Crítica de Fum - Masteatro
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Crítica de Fum

Dice Jaume que no ha querido despertar a Álex porque ha preferido quedárselo para sí mismo. Jaume ha visto como repetidamente un hombre se golpeaba la cabeza contra el cristal del hotel hasta sangrar. Ha sido un momento, una imagen que el escritor y ex embajador ha vivido solo, sin necesidad de compartirlo, ni de tener un testigo. Estos dos hombres, con sus respectivas mujeres, Laura y Eva, habitan durante tres días un hotel en una ciudad de un país (probablemente africano) sumido en una revuelta popular. Están encerrados. Durante este tiempo las mentiras y las manipulaciones alterarán la convivencia de los matrimonios. Mientras, a fuera, el caos de la revuelta no cesa y la violencia repica contra el edificio. El humo de la calle se confunde con el de los cigarrillos y poco a poco el ambiente se vuelve más confuso, irrespirable. El tedio y la desesperación hacen mella en los personajes de Fum, la nueva propuesta dramatúrgica de Josep Maria Miró que se representa en el TNC.

Àlex (Joan Carreras) y Eva (Anna Sahún) son un matrimonio recién llegados en aquel inhóspito país para recoger una niña en adopción. Jaume (Lluís Marco) y Laura (Carme Elías) son otro matrimonio, también de Barcelona, de edad avanzada que pasan largas temporadas en una casita cerca de allí. Debido a los últimos acontecimientos se han visto obligados a refugiarse en el hotel. Su estancia allí no será fácil. El matrimonio joven viven en tensión y nerviosismo, llevan cinco años con la adopción y ahora que parece que ya la tienen explota la revuelta. El otro matrimonio vive con menos preocupación, él intenta escribir sus artículos y ella se resigna a pasear por el hotel. Así tropieza con Àlex quien decide enmarañarlo en un espiral de mentiras, manipulaciones y confusiones. Después le tocará a Eva. Allí nadie se salva, todos demuestran sus carencias morales.

Miró es uno de los autores amparados por el añorado T-6. En él, estrenó el polémico Gang Bang, una historia que se sucedía en un club de alterne gay. Después hizo El principi d’Arquímedes, otra pieza magnífica que daba para muchas reflexiones. Con Fum, el dramaturgo sigue la senda y aunque huye del escándalo (así interpretaron sus dos obras precedentes algún sector del público) sigue provocando la confusión y la incomodidad en el espectador. El teatro de Josep Maria Miró es político, pues sitúa a sus personajes en el ojo del huracán y les obliga a tomar decisiones que les dará más autoridad o poder en las relaciones sociales. Pero lo es además por su vocación periodística, a través del reflejo de la realidad en los conflictos latentes o patentes del texto. En Gang Bang era la visita del Papa a Barcelona; en El Principi d’Arquímedes era la pederastia; en su nueva propuesta teatral es una revuelta popular en un país tercermundista. Miró no se arruga y ahora incluye una tensa historia de engaños entre parejas en un paisaje peligroso, extremo y desconocido tanto por los personajes como por el espectador.

La partitura del autor está compuesta por un principio directo, entrando a saco en el juego de corrupción moral que propone Laura. Este personaje siembra la semilla del desconcierto durante las primeras escenas para luego retirarse secretamente y que el resto vaya sucumbiendo al juego de mentiras y manipulaciones. Pero el autor quiere dejarlo todo atado, sin dejar dudas sobre los porqués de cada personaje dando el mejor final para sus personajes, pero con un futuro nada halagüeño. Miró de hecho es un buen maestro en la convivencia de los tiempos . Sus personajes vienen cargados con un pasado que les pesa, aunque es asumido con naturalidad y resignación. Así enfoca la acción en el momento en que afloran las dudas y hace explotar el conflicto  a través de la manipulación y la traición que hunde a todos sus personajes en la corrupción moral.

Miró se desenvuelve bien también con sus actores, todos ellos espléndidos dando las mejores bazas  a Carme Elías y a Lluís Marco. La primera es elegante y pérfida, a medio camino entre Lady Macbeth y Iago, pero con un fondo más humano. El actor da vida a un personaje maduro, reflexivo, con un poso de tristeza por lo que acontece más allá de las paredes y por el hastío interior que ha detonado. A su lado brilla una escenografía simple pero dinámica (marca mironiana) y con una iluminación con un papel textual y atmosférico muy bien definido.

Josep Maria Miró es sin duda un autor contundente que muestra los comportamientos más miserables de la naturaleza humana, aunque en esta obra se entienden más las causas. Fum es otro texto interesante en la carrera de un autor que no se anda con rodeos, incomoda e inquieta al público ofreciendo historias de obligada posición.

 

Fum  de Josep Maria Miró.

Dirigida por Josep Maria Miró.

Interpretada por Joan Carreras, Anna Sahún, Carme Elías y Lluís Marco.

Drama de perversidades morales.

En el Teatre Nacional de Catalunya hasta el 26 de enero.

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