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Crítica de El Crèdit - Masteatro

Crítica de El Crèdit

En la sala La Villaroel este año han cambiado su programación. Esta sala siempre alternaba proyectos de espíritu más indie con historias más populares. Des del pasado setiembre este teatro está al servicio de la comedia, de la buena comedia, aquella que despierta pasiones y que termina siendo un fenómeno de masas. Les aseguro que hasta el pasado viernes este cronista no pudo entrar en el teatro por estar siempre lleno. Después de lograrlo ya hace más de una década con El mètode Grönholm, Jordi Galcerán,  el autor catalán con más proyección internacional ha vuelto a dar con el éxito de público con El Crèdit. Y al mismo tiempo que lo logra en Barcelona, lo hace igual en Madrid. Galcerán es el mejor antídoto para las salas vacías. ¡Ah!, y para más paralelismos, en la ciudad Condal el autor ha vuelto a contar con la dirección de Sergi Belbel quien también estuvo en Grönholm.

Sin duda parte de el secreto del éxito  de Galcerán está en la universalidad de los temas, y aunque siempre hay espacio para gags más localistas, los relatos que cuenta pueden pasar aquí como en otra parte del mundo. He ahí el porqué de su exportación masiva. Desde siempre el autor ha tenido un ojo puesto en la realidad. Su fuente de inspiración son las noticias, lo que les cuentan sus amigos, las series que ve. Y un manual de casos psiquiátricos, el DSM4, para armar las neurosis de sus personajes. En este caso, no sabemos si fue por la conjetura económica (referente obvio), por una noticia (la chispa creativa bien hubiese podido ser un artículo de los movimientos migratorios de los divorciados hacia Ciutat Badía, en la periferia) o por una conjunción de motivos distintos. Sea como sea, ahora se trata de un hombre arruinado que va a pedir un crédito a un director de un banco. Al denegarse la operación por no presentar ningún tipo de aval, el cliente amenaza al director pero no de una manera agresiva ni violenta. El cliente le advierte que seducirá a su mujer si no le concede el crédito. Una vez planteado el conflicto y marcando las posiciones de los dos púgiles, empieza el combate. Uno no tiene nada que perder, el otro aunque esté en una situación de poder se siente vulnerable y va dejando filtrar sus miedos e inseguridades. Como debe ser, paulatinamente las situaciones se van volviendo más absurdas y estúpidas y con sus consecuentes giros todo se va enredando degenerando en una relación de dependencia del uno con el otro. Galcerán habla de comedia romántica. Algo de ello hay.

Galcerán compone sus obras en base al juego, en crear un enredo, unas historias que empiezan por un camino y que poco a poco van dibujando mil posibles recovecos para coger uno, al final, que nadie aún había contemplado. Galcerán es el rey de los giros imprevistos y hay muchas maneras de enfocarlos. Sin embargo parecía que algunos ya le habían pillado el truco. Pero éste es más listo que todos, y sabiendo lo que unos puedan saber, sabiendo que ya se empieza a conocer su manual de estilo, ha hecho otro truco. Mientras en sus obras precedentes, toda la acción, las causas y las consecuencias eran provocadas por los protagonistas de la escena aquí no todo es así. En El crèdit, el dramaturgo catalán se fija en el fuera de campo para asestar el golpe de gracia.

Cabe decir que esta obra nació en versión reducida para el fantástico Torneig de dramtúrgia catalana del Temporada Alta de Girona, que ganó y que ahora ha sido convenientemente alargada. Acompañado del autor viene el ex director artístico del TNC, Sergi Belbel quien con el escenógrafo residente del TNC Max Glaenzel montan un escenario circular con una mesa de oficina y sus dos sillas en el que se disponen los dos actores. Este escenario está rodeado por la platea, tal como si fuera un cuadrilátero. Pero para que nadie se quede sin ver bien a los actores, el escenario realiza un movimiento imperceptible que permite disfrutar de todos los ángulos de la contienda.

Otro punto de contacto con Grönholm está en la presencia de uno de sus actores Jordi Boixaderas quien interpreta sobrado, calmado y ofensivamente seguro al cliente. Al otro lado está un colega de profesión con el cual le une una química brutal, Jordi Bosch. El veterano cómico luce sus armas componiendo ese personaje tan vulnerable y patético que le hemos visto en otros montajes. Lúcidos los dos se les nota que se toman muy en serio este nuevo juego del genial y popular dramaturgo Jordi Galcerán.

 

El crèdit  de Jordi Galcerán.      

Dirgida por Sergi Belbel.

Interpretada por Jordi Boixaderas y Jordi Bosch.

Comedia popular.

Des del pasado 13 de setiembre en el Teatre Romea.

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