Crítica de Germans de Sang - Masteatro

Crítica de Germans de Sang

Hace veinte años un musical hizo poner en pie toda la platea, día tras día, durante unos siete meses. Los espectadores de aquel espectáculo aún conservan las emociones grabadas en la memoria. Es la magia del teatro musical. Fue un montaje muy bien dirigido y producido por Ricard Reguant y la gente de Focus. Ahora el propio Reguant (quien tiene en cartera aún Boig per tu en la Sala Barts) ha repuesto la obra en el Teatre del Raval, en una versión minimalista, con parte del elenco original. El objetivo es claro, que Germans de sang de Willy Russell vuelva a sacudir las emociones en aquellos que hace veinte años la descubrieron y aquellos que se asoman ahora al teatro musical.

Esta nueva adaptación tiene riesgos pues prescinde de parte de la historia, reduciendo personajes y apuesta además por un decorado muy básico y nada espectacular. Pero Reguant conoce bien la obra y sabe bien, a pesar de los recortes, cómo reafirmar los puntos más emotivos de una historia que cuenta como dos hermanos gemelos son separados nada más nacer por problemas económicos. Sus destinos pero estarán enlazados, se harán amigos, uña y carne, y, desconociendo su parentesco, se harán hermanos de sangre. Pero el destino, el mal de amores y las desigualdades sociales conducirá su relación a una tragedia irremediable.

Los hermanos son Mickey y Eddie. Los actores son Roger Pera y Sergi Zamora, los mismos del montaje original. Sus historias son curiosas. Pera, hijo de actor, ha hecho teatro, cine y televisión siendo un rostro conocido para los espectadores catalanes. Y es una de las grandes voces de musicales de estos lares. De hecho gracias al trabajo con su voz se ha ganado también un nombre como doblador. Igual que Zamora, cuyo currículum se limita prácticamente al doblaje. Pero la posibilidad de volver a interpretar el personaje con que se dio a conocer en el teatro ha sido irrechazable. Afortunadamente para todos. Pera es Mickey, se funde con él, se ve sin duda que es su personaje más querido y el que mejor vive en escenario, des de la ternura traviesa del niño a la torturada y forzada madurez, sin extremos, con naturalidad. Igual pasa con Zamora que controla bien el arco dramático que va de la infancia, bondadoso e ingenuo, a la edad adulta, responsable y desencantado con su amigo. Desafortunadamente pero este cronista tuvo el honor de ver la probable última función de Roger Pera. El sábado causó baja y fue substituido por Benjamí Conesa, quien interpretaba el Sr. Lyons. Unas horas después se supo que el actor está afectado de una severa depresión. Una auténtica lástima.

Esta historia tiene un personaje que ofrece una mirada poética a la historia. Es el Ángel negro, el narrador omnisciente que cuenta la historia vestido de voz grave, de oráculo que marca las señales del infortunio. Este narrador-oráculo lo interpreta con aplomo Xavier Ribera-Vall, sin duda un buen barítono curtido en muchos musicales. Un acierto confiar en sus cualidades vocales para un personaje compuesto para dar el halo de tragedia griega que impera en la obra.

El éxito del montaje del ’94 fue gran parte por la actuación de Àngels Gonyalons quien daba voz y cuerpo al personaje de la Sra. Johnstone, la madre biológica de los hermanos. Pero en esta adaptación Gonyalons está sustituida por Virginia Martínez, una mujer más conocida por ser la cantante del grupo de pop catalán La Porta dels Somnis que por sus trabajos interpretativos. Pero Martínez no desentona en absoluto, y aunque le faltan tablas, compone un personaje más abonado a la dulzura que al drama. Su meliflua voz cantando le ayuda. Eso sí, en la canción final sabe despojarse de la ternura para abrazarse al dolor y, junto con el resto de equipo, poner en pie a los espectadores emocionados, sobre todo aquellos que repiten veinte años después y que musitan para sí la canción.

De hecho, no deja de ser curioso que la última canción sea la más conocida para el público. Esto ya marca una pauta en la composición diferente en comparación con otros musicales. No es este un musical de grandes orquestaciones, es de formato más íntimo y en esta reducida adaptación, sólo se oye el piano de Dani Campos. Originalmente el autor, Willy Russell, escribió ese texto con una sola canción cantada, la primera, pero luego vio que la historia tenía mucho más potencial para incluir otras más. Y lo hizo reforzando la personalidad de ciertos personajes. Si bien hay canciones muy descriptivas, que marcan juegos, traspasos de tiempo, momentos sociales, por encima de todo hay que remarcar las melodías que se repiten, los leitmotiv que acompañan a algunos personajes. La melodía más incesante es la que acompaña y va cantando la madre. Ya en su primera aparición se oye y introduce este personaje espejo que es la Monroe y con la que se irá comparando a lo largo de la historia hasta el final coral apoteósico. Por otro lado, está la melodía del narrador omnisciente, ese oráculo que va repitiendo la letanía como un mantra maldito para sus personajes. Y luego está la canción de los dos mellizos, que solo se repite dos veces y que indica el amor y la conexión que mantienen entre ellos.

Falta orquestra y falta decorado en este montaje, aunque no se echa de menos. En el escenario dos bidones y unas estructuras metálicas verticales, unos somieres con ruedas son los únicos objetos para montar la escenografía. Reguant decide sugerir, no mostrar, y jugando con estos paneles va creando espacios que bien pueden construir la entrada a una casa, una pared, un pasillo. O simular coreográficamente las prisiones metafóricas o figuradas donde se meten sus personajes.

Así después de Goodbye Barcelona, el Teatre del Raval vuelve a apostar por el musical de pequeño formato en este éxito asegurado. Una versión low cost y minimalista de Germans de Sang, dirigida otra vez por el efectivo Ricard Reguant con un Roger Pera, que hasta la fecha, ha dado, sin duda, el papel de su vida.

 

Germans de sang de Willy Russell

Dirigida por Ricard Reguant

Interpretada por Roger Pera, Sergi Zamora, Virgínia Martínez, Isa Mateu y Xavier Ribera-Vall entre otros.

Melodrama musical.

En el Teatre del Raval des del 13 de enero

 

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