Crítica de "El largo viaje del día hacia la noche" - Masteatro
El largo viaje del día hacia la noche

Crítica de «El largo viaje del día hacia la noche»

Cuando Eugene O’Neill escribió El largo viaje del día hacia la noche pidió que esta no se estrenase hasta 20 años después de su muerte. Leyendo la obra, y teniendo en cuenta los tintes autobiográficos que en ella plasmó  el autor, no resulta difícil darse cuenta del motivo.

Como referencia de autores de la talla de Tenesse Williams o Edward Albee, la obra de O’Neill  se adentra en escenarios intimistas. En El largo viaje…, el autor nos muestra los entresijos más ocultos de una familia de principios del siglo XX. Lo que aparentemente es un núcleo familiar unido, protagonizado por un matrimonio veterano y sus dos hijos, esconde detrás una profunda tragedia en la que problemas físicos (enfermedades, adicciones) y mentales (avaricia, hipocresía) destruyen todo lo que encuentran. Del mismo modo que la obsesión arrasa con Amanda Wingfield en El zoo de cristal o con George y a Martha en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, El largo viaje… presenta a cuatro personajes (más la criada) llenos de miedos, incertidumbres y lamentos por lo que pudo haber sido su vida. En este caso, la familia Tyrone  se refugia en los peores hábitos para alejarse de la realidad que les tormenta.

Este montaje protagonizado por Mario Gas y Vicky Peña se focaliza en el drama desde una perspectiva distante. Vemos en la historia unas interpretaciones irregulares, sobre todo las femeninas, que en su intento de demostrar altivez o simpleza, posicionan a los personajes detrás de una barrera temporal de un siglo de distancia. La obra se queda ahí, alejada de nuestra realidad emocional, fiel a un tipo de teatro estático sostenido prácticamente en su totalidad por el texto.

La puesta en escena es simplista, con poco más de una mesa y dos sillas. Sí que resulta destacable la iluminación y el espacio sonoro entre las diferentes escenas, en las que el mar y el sonido del faro ahogan la entereza de los personajes. También el vestuario de Elisa Sanz crea una atmosfera interesante, marcada por ese tono blanco que cubre externamente a la familia de la pureza que les falta a nivel interno.

Por lo demás, Cuco Afonso opta por una apuesta rígida, fría, sin más ornamento que la recitación. Más de dos horas de función de ritmo pausado, con una atención mantenida más por las impactantes revelaciones de los personajes que por las interpretaciones. Un montaje que destila aires de trascendencia y, como contrapartida, se olvida de la humanidad.

El largo viaje del día hacia la noche de Eugene O’Neill.

Dirigida por Cuco Afonso.

Interpretada por Mario Gas, Vicky Peña, Alberto Iglesias, Juan Díaz y María Miguel

Tragedia familiar.

Hasta el 8 de noviembre en el Teatre Romea.

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