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Crítica de El Intérprete - Masteatro

Crítica de El Intérprete

El actor es un animal que sufre, un animal enfermo. Probablemente su vida para llegar a la cima (aquellos que lo logren) es un compendio de infortunios y de incomprensiones por parte de su entorno. Y ahora aún más. Con la que está cayendo… Pero hay una raza de actor que es visto, aún más, como un bicho raro: el actor de musical. Cómo decide uno que su pasión es la de cantar canciones y de bailar y de hacerlo de manera que pueda contar una historia sin que termine sonando ridículo? Esta gente están hechos de otro material y se les ve curtidos, resistentes a lo que digan. Pero de tanto en cuanto, uno necesita quitarse las máscaras, exorcizarse y contar bien su historia, para que aquellos que quieran escucharla sepan bien que la vida de un actor, de un cantante, de un intérprete no es fácil. Así lo hace el basco Asier Etxeandía en «El Intérprete», uno de los espectáculos musicales más potentes que se pueden ver en este país. Es tanto el derroche de Etxeandía que solamente puede hacer tres bolos a la semana y así es en el Teatro Coliseum.

El showman cuenta la historia de su vida y para ello se traslada a 1984, siendo un niño, solo, en su habitación, sentado en una silla y mirando hacia la pared. Raro, hablando y cantando. Al otro lado, en el salón sus padres discuten. Eso no lo vemos, eso lo cuenta él transformándose en aquel niño que sus padres no comprendían, que supuestamente estaría enfermo y que tenía que medicarse. Un chaval que le zurraban en el cole por raro, por simular transformarse en hombre lobo, por cantar, por ser extravagante. Pero él des de este cuerpecito, con esta mente inocente, imagina que dentro de unos años estará en un teatro cantando todas estas canciones tan bonitas que suenan ahora en la radio o las que su madre y su padre bailan a veces. Este show es un homenaje tanto a sí mismo como a la figura del actor de musicales.

Es el espectáculo perfecto, con un ritmo que no decae, enérgico, vibrante y altamente participativo. Los espectadores están más tiempo de pie que sentados. Y todo gracias a este frontman, una auténtica bestia parda del escenario con una voz grave, con una fuerte personalidad pero que adquiere infinitos matices. Este hombre es el nuevo Rafael. Por favor, que alguien una a estas dos figuras en un escenario.

Etxeandía se atreve con todos los estilos musicales y con gran variedad de autores, de Gardel, a Chavela Vargas, pasando por David Bowie, los Rolling, Talking Heads, Tom Jones,… cabe decir que este espectáculo es un fenómeno de masas y no sólo por que el teatro esté lleno hasta la bandera. La gente que viene ya sabe de qué va el show y lo demuestran bailando la coreografía de una de las canciones de creación del espectáculo, el hitazo «Tu te me dejas querer». Mientras el intérprete se viste, otra vez, de Maestro de Ceremonias.

A medida que va avanzando el espectáculo Asier va desgranando sus propio homenajes, a su madre, a su padre. Y con mucho humor va liberando sus pecados, apuntando contra la religión, contra la sociedad, los políticos, hablando de sexo, declarándose hedonista y defendiendo en todo momento su extravagancia como algo extraordinario, único. Y que mejor complemento para él que dejarse acompañar por una auténtica Terremoto, la de Alcorcón. Pepa Charro tiene tantas tablas o más que Etxeandía y juntos demuestran una química mágica en el escenario. En éste momento Asier comparte protagonismo para que la diva ofrezca una sorprendente versión de «Paraules d’amor» de Lluís Llach, que el público corea emocionado (cabe decir que antes el público había cantado «L’estaca» de Llach cuando Etxerandía, como provocando, había empezado a tararearla. Sensibilidad política con el público? oportunismo?). Luego felicidad (Happy de Pharrel Williams) y otras canciones cantadas al alimón.

El espectáculo de más de dos horas está formado además por tres músicos muy potentes, Guillermo González (pianista), Tao Gutiérrez (director musical, percusión y música electrónica) y Enrico Barbaro (bajista eléctrico y contrabajista). En el escenario solo un pequeño escritorio, una silla, una lámpara y poca cosa más. El resto corre a cargo de la imaginación que el actor estimula.

 Son muchos los adjetivos grandilocuentes que describen el espectáculo. Los suscribimos. Aún resuenan en nuestras cabezas este final apoteósico con Asier emulando a Mick Jagger saliendo como una auténtica estrella de rock iluminado de grandes focos y declarando su simpatía hacia el diablo. Cuanto habrá sufrido para llegar hasta aquí, pero lo bien que lo pasa ahora este demonio, el Intérprete.

 

El Intérprete de Factoría Madre Constriktor.

Dirigido por Tao Gutiérrez, Álvaro Tato, Lautaro Perotti y Santiago Marín.

Con Asier Etxeandía.

Monólogo musical.

En el Teatro Coliseum hasta el 21 de setiembre.

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