueda del elenco perfecto le ha supuesto más tiempo. El suficiente para acertar de lleno. Contando otra vez con Sáez para el personaje del maltratador (interpretación mesurada para dar con la rabia y el arrepentimiento de Guille), a su lado se ha rodeado con cuatro jóvenes talentosos, Marcel Borràs, Àlex Monner, Oriol Pla y  Laura Cabello. Los cuatro se funden con sus personajes mostrando energía, arrojo, y verdad, mucha verdad. Pero sobretodo Borràs, componiendo un personaje contenido que predica la paz intentando controlar su guerra interna y Oriol Pla, el cual será recordado por este personaje durante tiempo. Éste  se encarga de dar vida al loco Maxi. En un recurso muy cinematográfico (otro de las señas identificativas del autor), Maxi se presenta como el narrador de la historia, como el maestro de ceremonias, pero cuando interactúa en el relato se transforma a ratos en un bufón, a ratos en un animal herido, pero siempre con la mirada limpia propia de los locos. Además es el que se encarga de poner unas gotas de humor en la obra para atemperar el drama.

No desaprovechen la ocasión de ver una obra como esta. Teatro lleno de poesía, teatro de guerrilla, teatro punk, un puzle trágico con personajes que luchan para un futuro mejor. Una muestra del mejor teatro que se realiza aquí. Y llegará a Madrid en breve. Estén al tanto los de allí. Seguro que, aplicando el work in progres de Iván Morales, será mejor que aquí.

 

Jo mai de Iván Morales y la Compañía Prisamata.

Dirigida por Iván Morales

Interpretada por Marcel Borràs, Laura Cabello, Àlex Monner, Oriol Pla y Xavier Sáez.

Tragedia musical sobre la violencia social.

Hasta el 2 de febrero en el Teatre Lliure de Gràcia.

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