Crítica de 'Gata sobre tejado de zinc caliente' - Masteatro

Crítica de ‘Gata sobre tejado de zinc caliente’

Para los puristas o los seguidores fieles del 100% del original de Tennessee Williams, esta revisión les parecerá escasa, pero Rigola ha elegido dar su propia versión sobre ‘Gata sobre tejado de zinc caliente’, ni más ni menos. Seguramente que habrá pros y contras, pero nadie dijo que arriesgarse fuera fácil.

Escenográficamente impecable (sobria, fría e inerte), Max Glaenzel recrea la plantación de algodón que ha servido para que la familia haga dinero. Un escenario excesivamente largo con el que la platea, tan larga como él, sale mal parada. Los espectadores que han elegido sentarnos del medio hacia la izquierda no agradecen la iluminación de Xavier Clot, les parece injusta que ellos tengan que luchar durante toda la función contra un juego de luces y sombras, mientras la parte derecha disfruta de la obra con todos sus matices.

Interpretativamente, Andreu Benito (imponente ‘Big Daddy’) se lleva la función de calle. La representación crece y adquiere una dimensión diferente cuando él aparece en escena. Su duelo físico-dialéctico con Joan Carreras (Brick) es la mejor parte de la obra. Chantal Aimée (Maggie), esta Gata que se pasa toda la función anhelando una vida mejor, suplicando afectos, que obviamente no llegan, maúlla sin la fuerza escénica requerida. Alguien debería advertirle que esta fuerza, que el espectador echa de menos desde su butaca no se consigue pegando cuatro gritos al cobarde de su marido, Brick. No es cuestión de quién grita más alto, sino de quien, con su presencia sobre el escenario logra cautivar al público.

Muntsa Alcañiz (la abuela) y Ester Cort (Mae) resultan personajes dibujados con áureas demasiado etéreas, con una presencia sobrehumana y que pasa por encima del bien y del mal, en ciertos momentos se puede pensar que son seres de otro mundo y que diga lo que diga el resto, ellas seguirán con el guión pautado.

El eterno, impecable, secundario, Santi Ricart, perfecto Gooper, maniobra con sus líneas que contorsionista en el trapecio y consigue una más que notable interpretación, sobre todo cuando le toca departir con Andreu Benito.

Àlex Rigola estrena Lliure antes de su adiós, dejando su huella personal en el teatro, en la sala y la obra. Y quizás la mejor despedida sea porque nos cuesta tanto hablar del final. Esperaremos el The End definitivo.

TEXTO: TENNESSEE WILLIAMS
TRADUCCIÓN: JOAN SELLENT
ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: ÀLEX RIGOLA
INTÉRPRETES: CHANTAL AIMÉE, MUNTSA ALCAÑIZ, ANDREU BENITO, JOAN CARRERAS, ESTER CORT, SANTI RICART y RAFFEL PLANA (músico)
PRODUCCIÓN: TEATRO LLIURE y CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
TEATRO LLIURE DE GRÀCIA

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