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Crítica de Fedra - Masteatro

Crítica de Fedra

Encarar un texto clásico en este siglo puede ser una arma de doble filo. ¿Hacia dónde tiras? ¿Hacia la traslación de las coordenadas que marca el texto original a la actualidad, dando vigor y vigencia al conflicto latente? ¿O con ansias de homenaje a un teatro académico,  mantienes el tono y la estructura gramatical clásica de la obra, con su métrica alejandrina (en el caso que nos precede)? El riesgo está en cualquiera de las dos propuestas, pero en el teatro uno debe de apostar ciegamente aún sabiendo que su propuesta no será bien recibida por todo el mundo. Y por eso, en este caso, relativizo la sensación de fracaso y decepción en la que me ha hundido Sergi Belbel con su adaptación (traducción y dirección) de Fedra de Jean Racine.

¿Porqué Belbel, un autor que le gusta los nuevos cánones dramatúrgicos, ha tirado hacia atrás en esta mirada al mito de Hipólito que Racine, en el siglo XVII francés, recreó bajo la mirada enfermiza de su madrastra Fedra? Si bien ya hizo un ejercicio parecido con La Bête, cabe decir que en este caso el texto era mucho más pesado, de tono culebronesco que la comedia sobre el papel del artista y de las distintas concepciones del arte que escribió David Hirson. Las tragedias griegas pueden llegar a ser cansinas sino se le da el empaque necesario. Y en esta adaptación, todo pesa demasiado, todo es tan  grave y tan intenso que pierde credibilidad. Aunque siento que a lo mejor también es una cuestión generacional, pues a mi lado una platea de unas cuantas generaciones mayores que la mía aplaudía a rabiar.

Lo que no entiendo es porque teniendo un elenco tan excelente capitaneado por Emma Vilarassau y Mercé Sampietro, acompañados por Lluís Soler y Jordi Banacolocha entre otros, Belbel no les saca el jugo que debía. La historia nos relata el amor tortuoso de Fedra por Hipólito, su hijastro, y como su confesión y locura acarrea un destino trágico para sus protagonistas. Si bien la historia es dura y requiere de una intensidad en la interpretación , uno tiene que saber mesurar las réplicas para dar con el tono adecuado en todo momento. Yo lo sentí todo tan intenso, tan afectado todo que no pude entrar en la historia en ningún momento. Y sin duda el que se lleva la palma es Xavier Ripoll.¿Porque necesita demostrar tanto, tanto, tanto su orgullo, que es el más chulo del mundo y luego que es el que más sufre por estar enamorado? No masculla las palabras, las escupe, des de la primera réplica, y aunque en el tramo medio se relaja, luego vuelve a las andadas. Le falta tanta sutileza. A él y a todos en general. Si bien, a pesar de todo, Emma Vilarassau tiene momentos brillantes como en el parlamento final, tan ida, tan derrotada. Y Lluís Soler, da su propia lección de sobriedad y autoridad escénica, sin necesidad de aspavientos.

Si bien vale la pena de rescatar de este montaje es por la escenografía. Una tierra árida, gris, llena de piedras, creando varios desniveles, con un riachuelo que divide el escenario. Coronando este desolado paisaje está un inmenso sol sobre el cual péndula muy lentamente una circunferencia negra. El efecto es magnífico y el significado dispar. Un sol que se va eclipsando? Una luna que la vemos en todas sus fases? Es el tiempo que pasa y pesa  lentamente en las cabezas de los protagonistas. Un gran acierto por parte del orfebre escenógrafo que es Max Glaenzel, pero al que Belbel no le saca todo el potencial que debería a través del juego de sus actores con estos elementos tan marcados, el río y el sol/luna. Aunque, ya les digo, que debe ser cosa mía, que no conecté con la propuesta.

Fedra de Jean Racine

Dirigida por Sergi Belbel

Interpretada por Emma Vilarassau, Mercé Sampietro, Lluís Soler, Xavier Ripoll, Jordi Banacolocha, Queralt Casasayas y Gemma Martínez.

Tragedia clásica

Hasta el 15 de marzo en el Teatre Romea

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