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Crítica de Els veïns de dalt - Masteatro

Crítica de Els veïns de dalt

Otra comedia sobre las miserias de la vida en pareja. Esta sería la manera de definir la primera incursión de Cesc Gay, director de cine (Ficción, En la ciudad, Una pistola en cada mano), en el teatro. El don de Gay siempre ha sido el de hilvanar buenos diálogos para tejer con ellos relaciones humanas complejas que muchas veces llevan a situaciones de gran tensión. Sus películas de hecho son piezas formadas por escenas donde dos, tres personajes hablan sobre la cotidianidad de sus vidas. Por eso el paso de Gay por el teatro no sorprende a nadie, más teniendo en cuenta que su mujer es la actriz Ágata Roca, quien se adueña de uno de los personajes bombón de Els veïns de dalt, en el Teatre Romea.

Observador de la realidad que le rodea, Gay cogió inspiración en su propia experiencia. Unos vecinos ocuparon el piso de encima de su familia. Des de que se instalaron dieron rienda suelta a su pasión sexual aprovechando cualquier hora del día o de la noche. Y no eran silenciosos, bufidos, gritos, gemidos, las paredes que retumbaban. Esta situación tan incómoda, sobre todo si además tienes hijos pequeños en casa, supo sacarle punta y se le pasó por la cabeza de escribir alguna historia parecida. No tenía pero la idea de estructurarlo como película. Así que la idea iba creciendo en su cabeza mientras seguía con su trabajo. Y de tanto crecer al final encontró que el teatro era el lenguaje que mejor le iba a esta historia.

Así nos encontramos con un matrimonio, cansado, hastiado, que discute más que habla. Ana es una mujer que vive por el quedar bien; Juli, un hombre que hace del sarcasmo su modo de comunicación verbal. Ana ha decidido invitar a los vecinos de arriba para un pica a pica y así agradecerles su ayuda cuando se mudaron. Juli no quiere ni verlos. Su actividad sexual frenética y ruidosa, les impide hacer vida y dormir con tranquilidad. Al final será demasiado tarde y se los encontrará en casa. Así que su plan será el de denunciar su perversidad y pedir explicaciones, hecho que su mujer, amante del qué dirán, intentará evitar como sea.

Esta obra, como las buenas comedias, va in crescendo. La clave está en ir tensando más y más la situación. En este caso, la tensión está instalada en varios frentes, en el mismo matrimonio, en la presencia de Laura y Salva (los vecinos) y en la dicotomía de denunciar o no denunciar el frenesí sexual. Pero Gay dota a los vecinos de una personalidad libertaria, sincera y sin prejuicios. Así sube tres peldaños de golpe en el tensiómetro cuando éstos se adelantan a la denuncia de Juli y les piden disculpas por su comportamiento lujurioso y al mismo tiempo les cuentan todas las fiestas sexuales que celebran en su piso. Entonces primero viene la perplejidad, luego las reacciones del matrimonio siguen su proceso natural, se distancian, ella aceptando con fingida naturalidad las prácticas de sus vecinos, él, desaprobándolas con sarcasmo. Pero el conflicto no está con los vecinos, sino entre Juli y Ana y su insoportable vida llena de reproches, de sueños rotos y de una falta de amor y pasión que les obliga a encontrar otros estímulos lejos de ellos mismos. Unos se exhiben, los otros son voyeurs. El tono, tanto en lo despectivo (entre el matrimonio) como en lo sexual (de los vecinos al matrimonio) va subiendo, pero la violencia se contiene cuando Laura les sienta para hacer terapia de pareja que terminará descubriendo el porqué de tanta decepción del uno hacia el otro. Y después un final de una velada terrible que les habrá servido para hacer catarsis. Pero que se intuye un poco forzado, mal terminado.

El texto lo levantan cuatro intérpretes con ganas de hacer lucir la comedia, sobretodo el matrimonio. Pere Arquillué compone un Juli pasivo-agresivo, con una lengua viperina, incapaz de decir las cosas sin una gota de sarcasmo; Ágata Roca se calza una Ana herida, víctima y verdugo que se debate internamente entre la corrección y el quedar bien o el dejarse llevar como hace en su intimidad. Mientras, los vecinos actúan de dinamitadores. Jordi Rico, divertido en su desfachatez es el bombero que incendia todos los fuegos, sin morderse la lengua; a su lado, Nora Navas, da la sensación de ser una mera comparsa del bombero cachondo, una mujer que se supone que se ha liberado sexualmente pero que le falta intención y picardía. Parece que para Gay este personaje solo está por el hecho de que es la psicóloga que terminará haciendo terapia al matrimonio.

Así, pues Gay nos hace pasar un buen rato con otra comedia más sobre las relaciones humanas, sobre los matrimonios rotos, y en el que el espectador se pueda sentir reflejado en algún aspecto. Aún así, creemos que quedan mejor las disecciones más oscuras y dramáticas que practica en cine.

 

Els veïns de dalt, de Cesc Gay.

Dirigida por Cesc Gay.

Interpretada por Pere Arquillué, Ágata Roca, Jordi Rico y Nora Navas.

Comedia sobre las relaciones de pareja.

Hasta el 17 de mayo en el Teatre Romea.

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