Crítica de El discurso del Rey - Masteatro

Crítica de El discurso del Rey

Dice Magüi Mira que del texto de David Seidler, El discurso del rey, le cautivó el valor que se le daba a la palabra y al pensamiento. La palabra es el instrumento más efectivo para cambiar la realidad, para superar traumas y adversidades personales, y cambiar tu entorno, aunque tu entorno sea toda la nación británica. Esta es la historia del Príncipe Alberto, quien acusado por una serie de tormentos infantiles (nacido zurdo fue obligado a aprender a ser diestro, una niñera perturbada le infringió maltratos, y otros) no podía hablar ni pronunciar sus discursos sin atrancarse. Y la presión de los acontecimientos no iba a su favor. La historia por muchos ya es conocida gracias a la película de Tom Hooper. Pero ahora la directora Magüi Mira ha querido recuperar esta historia y darle un empaque que va a la esencia de la historia, de la palabra. Una propuesta desnuda de ornamentos, pero con una coreografía milimetrada, un baile poético que marca las relaciones, así como las tensiones que se suceden.

Una luz ilumina el cuerpo desnudo del príncipe nada más empezar la función. A su lado todos los otros personajes van hablando mientras le van vistiendo. La imagen de impacto muestra el sentir del príncipe Alberto, desnudo ante las circunstancias que le atormentan, apunto de enfrentarse por primera vez a un micrófono y dirigirse a la sociedad británica. La disposición de los personajes siempre a su alrededor es asfixiante, su público juez, que va moviéndose a través de los tres lados del escenario con sus sillas. En el centro se mantiene el micrófono, el juez más severo que determinará el éxito o fracaso final del, entonces ya, rey Jorge VI.

La historia se vuelve interesante más allá del relato de superación que supone sino por la responsabilidad que conlleva y por el momento histórico que retrata. Es de estas obras que hace pensar en estos héroes anónimos que día a día trabajan por sobrevivir en sus profesiones dignamente y lograr mejorar su entorno, la sociedad en que viven, sea un Rey o un logopeda. Personajes que marcaron parte de la historia que hemos heredado. Sin duda, la lección histórica (la relación entre monarquía y política a través de la figura de Churchill o el juego de relaciones perversas entre una parte de la monarquía británica con Hitler, entre otras) de esta obra es también una lección humana. Y Magüi Mira sabe explotar bien esta visión.

El elenco está descompensado. Al lado de unos más que dignos Adrián Lastra, Roberto Álvarez y Ana Villa, quedan relegados Ángel Savin y sobre todo Gabriel Garbisu y Lola Marcelli que no están a la altura de sus personajes. Pero el trío principal deja muy buen sabor de boca sobre todo en los dos protagonistas, Rey y logopeda, Lastra y Álvarez. Ya se sabe que la voz de Adrián Lastra es un instrumento muy entrenado y afinado y por eso su interpretación tartamuda es tan natural, aun sabiendo de la complejidad del personaje. A su lado el actor Roberto Álvarez le da al personaje de Lionel el medio tono humorístico que tan bien funciona en la obra con una composición de lo que sería ahora un coach, un motivador nato, un cabroncete que sabe sacar y volver a poner en sus casillas al príncipe Bertie.

Con una escenografía mínima, montada a través de un efectivo diseño de luces (tres tapices se iluminan de rojo en alternancia), El discurso del Rey de Magüi Mira es una obra que, sin grandes riesgos, focaliza su interés en la interpretación y el valor de la palabra.

 

El discurso del Rey de David Seiler (traducida por Emilio Hernández).

Dirigida por Magüi Mira.

Interpretada por Adrián Lastra, Roberto Álvarez, Ana Vila, Ángel Savin, Gabriel Garbisu y Lola Marcelli.

Drama histórico.

Hasta el 19 de julio en el Teatre Poliorama.

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