Crítica de 'El lago de los cisnes' de The Imperial Ice Stars - Masteatro
El lago de los cisnes.

Crítica de ‘El lago de los cisnes’ de The Imperial Ice Stars

El lago de los cisnes.

Cabe decir de entrada que el que escribe no es un experto ni en danza ni en patinaje artístico. De lo que si que puedo hablar con un criterio formado es del sentido del espectáculo de El lago de los cisnes sobre hielo de la compañía The Imperial Ice Stars. Y aseguro que esta gente sabe como montar un buen espectáculo.

De El lago de los cisnes conocía básicamente su composición musical, su canción icónica de la música clásica por la cual cogió fama mundial el compositor ruso Piotr Illich Chaikovski. Sabía poco más y de hecho desconocía la historia creada entorno a este ballet que escribió el mismo compositor en el 1877. Así, recogiendo las historias románticas de tono fantástico de Andersen, Perrault o los hermanos Grimm ideó un bonito cuento entrono a un príncipe que se enamora de una princesa condenada a adoptar la forma de un bello cisne blanco durante el día y humana de noche. Pero su bonita historia de amor se verá truncada por las malignas aspiraciones del conde Von Rothbart.

En el Barcelona Teatre Musical se vive durante unas semanas esta bonita fábula pero adaptada encima de una pista de hielo creada a partir de un sofisticado sistema de congelación que permite tener un escenario helado para que los artistas se deslicen encima de ella con auténtica maestría.

Cabe decir que en este espectáculo prima las piruetas, los saltos y movimientos de sus intérpretes más que la historia en sí, pues la verdad es que a veces cuesta seguir los acontecimientos generales o los gestos más pequeños que marquen un giro. Así, se entiende el rol  de cada personaje y que hay un juego con el anillo de compromiso, así como la competición entre el cisne blanco y el cisne negro, es decir Odette y Odile. Pero insisto en que aquí lo importante es que el público entorne bien los ojos, abra bien la boca y se deje llevar por la magia de los patinadores, con sus múltiples acrobacias, en números que, según parece, nunca se habían echo antes en una pista de hielo (ni en ningún Juegos Olímpicos de Invierno).

De esta producción cabe destacar distintos nombres. Primero, el director y coreógrafo Tony Marcer, el número uno según dicen quien ha creado un equipo creativo artístico con nombres como los de los medallistas olímpicos Evgeny Platov i Alexei Nemov. Además también está detrás el productor James Cundall, productor de grandes espectáculos de circo (Cirque du soleil) o musicales (Los Miserables, Cats). Sin duda, un nombre asociado a los grandes espectáculos de este siglo. Y junto a ellos, el encargado de los decorados, de esta escenografía poblada de tapices y cortinas que van corriendo y  descubriendo nuevos espacios para la historia, otro nombre asociado al éxito espectacular, Eamon D’Arcy. Y en lo que se refiere a los actores, igual que con la historia, la interpretación queda relegada a la habilidad de los patinadores. No por eso se olvida la gestualidad, un poco manierista, y el dramatismo en los movimientos de los artistas sobre hielo. Así destacan el príncipe Sigfried, Andrei Penkine, la princesa cisne Odette, Olga Sharutenko y el conde Von Rothbart, Vadim Yarkov.

Buen espectáculo llegado de Rúsia, un show bien ejecutado, con números para dejar a uno con la boca de palmo y medio. La historia es lo de menos.

 

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