Crítica de El Rei Lear - Masteatro

Crítica de El Rei Lear

El Teatre Lliure ha programado otra vez uno de sus montajes insignes del año pasado, El rei Lear de Shakespeare. Tanto crítica como público respondieron fantásticamente al montaje dirigido por Lluís Pascual, con un elenco de campanillas y capitaneados por una actriz de raza como Núria Espert. Un servidor se quedó sin poder verla y emitir su valoración el año pasado. Pero este año no he dejado perder la oportunidad. Y si hay alguien detrás de la pantalla de su ordenador, Smartphone o Tablet que aún no ha ido a verla, no lo dude, es una gozada.

Como muchas obras escritas por el bardo inglés, la potencia textual y escénica de El rei Lear es tan poliédrica que cada director que lo revisa, pone el foco en una de estas caras. Pascual decide hablar sobre la vejez contrapuesta a la juventud. Si bien el texto nos habla en gran medida de las relaciones entre padres e hijos, de las cargas que hijos y padres soportan y de cómo los hijos matan a los padres, Pascual enfoca esta adaptación hacia la figura del padre viejo, del hombre a las puertas de la muerte. Un homenaje a la fragilidad de la vejez, de la autoridad perdida y pisoteada no sólo por la edad, sino también por los descendientes llenos de ambiciones perversas. Y así hay que entender la elección de Núria Espert como El Rei Lear. La dama de teatro, esta figura que se ha recorrido medio mundo dando muestras de su talento escénico, se encarga de hacer un Lear que en un principio no entendía. Las primeras escenas parecen grotescas, un Lear airado, despótico, que reniega de su hija Cordelia, un hombre vanidoso que exilia su fiel conde Kent, pero interpretados por esta mujer de talla menuda, con una voz firme, pero delicada, sin fuerza viril. Una contradicción entre lo que se nos dice y lo que vemos que cuesta de asumir. Si bien, a medida que se va desarrollando el relato, el personaje termina encajando en esta idea de monarca desvalido, de viejo cuyas amenazas y órdenes son vistas como pataletas seniles. Por eso Espert conduce su Lear, sin excesos ni tics, hacia un personaje diferente convenciéndonos de que no podría haber otro.

Pero no es la única dama de edad aventajada con la que Pascual cuenta. A su lado está el bufón interpretado por la valenciana Teresa Lozano, una señora aún más bajita que su rey, pero cuyo personaje no duda en subirse a la chepa de éste. Ya sabemos la función del bufón, pero este no es un mero narrador, no es un liante, este, junto con el duque de Kent, es el fiel escudero de Lear. Porque más que bufón y monarca, la relación entre estos dos son como de los amigos de toda la vida, con quienes las verdades son más ciertas y dolorosas. Por eso durante toda la primera mitad de la obra, el bufón, ser grotesco, ahora con vestido de luces, ahora con una bolsa de plástico en la cabeza, recita sus pullas, acompañada de un organista, contra el rey, contra las hijas y avisando de lo que vendrá. Además Pascual decide darle su final glorioso, con una boutade, dándole la posibilidad de despedirse mediante un rap y una butifarra. En la segunda parte, el personaje desaparece. Decía Nuria Espert que Shakespeare vio que el personaje se estaba comiendo a Lear y supone que decidió borrarlo sin dar explicaciones.

Al lado de estas dos actrices, está probablemente uno de los repartos más solventes y con mejores nombres para una obra de Shakespeare en Catalunya. Ramon Madaula trabaja como nunca con su duque de Kent, uno de los personajes que se esconde tras otro personaje para hacer de vigía de Lear; Jordi Bosch, interpreta al conde de Gloster, bueno, inocente y manipulado hasta la desesperación; Julio Manrique ofrece otro recital de intensidad bruta haciendo de Edgard, pero sobre todo como loco Tom; David Selvas demuestra otra vez que bien le van los malvados con una actuación sublime con el perverso y ambicioso Edmund; dos mujeres como Mírima Iscla y Laura Conejero tejen sus personajes, las hijas de Lear, desde la crueldad, la frialdad, con pocos matices para que no podamos sentir ninguna empatía; y luego, un largo etcétera de actores que con personajes más o menos testimoniales consolidan este cuadro interpretativo como una de las obras de reparto más extenso y más equilibrado de los últimos años.

Luego está la propuesta escénica. Pascual, figura eternamente ligada al Lliure ha vuelto a los orígenes y ha desmontado el escenario. Con la disposición de gradas enfrentadas cara a cara, deja un pasillo en medio para que lo ocupe el elenco. En éste se alzan y se bajan plataformas para dar relieve a las secuencias. Pascual también proyecta los cielos sobre los que caminan sus personajes. Pero donde el impacto es más grande está en la presencia real de la música. La combinación entre la diegética y la extradiegética acompaña e interpela a los personajes a lo largo de la obra. Los sonidos de la tempestad, los acompañamientos al bufón, los cánticos religiosos, todos estos momentos donde la música respalda los acontecimientos sin restar protagonismo ni subrayar en exceso.

Con todos estos elementos es de recibo decir que Pascual ha domado el Lear de Shakespeare para darle una lectura propia y memorable. Pero al César lo que es del César, ¡qué jodidamente bueno es Shakespeare! Un gustazo señores y señoras.

 

El rei Lear de William Shakespeare

Dirigidos por Lluís Pascual

Con Núria Espert, Ramon Madaula, Jordi Bosch, Teresa Lozano, Julio Manrique, David Selvas, Laura Conejero, Miriam Iscla y muchos más.

Tragedia shakespeariana  con el toque Pascual.

Hasta el 31 de enero en el Teatre Lliure de Montjuïc.

 

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