Crítica de 'Harlem Swing. Ain't misbehavin' - Masteatro

Crítica de ‘Harlem Swing. Ain’t misbehavin’

Dicen que el Paralelo en los años 20 era algo así como la cuna de la era del jazz en el sur de Europa según palabras textuales de Pere Pons, crítico musical. parce ser que el ambiente de por aquel entonces era como el que se podía respirar e el Barbary Coast de San Francisco. Lo que si está claro es que el ritmo y la vida nocturna más desnefrenada ha sido una constante en esta popular avenida des de tiempos muy lejanos. Hace ya un año y medio que El Molino volvió a abrir las puertas. Sin duda alguna esta reapertura significó recuperar las esencias del Music-Hall que en los años de la dictadura llenó de ritmo, de lujuria y de mucho humor picante a todo el Poble Sec. No sé cómo les va a los de El Molino, pero lo que sí sé es que al Paralelo le va bien, pues sus teatros aún van acogiendo mucha gente con una programación que busca grandes éxitos comerciales basados en comedias ligeras o en musicales de largo recorrido. El que se lleva la palma en cuanto a musicales es sin duda el Victoria. Ya hace unos meses cautivó al público catalán con el musical Cop de Rock y ahora lo ha vuelto a lograr con una producción de Broadway que recupera el espíritu de aquellos lejanos años ’30. Se trata de Harlem Swing, The Legendary Broadway Musical Ain’t Misbehavin.

Este musical recupera no solo la esencia del jazz más salvaje y rítmico, sino sobretodo reivindica una de sus figuras más importantes y a veces ninguneada, Fats Waller. Waller fue un pianista que dejó un legado enorme con composiciones como Handful of Keys, Honeysuckle Rose o la que da nombre al show. Waller considerado uno de los compositores claves para el Renacimiento de Harlem, era también un hombre con un generoso apetito y así le bautizaron con el sobrenombre de Fats. Además Waller era un tipo con un afilado sentido del humor como lo demuestran sus letras donde se hacen constantes referencias sexuales y dobles sentidos que intuyen distintos juegos eróticos.  Así pues toda su música y sus historias bien servían para unirlas en un buen espectáculo, y esto es lo que hicieron en 1978 el director Richard E. Maltby, Jr. y el coreógrafo Arthur Faria conquistando el favor del público y de la crítica quien les otorgaron la gran mayoría de premios de aquella temporada

Así el trabajo de estos dos creadores fue el de mantener una línea narrativa que sirviera de transportador de las canciones del genial pianista. Y hay que decirlo claramente, en este musical no encontrarán ninguna historia, no hay ningún personaje definido ni ninguna evolución dramática, solamente hay tres mujeres, dos hombres, un pianista y una Big Band compuesta de  cinco excelentes músicos quien interpretan con mucha gracia, pero poco baile. Cada canción abre una nueva historia, una nueva escena con poco que ver con la precedente. El guión se escribe prácticamente con una línea, dos hombres y tres mujeres afroamericanos flirtean, cantan y bailan en un club de jazz de Harlem al ritmo de las canciones de Fats Waller. Cada pieza es un retazo de la vida de Fats Waller, así que es como si los actores al interpretarlas diesen vida al pianista.

De hecho no hay mejor inicio para este sentido homenaje al grueso pianista que el escuchar su voz presentar el tema que abre el espectáculo, Ain’t Misbehavin. A partir de entonces el pianista Kenney Green no deja de pisar las teclas con auténtica maestría mientras los cantantes hacen sonar con fuerza sus cuerdas vocales. Así cabe destacar la fuerza vocal de Douglas Eskew, quien puede pasar de graves a agudos con una facilidad pasmosa y hasta se permite aguantar una nota en alto durante más de veinte segundos en uno de los momentos más aplaudidos de la noche. También las mujeres ponen el listón por las nubes como en el caso de Yvette Monique Clark quien a veces se lucía con sus grititos agudos, creando así contrastes humorísticos sonoros con el resto de las voces. Y si me quedo con una canción, le doy el voto a The Viper’s Drag, en que Fats Waller, digo Milton Graig Nealy baja al público para cantar las excelencias a un porro mientras suena la sinuosa melodía, lenta e hipnotizadora.

Así pues cojan sus mejores mudas, sus sombreros al jazz style (algunos había en la sala) y vayan a descubrir las magníficas composiciones de Fats waller, un pianista que marcó y dejó huella en el jazz americano. Pero no tarden porque Harlem Swing, El legendario musical de Broadway Ain’t Misbeahvin recala en el Teatre Victòria hasta el 27 de mayo.

 

HARLEM SWING, EL LEGENDARIO MUSICAL DE BROADWAY AIN’T MISBEHAVIN de Richard Maltby Jr.
Director: Richard Matlby Jr.
Coreógrafo: Arthur Faria.
Director musical: Kenney Green.
Intérpretes: Yvette Monique Clark, Rebecca E. Covington, Cynthia Ann Thomas, Douglas Eskew, Milton Graig Nelly.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *