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Crítica de 'EL CAFÉ: La Comedia del Dinero.' - Masteatro

Crítica de ‘EL CAFÉ: La Comedia del Dinero.’

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ALGO HUELE A PODRIDO

Sé que le voy a dar otro disgusto tremendo a mi colega crítico de esta Híspalis bendita que tanto le disgusta que me guste cuanto veo. Pues lo siento enormemente, caballero: Esta versión límite y brutal, desorbitadamente escénica y procaz, absolutamente libre y desmedida, también me ha gustado, qué le vamos a hacer: ME GUSTA porque:

…su director, Dan Jemmett, haya sido capaz de colocar en un trampolín al espectador  y al retazo de sociedad que ha pagado por ver su puesta en escena y le haya animado a saltar sin posibilidad de réplica y con posibilidad de vértigo; sin vade retro y con taquicardias.

… el reparto derrocha energía por los poros y, con el único contacto de un beso, sin existir más que un martilleante verbal fencing, ni siquiera un cruce de miradas, provoque, desate murmullos imparables durante las casi dos horas de representación en señoras con laca abundante y señores con ojos como platos antes la curvas peligrosas y chascarrillos visuales y cabareteros de las actrices.

… Goldoni se hace carne otra vez tras Argelino/Arlecchino en el Central, que su denuncia dieciochesca siga fresca, amén de las adaptaciones y visiones particulares per secula seculorum.

… la transmutación de la máscara hasta tal punto que tales máscaras nos resulten familiares. Será que algunas me rodean e instigan en mi lugar actual de trabajo: la ambición, el sexo moribundo y la torpeza, ya se sabe, provoca monstruos…

… inquieta no saber qué es más obscuro, qué nos puede arrastrar más, qué supone más pérdida para la propia moral: si el sexo por dinero o viceversa. Que las cifras campeen por las tablas con la misma altanería que las debilidades de la carne. Los tocamientos propios y el simulacro sustituyen a toda posibilidad de acto de unión.

… todo está más podrido que en el reino de Dinamarca,  que todo haga aguas, que lo de por el interés te quiero Andrés, el hoy por ti mañana por mi, el cría cuervos que te sacarán los ojos, el si tú, reina, yo emperatriz, sean máximas cáusticas en un lodazal que salpica pus a nuestra cara con más rotundidad que un telediario; porque ahí radica la excelencia de este montaje descarnado: no en hacernos meditar, sino en reñirnos, en insultarnos justamente por eso: porque no nos estamos deteniendo el tiempo adecuado para detenerlo: ande yo caliente… Seguimos comentando en bastidores y quejarnos sólo de un día para otro. Jemmett/Fassbinder lo demuestran: remover, conmover, promover pensamientos, conductas. El reparto nos ayuda y se abre en canal hasta el agotamiento -me gusta esa suspensión, ese detenimiento por la extenuación de la comunicación de sus mensajes, regidos por el verso de Yeats “miradas en blanco, despiadadas como el sol”. Y surge la magia: una cancioncilla country opera a modo de bufón y, tranquila, sencilla y pícaramente, y nos canta el genocidio de los bancos y sus alegres banqueros, sus consecuencias nefastas y lo más crucial: que fue, que es y que seguirá igual. Y nosotros, en suspenso, con las miradas en blanco, despiadadas como el sol…

… se me iba y se me venía la puesta en escena de Strelher de Arlecchino, servitori di due padroni por el Piccolo de hace décadas: las tablas en el centro -guiñol o reino bajo la custodia perpetua del reparto -para eso son los amos aunque parezcan servidores- los parlamentos taladrando al público en forma de darditos, las poses reseteadas de la commedia dell’arte, las voces cómicamente impostadas y rellenas de melodramas a posta para, a posta, ser más que contundentes: certeras. Nada mejor que lo inocente, lo cándido para denunciar, ¿verdad, señor crítico?

… el destrozo singular y altamente llamativo de la dramaturgia, que el texto repose y se convierta en panfleto revolucionario ante los recortes en las subvenciones y el reparto aproveche la “coyuntura” de estar en un púlpito y lo deje bien claro a los cuatro vientos.

… Goldoni, quien, como tantos otros, empezó a levantar la alfombra con sumo cuidado, así, como quien no quiere la cosa, y comenzara a espolvorear la suciedad y darle forma sutil y nos dejara el retrato de una sociedad que él mismo consideraba ya hedionda, y más en Venecia: celestial por arriba, pútrida por abajo, como cualquier ciudad sureña que sólo vive de su pasado glorioso y que fue -y puede seguir siendo- nido de hampones, pícaros y contrabandistas: eso sí, alegre donde las haya, como en este café: allegre, vivace ma non troppo, con afán suicida.

… esta noche, la Abadía, sin cortapisas, nos agarra otra vez del cuello y nos centrifuga la conciencia; porque se “olvida” la sutileza goldoniana y se queda con la descomposición de nuestro espíritu, las llagas en nuestros valores y el sexo, justo al contrario de su fin, en soledad.

 Y tras mi ME GUSTA in the Facebook mood, sólo me queda hacer click en COMPARTIR mi visión, mi opinión y algo más con usted, lector.

Así que, lo siento, señor crítico, me ha vuelto a gustar lo que he visto. Sólo le deseo que disfrute algún día tanto como lo hago yo cada vez que voy al Teatro, y más, con lo que nos proporciona el  Teatro de la Abadía: denuncia, zarandeo al espectador y un reparto que parece estar siempre interpretando como si se tratara del último día de su vida. Todo, en mayúsculas.

Desde aquí el aplauso que no me permitieron darle.

EL CAFÉ: La Comedia del Dinero.
Teatro de la Abadía.
De Rainer W. Fassbinder a partir de la obra de Goldoni.
Dirección: Dan Jemmett.
Reparto: José Luis Alcobendas, Jesús Barranco, Miguel Cubero, Lino Ferreira, Daniel Moreno, Lidia Otón, María Pastor y Lucía Quintana.

Teatro Central, Sevilla. 5 y 6 de abril.

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