Critica de 'Els dolents' - Masteatro

Critica de ‘Els dolents’

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Para cualquier actor, estar en un montaje de alguna obra escrita por William Shakespeare, es lo más. Como en toda obra hay personajes y personajes, pero el sólo hecho de formar parte del elenco de una obra del bardo inglés ya merece un punto y parte en la carrera del actor. Y si además al actor o actriz en cuestión le dan la responsabilidad de representar a Hamlet, a Shylock o a Ricardo III, el reto será enorme y pasará a engrosar la selecta lista de intérpretes de los malvados de Shakespeare. Pero imagínense que un solo actor, uno sólo, interpretará a todos los célebres malvados de Shakespeare, a los ya dichos más Yago, Oberón y Coriolano. Este tour de force es Els dolents (Shakespeare’s Villians), un monólogo interpretado por Manel Barceló, actor versado ya en varios Shakespeare, en un texto genial escrito por el actor y dramaturgo británico Steven Berkoff y que se representa en la Sala Muntaner.

Esta obra es un homenaje en toda regla al genial dramaturgo inglés pero sobretodo al oficio de actor, pero de un tipo de actor, el actor que hace un Shakespeare, que lo diferencia de otro actor convencional. Ya lo dice Berkoff, un actor alimentado con las obras de Shakespeare es un animal de teatro diferente. El autor admira profundamente todo lo que viene de Shakespeare y todo lo que ha creado a lo largo de siglos y siglos de representaciones, y tienen un conocimiento bien detallado de los montajes más célebres. Casi se podría decir que para Berkoff, Shakespeare era una obsesión. Y cuando un creador tiene una obsesión artística hay que darle salida como sea. Así que llegó el día en que sintió que tenía que escribir un monólogo para poder representar Shakespeare como y cuando quisiera y así representar cualquiera de sus papeles favoritos. La excusa perfecta para ver un Shakespeare extended en toda regla.

Y el escogido para el monólogo en Barcelona es Manel Barceló quien, dirgido por Ramón Simó, interpreta hasta 81 personajes aunque algunos de una manera más testimoniales. En el escenario vemos a Shylock, a Coriolano, a Hamlet, pero también a Al Pacino, a Sir Laurence Olivier, hasta a la figura de un crítico teatral. Todos esos personajes sufren del afilado humor del autor quien cataloga unos cuantos de estos malvados. Y al poco de comenzar la función Barceló ya nos da las instrucciones precisas para seguir la función. Esto tratará sobre estos malvados que tan bien escribió el dramaturgo, unos personajes que a todo el mundo provocan tanta repulsión como admiración. Y que tienen un perfil psicológico muy amplio, pero fácil de catalogar, al menos para el autor. Así, el primero en entrar en el laboratorio es Yago, el malo mediocre por excelencia, pero vaya, que la mediocridad es un atributo en el cual vive sumida la mayoría de gente, incluido el público asistente. Barceló/Berkoff dixit. Este nivel de pullas, de sarcasmo y hasta a veces de insulto directo se mantiene a lo largo de la obra para dar su merecido a actores, críticos, directores, dictadores. A los que menos, aunque también recibe lo suyo, al público, faltaría más. Mientras Barceló se transforma en Yago, en Otelo o hasta en Desdémona, se prepara en la recámara Ricardo III. El sanguinario monarca es presentado como el malvado genial, un personaje inhumano que tanto pide azúcar para el te como una cabeza cortada de algún súbdito. Y para poner la punta histórica actual Barceló lo define como precursor de Hitler, Franco o Bin Laden. Es en esta parte donde Barceló saca su mejor imitación, la de Al Pacino en la película documental Looking for Richard, con esa voz, ese acento tan exagerado. Luego aparece Macbeth, con algunos restos de amor que le hacen ser más humano, más reflexivo. Otro punto y aparte es cunado se mete en la piel de Shylock, el judío de El Mercader de Venecia, el cual define como un usurero repugnante, mal vestido, desagradable y no como ese personaje de modales más refinados que las nuevas adaptaciones han dibujado en pos de, según el autor, la corrección política. Finalmente se atreve con el menos malo de todos los malos, el asesino en serie Hamlet. Y a lo último ataca ciertos pasajes de El sueño de una noche de verano donde ataca a todo aquel que llama Puck (tal como suena) en vez de Puck (pack) pues suena como a fuck. Curiosa reflexión. Y es que el texto es asimismo un análisis concienzudo de la letra y el mensaje de las obras de Shakespeare, tanto para hacer referencia de los toques más distintivos como a los más vulgares.

Cabe destacar también el trabajo del traductor Mariús Serra, quien de buen seguro con ayuda del director Ramón Simó o el actor Manel Barceló incluyeron en el texto todas las referencias actuales y sobretodo las que reflexionan sobre la realidad española y catalana. Así, al encontrarse metido en la comparativa entre diversos intérpretes que han hecho Shakespeare, recibe el actor de método por excelencia de nuestro país, Josep Maria Flotats, quien precisamente no ha estado nunca en ningún montaje del inglés, pero que si lo hubiese hecho, seguro que dirían siempre que él lo habría hecho mejor que el último que hubiese intentado meterse en la piel de algún Hamlet o un Yago. Así tanto recibe el pobre Flotats como el establishment de la crítica inmovilista teatral.
Hay momentos para todo, pero sobretodo para disfrutar del texto y de cómo lo deja ir Manel Barceló, liberando su gestualidad más animal, siendo el hombre de las mil caras e impostando su voz de muchas maneras diversas con una dicción para el verso perfecta. Aprovechen para ver a este animal único, esta especie exótica hasta el 8 de abril.

Els dolents (Shakespeare’s Villians) de Steven Berkoff.
Dirección: Ramón Simó.
Intérprete: Manel Barceló.
Traducción: Mariús Serra.

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