homes foscos

Crítica de Homes foscos

David Pintó y Clara Peya vuelven a unir fuerzas para crear, al alimón, un nuevo espectáculo de teatro musical de pequeño formato. Si el año pasado crearon una bonita historia de amor familiar bajo el nombre de Mares y filles, ahora se adentran en terrenos más oscuros y crean una historia cantada sobre una relación de dos hombres homosexuales, pero desde la estructura de un thriller misterioso, donde no se sabe muy bien a qué papel juega cada uno. Cabe remarcar que nos presentan Homes foscos como un relato que parte del universo literario y estético de Patricia Highsmith. Pero el referente no queda claro.

Un hombre, escritor, se enfrenta a la hoja en blanco. Le falla la inspiración. Pide ayuda en voz alta. Al momento aparece un hombre misterioso empapado por la lluvia. En menos de un minuto, el personaje es desnudado por el inquilino de la casa y después de un intercambio de palabras, silencios y miradas seductoras se lanzan a brazos del otro y se marcan una especie de danza pasional, jugando a quererse con pasión pero también con cierto pudor. Queda claro que esta primera escena marca un tono a la obra de extrañeza, un misterio que rodea a los personajes y la irrealidad de la relación. Y es importante señalar que el inquilino de la casa es escritor, y que está buscando una nueva historia. Aún sin decirlo explícitamente, uno se plantea la identidad del desconocido como una figura metafórica de la inspiración, de un personaje de ficción, o cualquier figura literaria.

Partiendo de esta premisa, el segundo acto nos vuelve a presentar al escritor con problemas de creatividad para terminar su historia. Y al momento, aparece otra vez el chico, pero ahora resulta que viene con otra identidad e inmediatamente se revela un juego de amor odio entre los dos. Desde aquel momento, uno ya se pierde. David Pintó rompe la línea narrativa que el espectador podía desarrollar mentalmente en pos de otorgar identidad a los personajes. Pero se pierde en mostrar los vaivenes de una relación de amor basada en la sumisión primero de uno y después del otro, en intercambio continuos de roles sin transición que desconciertan a quien intenta encontrar una coherencia en los personajes. Da igual, aquí lo que cuenta es la poesía intrínseca en las palabras y en la relación de los dos hombres. Aunque el autor intenta dar pistas sobre la verdad de este personaje misterioso, con un final dramático, extraño y, sinceramente, poco creíble. Lo venden como un musical inspirado en la maestra del misterio Patricia Highsmith, y al descubrir finalmente la verdadera identidad del desconocido, que preferimos no desvelar, se entiende el porqué. Pero no se comprende. No sé si uno debe ser un lector ávido de Highsmith para pillar el fondo de los personajes y comprender su revelación. Y si lo fuera, no creo que sea la mejor opción, pues reduce la comprensión para el espectador medio.

Aun así, Homes foscos tiene motivos para ser disfrutada. Sobre todo gracias a la interpretación de los dos actores y cantantes, Rubén Yuste y Marc Vilavella, cuya química es absoluta en todo momento y no se retraen en su trabajo corporal conjunto para dar verosimilitud sea a la pasión o a la humillación. Sus voces preciosas en sus interpretaciones solistas, se complementan perfectamente en sus momentos más álgidos para actuar como una sola voz. Y por supuesto que el mérito es también de la compositora y del letrista de las canciones. La música, con el sello inconfundible de Peya, nos recuerda más a la oscuridad e irrealidad de Amurs. El fantástico pianista en la obra es Andreu Gallén, aunque suponemos que se va alternando con la propia Clara Peya.

También vale la pena remarcar el uso de la luz, jugando con la luz clara y la luz roja marcando las escenas más intensas y pasionales o las más narrativas. Y, aunque el escenario del Maldá siempre es chiquitito, saben multiplicar su profundidad con una estructura que hace de espejo y que en un clímax poético, refleja su imagen con temblores.

Homes foscos de David Pintó y Clara Peya

Dirigida por David Pintó.

Interpretada por Marc Vilavella y Rubén Yuste.

Musical misterioso

Desde el 30/03 en El Maldà.

 

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