Crítica de 'El rey León'
Crítica de el musical del rey león: El rey León no es un musical, es una obra de arte.

Crítica de ‘El Rey León’

El Rey León no es un musical, es una obra de arte.

Cuando tenía 14 años se estrenó la película de ‘El Rey León’ y recuerdo que disfruté enormemente de esta producción de Disney. También recuerdo el videojuego que me mantuvo horas y horas tras la pantalla del ordenador hasta conseguir superar todos los niveles. Ahora, casi 15 años después, vuelvo a encontrarme nuevamente con la llamada de la selva, con la llamada de ‘El Rey León’ en el Teatro Lope de Vega de Madrid, que se abre de nuevo tras su reforma.

Todos conocemos su historia, trama, desenlace y enseñanzas. Por lo tanto, este aspecto de la obra no es algo de lo que tengamos que sorprendernos. Pero el montaje de la misma es francamente sensacional. Los primeros minutos de función nos recuerdan enormemente a la película original, y la voz de Rafiki, interpretada por la sudafricana Brenda Mhlongo, deja literalmente sin palabras y con los pelos de punta durante la primera canción del musical: ‘El ciclo sin fin’. Durante esos primeros instantes, el escenario se llena de animales en una danza ordenada, aunque un poco caótica a la vista por la explosión de color y movimiento, lo que hace difícil seguir toda la acción. Sin embargo, este estallido de música, tonalidades y movimiento nos transporta mágicamente al África natal de los personajes y consigue que nos rindamos, desde el primer minuto, al juego visual ideado por Julie Taymor, directora del musical original. Nos atreveríamos a decir que merece la pena asistir al espectáculo tan solo por poder contemplar esta primera escena, sin duda una de las más impactantes de sus dos horas y media de duración. Una duración que, lejos de hacerse pesada, deja al espectador con la miel en los labios y con las canciones de este musical en la cabeza.

Sobresaliente la escenografía y un fantástico juego de luces que nos mueve a través de la noche, el alba, el día y el atardecer africano con sus colores anaranjados en apenas unos segundos. Sobresalientes también el vestuario, compuesto por más de 200 vestidos, así como las marionetas y las máscaras, auténticas obras de arte inspiradas en la cultura africana y manejadas con gran destreza y aparente sencillez por los diferentes actores. En este punto, cabría destacar el trabajo de Esteban Oliver y David Ávila, que interpretan a Zazu y Timón respectivamente. Su trabajo, como el del resto del reparto, logra el milagro del buen teatro: que nos creamos la mentira, que nuestra imaginación intuya e invente lo que no está sobre el escenario. . Sobresaliente, en definitiva, el trabajo del grupo actoral al completo, tanto en las canciones como en la parte interpretativa. Yodo esto aderezado por un grupo de cantantes y bailarines excelentes y una orquesta en directo que mantiene una ambientación espectacular en cada momento de la obra.

Pero, como todo no puede ser perfecto, destacaría dos momentos de la obra que no terminan de cuadrarme del todo. Uno de ellos lo achacaría, quizás, a un fallo de dirección en esa escena o al hecho de que asistimos a los inicios de la larga andadura que le auguramos a esta función. Me refiero a la escena en la que se representa  la muerte de Mufasa, el padre de Simba. Esta escena, de una impactante fuerza dentro de la película, no logra transmitir el mismo sentimiento y emotividad sobre las tablas. Le falta fuerza y no es, en mi opinión, responsabilidad de los actores, que, como he dicho unas líneas más arriba, son brillantes. La segunda crítica se refiere al momento que podríamos denominar como la escena “sevillanas”.  Aunque comprendemos la voluntad de españolizar ciertos aspectos del libreto en su versión castellana, considero que se estrella sacándote fuera de la magia de la obra al vestir de forma inesperada a uno de los personajes (africanos) con un traje típico del sur de España. Si la intención de Julie Taymor era  adoptar  algo típico de cada país donde se interpreta y  añadirlo al conjunto y, sobre todo, al espíritu de la obra, creo que deberían haber trabajado más en  este aspecto  y no dejarlo en la que, bajo mi punto de vista, es la solución más fácil.

El coste de la entrada, a priori, podría parecer algo elevado. Sin embargo, si analizamos el enorme trabajo que lleva detrás este gran espectáculo y la emoción que llega a transmitir, el espectador puede estar seguro de que ese esfuerzo económico por su parte se verá altamente recompensado.

En definitiva, es una obra de arte que no dejará indiferente a nadie, ni tan siquiera a aquellos que no disfruten con los musicales, ya que podríamos decir que no se trata de un musical al uso. Julie Taymor realizó un trabajo excelente en la adaptación al teatro de este gran cuento sobre la vida y la búsqueda del destino personal. Hoy estamos de enhorabuena, pues esta nueva versión en castellano le hace sobradamente justicia.

Video: El rey León

9 comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *