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Crítica de Els Jugador de Pau Miró - Masteatro
Els Jugadors de Pau Miró

Crítica de Els Jugador de Pau Miró

Els Jugadors de Pau Miró

Un piso viejo, sin decoración y con lo esencial. Y en él una mesa donde se ha gestado una amistad a base de naipes. Cuatro hombres hundidos en el fracaso personal y/o profesional. De hecho parece que la derrota es para ellos una regla vital, avanzan con ella, a partir de ella hacia otra derrota: otro día más sin lograr el ansiado papel en otro infausto casting, u otro día más sin lograr resolver aquel problema matemático que terminó con su paciencia, u otro día más sin atreverse a llevarse a Irina del prostíbulo, u otro día más sin hacer nada para no perder a su esposa y a su barbería. Pero si el coraje no sale de entre los vivos serán los muertos los que tendrán que dar una señal para la reacción. Solo así podrán salir de sus miserables rutinas Els jugadors de Pau Miró, que durante unas semanas se instalan en el Lliure de Gràcia.

Pau Miró es otra de estas voces jóvenes pero con un buen currículum que ha pasado por casi todos los teatros de Barcelona tanto como actor como de dramaturgo. A Miró pero le va más contar historias salpicadas de humor donde la realidad es filtrada a través de la ironía. Dice el autor que con esta obra pretende contar un cuento con distintos cuentos dentro, una historia sencilla pero un poco rara, con sus zonas oscuras. Y desde esa idea de tono ha creado cuatro personajes con sus desgracias personales que se vuelven a encontrar para ayudar a uno de ellos. Es a partir de aquí donde les vemos y entonces sus vidas se vuelven cada vez más miserables, las cosas cada vez les van peor hasta llegar al punto más bajo, allá donde Pau Miró los quería llevar des de un principio para que estos jugadores se sacudan su cobardía y su autoindulgencia para hacer la jugada de sus vidas y llevarse el botín de la caja.

Así este texto empieza mostrándonos una serie de escenas de presentación de los personajes, tan dispares y distintos entre sí, y de sus conflictos. El desarrollo de todas estas escenas están escritas para llevar progresivamente al punto álgido del final, el atraco a un banco, objetivo dramatúrgico del autor desde un principio. Este robo es básico para los personajes y para el texto, funciona como revelación y revolución.

Cada personaje, cada figura está moldeada con un carácter diferente, todos con una peculiaridad que les distingue: uno de apariencia apacible que ha sufrido un brote de ira y violencia; otro, nervioso y gruñón que se desvive por una prostituta y sus cuentos; otro, un actor que se pasea por todos los castings y que tiene tendencias cleptómanas; y el último, un hombrecito tradicional, barbero, que ve como se esfuma todo por lo que ha luchado y lo acepta con una resignación exasperante. Pero en uno de estos personajes, Miró planta la semilla para el cambio. Con un toque sobrenatural, permita la entrada bien justificada del fantasma del padre del profesor fallecido recientemente para que despierte la reacción. Miró, sabiéndose buen jugador de la dramaturgia, se guarda un as, un pequeño macguffin para al final resolver un enigma que afecta a un personaje y que servirá para entrar en el clímax final.

El teatro escrito por Miró no solo vive de sus historias bien trenzadas de amarga ironía, sino también de sus intérpretes. Y no cabe duda de la altura de los cuatro actores, casi residentes en el Lliure ya (este año han coincidido los cuatro en Quitt de Lluís Pasqual). Son Andreu Benito, Jordi Boixaderas, Jordi Bosch y Boris Ruiz. Miró trata con el mismo mimo a los cuatro personajes y sus actores dan su réplica con buenas maneras, pero me quedo con el histérico Jordi Bosch que siempre se ha destacado por una vis cómica desarrollada a través de personajes con un punto o dos de patetismo. Y también me quedo con el favor que le hace el autor a Boixaderas (y al público) para darle el micro y hacerle cantar un poco de Dean Martin, en un apunte que bien podría sonar a Rigolada (dícese del truco dramatúrgico para romper la linealidad. marca de Àlex Rigola, que se trata de hacer cantar a los actores) pero que se justifica perfectamente en el texto y el personaje en cuestión. Buena voz la de Boixaderas y por tanto muy buena imitación del crooner americano.

Así pues Miró se consolida como otra voz más para alabar dentro del rico panorama literario catalán. Estos jugadores y su historia bien podrían pervivir en nuestra memoria como lo hacen ciertos clásicos contemporáneos. Otra vez el Lliure la ha acertado con otro autor de casa en un final de curso realmente brillante.

 

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