Crítica de 'Els desgraciats' - Masteatro
Els Degraciats

Crítica de ‘Els desgraciats’

Els Degraciats

La Sala Atrium no llega al año y medio. Gestionada por un estudio y una productora teatral empezaron a programar proyectos escénicos alejados de lo convencional y lo comercial y adaptados a su teatro bien pequeño, con un escenario también limitado, pero con grandes capacidades escénicas por su forma de media luna. Es uno de estos teatros donde la comunicación del actor con el espectador es directa, íntima y mágica. Y así se recibió el otro día con dos actores, Jordi Vilches y Bruno Bergonzini, quienes interpretaron a Jack y Baptiste respectivamente en Els desgraciats una obra dirigida por Iván Morales, responsable de la estimable Sé de un lugar y escrita por una autora maldita, de la decadencia del siglo XIX, Margarida Trosdegínjol.

Esta obra es la segunda programada por el ciclo Atrium Lab, un laboratorio donde, rizando el rizo en la filosofía de la sala, pretenden mostrar aquellos proyectos más arriesgados, y dar espacio a ideas escénicas renovadoras de gran valor cultural y creativo. Y sí, Els desgraciats és arriesgada, outsider y creativa, pero a veces queriendo enfatizar ciertos aspectos de los personajes, de su manera de hablar o de sus silencios, pierde el sentido del ritmo. Y para mantener el interés en una obra no hay que descuidar éste.

Pero a pesar de esto, que si que es importante, esta obra contiene dos buenas interpretaciones a cargo del dúo Vilches y Bergonzini, una historia que mezcla terror, nostalgia, humor de clown y muchas cazadoras negras, metáfora de este final con tantas lecturas. La autora es una tal Margarida Trosdegínjol, dramaturga de la cual se conoce prácticamente nada pero que Iván Morales ha descubierto y ha querido hacer suya. De echo, la simbiosis de caracteres hace pensar que Torsdegínjol bien podría ser el propio Iván Morales ayudado por el otro dramaturgo Martí Gallen. Pero nada más lejos de la realidad, no existen pseudónimos ni alter egos. Así esta mujer, comparada a Edgard Allen Poe, creó un circo de los horrores poblado por dos hombres tullidos. Allí esperan a Svetlana, ese amor perdido de Baptiste (Bergonzini). Suerte que tiene a esa especie de Quasimodo, su compañero Jack, que le alienta para seguir preparando el número para cuando llegue su amada, o quien sea que tenga que llegar. Porque Baptiste y Jack tienen hambre, mucha hambre, y ya solo les queda una albóndiga, la de la reserva de la reserva de la reserva.

Esta historia rara, oscura, desagradable aún teniendo sus baches, tiene momentos muy buenos y al menos tiene un buen final, con un número de clown a cargo de los dos intérpretes que revindica su buen oficio a pesar de ciertos tics muy marcados por el texto. Pero vale la pena llegar a ver a Bergonzini emulando al payaso triste, a lo Buster Keaton y a Vilches, el mejor, hacer de payaso travieso, pero sin inocencia. No hay ningún tipo de inocencia en estos dos coleccionistas de cazadoras negras.

Así pues, aplaudimos el montaje, porque aún siendo desigual contiene buenos momentos en el texto y en la interpretación.

Els desgraciats de Margarida Trosdegínjol.
Dirigida por Ivan Morales.
Dramatúrgia por Iván Morales y Martí Gallen.
Interpretada por Bruno Bergonzini, Jordi Vilches y Óscar Blanco.
Sala Atrium.
Comedia lúgubre circense.

 

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