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Crítica de George Kaplan

Crítica de George Kaplan

Barcelona vive este mes el festival del Grec y como cada julio algunas de las principales salas de la ciudad ofrecen obras de teatro de todo tipo, autores clásicos, contemporáneos, nuevos dramaturgos, espectáculos internacionales, circo, danza y música. Una de las salas que siempre está allí para lo que el Grec necesite es la pequeña sala Becket, uno de los refugios del teatro más indie, allí donde los autores florecen o reposan sus textos. Este año están presentando hasta final de mes una obra del autor francés Frédéric Sonntag que escribió el año pasado. Se trata de George Kaplan, una comedia política original de reflejos conspirativos.

La obra funciona en base a una pregunta, quién es George Kaplan? Que representa este nombre en la sociedad occidental que nos ha tocado vivir? La respuesta podrá tener distintas respuestas, pero en verdad nunca se revela la identidad del tal George, todo forma parte de un juego que se dilata a lo largo de una hora y media para hablar indirectamente de temas muy jugosos, como la comunicación en grupo, la mezcla entre realidad y ficción o el miedo conspirativo en una sociedad atenazada por un crisis global. La obra de Sonntag es por supuesto política, pero no en el sentido más real. No se nos cuenta una historia lineal, un relato estructurado con sus personajes y su conflicto que deriva en reflexiones éticas y morales. Aquí la política es evidente, pero se camufla detrás de este artificio, este punto ciego que responde al nombre de George Kaplan. Y a través de él se ven muchos reflejos políticos de la actualidad.

Son tres historias, tres escenas donde el único vínculo es este nombre misterioso. En la primera vemos unos enmascarados que intentan grabar un mensaje a cámara donde se presentan como un grupo que se revindica como una organización secreta que quiere cambiar el mundo. Pero el mensaje no queda muy claro, lo que conduce a una agria disputa, siempre dispuesta a votación, sobre los pros y los contras de un proyecto del cual no se ponen de acuerdo ni en las comas. Una acertada reflexión sobre el sin sentido del modus operandi de ciertas organizaciones anti-sistema  El reflejo en este sentido está en estos colectivos nacidos de la indignación y la insatisfacción: 15-M, Anonymous,…

La segunda historia nos traslada a una habitación donde una mujer dirige un grupo de cuatro guionistas que tienen que idear el argumento de una nueva serie de ficción. Éstos son los mejores en su oficio representan y el cliente secreto que ha hecho el encargo quiere una serie bélica y política. Los argumentos de los guionistas son materia prima para muchos de los conflictos que vivimos hoy en la actualidad y que ya se recogen en alguna serie (Homeland sería un buen ejemplo), pero todo aquella reunión tiene algo de oscuro. Lo que allí se está dictando es una forma de operar políticamente en el mundo, una serie de planes posibles para que el cliente los pueda aprovechar. Complots, guerras falsas, una gallina que puede salvar la humanidad. Y en medio de este bullicio de historias conspiratorias, un engaño, un abandono que se impone en el relato en un giro final donde la realidad finalmente invade el espacio de la ficción.

La tercera historia los actores se trasforman en un grupo de seres en la sombra, empresarios de alto rango, políticos transnacionales, el poder oculto (aquí la referencia más directa sería el ya conocido Club Bildelberg) quienes se han reunido en crisis para debatir quien es o que es Georges Kaplan, un nombre peligroso que últimamente han interceptado demasiadas veces (como en lo que denuncia el antiguo espía americano Edward Snowden, más actual imposible). Brillante el momento en que se repasa todas las referencias reales que existen con el nombre de George Kaplan: científicos, inventores de deportes y por supuesto el personaje central de Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock, el personaje de Cary Grant que era confundido con un espía con este nombre que en realidad no existía, era un invento de la CIA. Una historia brillante de conspiraciones políticas que ahora parece tener su reflejo en la obra de Sonntag. Aunque a lo mejor cualquiera semejanza con la ficción es casualidad.

Así queda claro que este relato ofrece una crítica inteligente y mordaz a una mundo donde ciertas ficciones se imponen como modos de entender la realidad que nos rodea. Tal como dice el propio Frédéric Sonntag, son las implicaciones políticas de la ficción. Pero hay más reflexiones que bien se pueden dar a través de este texto, como la comunicación grupal. Son tres ejemplos de grupos con sus propias leyes, con sus roles marcados, donde importa tanto el qué dicen como el cómo lo dicen.

El espacio escénicos va mutando y se nos va descubriendo en las sucesivas escenas. Una mesa, un mueble para servirse el café, unas sillas, una pantalla para las proyecciones (muy acertada la transición de las series para el cambio de escena) y en medio un grupo de cinco actores bien dotados por la reflexión cómica. Hay que destacar el monólogo de Jordi Figueras que finaliza la segunda parte.

George Kaplan es otro éxito de la Beckett programada para el festival Grec, dirigida por Toni Casares, con buen ritmo y defendido por un buen elenco. Una obra donde el misterio está un nombre que contiene el yin y el yan de todo éste mundo, o lo que nos quieran hacer creer aquellos que lo diseñan. Una buena y lúcida comedia donde vemos reflejadas las conspiraciones que nos ayudan a vivir.

George Kaplan de Frédéric Sonntag 

Dirigida por Toni Casares 

Interpretada por Sara Espígul, Borja Espinosa, Francesc Ferrer, Jordi Figueras i Sandra Monclús. 

Comedia política. 

Hasta el 28 de Julio en la Sala Beckett.

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