Crítica de "El ministro", con Carlos Sobera y Marta Torné - Masteatro
El ministro

Crítica de «El ministro», con Carlos Sobera y Marta Torné

La sátira política está de moda. Si hace apenas unas semanas hablábamos de la adaptación española de Feelgood, con Fran Perea al frente del reparto, hoy tenemos que detenernos en otra comedia que pone el foco en la ambición y la falta de escrúpulos de la clase política. Antonio Prieto, conocido guionista de series de televisión como Amar es para siempre, ha dado el salto al teatro con El Ministro, una divertida comedia que se alzó en 2013 con el V Premio Internacional de Teatro para Autores Noveles Agustín González.

El teatro Cofidis de Madrid ha sido el escenario escogido para su presentación oficial, y lo hace con un reparto plagado de caras conocidas, tanto en el teatro como en la televisión. Al frente del elenco encontramos a Carlos Sobera, encargado de ponerse en la piel de un ministro de Economía sin escrúpulos, que hará todo lo posible para conquistar a la profesora de francés de sus hijos (Marta Torné) y garantizarse un puesto en el Gobierno, a costa del propio presidente. En este montaje Sobera demuestra la empatía con el público que ya conocemos de sus apariciones televisivas. Saca a relucir su vis cómica para dirigir un divertido diálogo con el espectador, entregado a la causa durante toda la representación, aunque lo vemos algo flojo en el dominio de la técnica. A menudo se mueve con poca frescura, con una acusada tendencia a la sobreactuación.

Marta Torné, que en otras ocasiones nos ha arrancado palabras de admiración, aquí la vemos braceando con más dificultades por el terreno de la comedia. Aporta dinamismo, calidez y cierta verosimilitud a la trama, pero se queda algo corta cuando debe sacar a relucir todas sus armas para conectar con el público. No debemos olvidar, en todo caso, que la obra acaba de echar a rodar, por lo que aún necesita de un periodo de rodaje para ir puliendo estos pequeños desfases.

La obra, con todo, está bien estructurada y garantiza la carcajada de manera constante. Al contrario que otras producciones de reciente incorporación a la cartelera, El ministro puede presumir de ingenio y ritmo, si bien en algunos momentos se sirve de algunos tópicos y recursos fáciles para mantener al público enganchado (escenas como la del baño aportan poco a un texto con destellos de brillantez).

Es de justicia aplaudir el trabajo de Javier Antón y Guillermo Ortega, que son los que realmente aportan frescura, dinamismo, naturalidad y tensión al montaje. Sus papeles, aunque secundarios, se resisten a mantenerse en un plano de inferioridad y reclaman un lugar destacado a base de buen hacer.

Con todos estos elementos, El ministro teje una propuesta más que interesante, llena de risas y diversión desde que se levanta el telón hasta que cae. Todo fluye con un ritmo frenético y el público se mantiene alerta durante toda la obra. El objetivo de lograr la risa constante lo cumple con creces, por lo que hay poco que criticar al respecto. Estamos convencidos de que un poco de rodaje terminará por limar las asperezas de una comedia llamada a convertirse en uno de los éxitos de la temporada.

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