Crítica de 'El mal de la juventud' - Masteatro

Crítica de ‘El mal de la juventud’

El mal de la juventud

“La juventud, aun cuando nadie la combate, halla en sí misma su propio enemigo”. Estas palabras escritas por William Shakespeare en el primer acto de ‘Hamlet’, hace más de 400 años, vienen como anillo al dedo para introducir ‘El mal de la juventud’, una obra que causó un tremendo impacto tras su estreno en 1926 por su profundo análisis de la psicología de la denominada ‘Generación Perdida’. El escritor judío de origen búlgaro Theodor Tagger, más conocido como Ferdinand Bruckner, fue capaz de dibujar un crudo retrato de la juventud de los años 20, esa generación de jóvenes que sufrió en primera persona los rigores de un tiempo convulso, marcado por la Primera Guerra Mundial y el Crack del 29 –que llegaría pocos años después–.

Muy influenciado por las teorías de Freud y Nietzsche y por los supuestos del expresionismo, Bruckner disecciona en ‘El mal de la juventud’ una de las mayores ‘dolencias’ del ser humano, la juventud, un periodo de agitación que en el texto sólo tiene dos salidas posibles: aburguesarse o morir, entendiendo el aburguesamiento como un estado de aceptación de las normas establecidas. El trasfondo nihilista se advierte en temas oscuros como la desesperación, la soledad, el vacío, el alcoholismo o la prostitución, que se dan la mano con la diversión, el sexo y el charlestón, muy de moda en la Europa en los años 20.

Andrés Lima dirige de manera magistral esta adaptación a la escena española, haciendo posible un clima de tensión que se rompe de manera sutil con momentos de gran sutileza, a cámara lenta y con una cuidada música de fondo. La puesta en escena es impecable, así como el decorado-jaula que contiene en su interior dos discretas habitaciones de una pensión de estudiantes. Toda la acción se desarrolla dentro de este espacio, que sirve para encorsetar a los personajes y ahondar todavía más en la sensación de vacío de la generación de jóvenes que se nos presenta. La actuación es de gran nivel. Marta Aledo, Jesús Barranco, Irene Escolar, Sandra Ferrús, Iván Hermes, Aitor Merino y Amanda Recacha interpretan con maestría una obra eminentemente coral, donde todos ellos tienen su parte de protagonismo y en la cada comentario ha sido estudiado con la precisión de un cirujano.

Lima juega a la perfección con la intensidad de la obra, con momentos de relajación que suben de volumen hasta alcanzar situaciones de tensión que mantienen al público sujeto a su asiento y atento a cada palabra. No hay tregua. Esta energía nos prepara para un final explosivo y con una enorme carga emocional: ¿es el suicidio la mejor salida? ¿Merece la pena seguir viviendo? ¿Cuál es el sentido de la existencia? Éstas y otras cuestiones se dirimirán ante la mirada atenta del patio de butacas, cuya única salida es  romper en un sonoro y duradero aplauso tras esta exquisita demostración de buen teatro. Una obra ubicada en la Viena de los años 20, pero intemporal en lo que a contenido se refiere, dirigida de manera soberbia e interpretada con gran maestría. ‘El mal de la juventud’ es capaz de tocar las conciencias y provocar una reflexión más profunda una vez que se baja el telón.

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