Crítica de Doña Rosita o El lenguaje de las flores - Masteatro
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Crítica de Doña Rosita o El lenguaje de las flores

Lorca puso voz y movimiento a muchos personajes que vivían en sus propias prisiones morales, que eran víctimas de una sociedad represiva. Ese retrato tan profundo lo bordó sobre todo en la mujer. Sin duda Yerma es una de las grandes heroínas lorquianas, pero no la única. Otra que sufre en sus entrañas la represión de sus sueños es Doña Rosita, una joven muchacha huérfana criada por sus tíos que mantiene una relación con un primo suyo.  Su desdicha sucederá cuando su novio marche a ultramar con sus padres y éste en un arrebato adolescente le prometa amor eterno y le pide que espere a su regreso. En la espera, esa bella flor se marchitará poco a poco.  Esta es la historia de Doña Rosita, la soltera o el lenguaje de las flores, que ahora se representa en el TNC bajo la dirección del meticuloso Joan Ollé.

Este texto contiene todas las esencias del poeta de Granada: un personaje central acuciado por su conflictos morales, con unos sentimientos que no encuentran su destinatario; un retrato de la sociedad y de los tiempos venideros sumidos en la desesperanza; una acusada simbología que refuerza la empatía con los personajes y sus conflictos; y la construcción de unos secundarios que abarcan todo el espectro social y que son tratados tanto des de la comedia como des del drama.

Esta historia está contada en tres actos que reflejan tres periodos de tiempo diferentes. A lo largo de toda la obra se dan muchas referencias a las rosas y otras flores de boca sobre todo del personaje del Tío, quien tiene un invernadero donde cultiva rosas como esta rara avis que es la rosa mutábile que destaca por su corta vida, por la mañana roja pasión y a la noche blanca y deshojada. Precisamente una de estas flores es entregada por el Tío a Rosita en un momento de júbilo con la esperanza de que simbolice el esplendor en su vida. No sucede sino el contrario, la espera en vano sucede a la decadencia y la ruina para todos.

La adaptación de Joan Ollé es delicada y respetuosa con los distintos tonos de la obra. La primera parte bascula entre los fastos y el advenimiento de la tragedia; la segunda, en claroscuro, con personajes y testimonios desesperados pero con un final luminoso; y un tercer acto dramático, donde se presencian las sombras y en el cual los personajes aceptan la verdad hundidos en la miseria absoluto. Ollé trabaja bien tanto en los momentos más cómicos, con los secundarios como las Manolas, su madre o las Ayolas, como en los más dramáticos. El director comanda el equipo artístico con buena mano ya que muchos de ellos ya han participado en otros montajes de éste. Además Ollé confía en la escenografía de Sebastià Brossa, sobria, blanca, desnuda de elementos, sin más barroquismos que el de las flores que se vislumbran en el invernadero que hay de fondo.

Para dar más profundidad a la poesía Ollé incluye en el montaje dos canciones de la voz del pueblo, una voz de ecos trágicos y cargada de poesía, la de Paco Ibáñez. Así se da más empaque a esta adaptación. Doña Rosita  es un texto bello por sus palabras, por como suenan los versos, como se transmite la poesía. La historia en sí no tiene un desarrollo dramatúrgico complicado, el relato va hacia una dirección y nunca cambia de sentido, ni sugiere sobresaltos. Así pues es un instrumento para que el actor haga relucir estos personajes en su evolución histórica. Nora Navas se encarga de Rosita, más encantadora y sensible en el retrato de la mujer enamorada que en el de la mujer abandonada; Carme Elías, la tía, lucha estoicamente, sin buscar la épica sino la contención, aún ser el personaje que más siente la herida del desamparo; y Mercé Arànega, la criada, representa la voz del pueblo, deslenguada, sincera, divertida, cuerpo y alma de la solidaridad del servicio. Al lado de este fantástico trío de damas y ases, destacan distintos secundarios pero sobretodo conmueve la ternura de Enric Majó, el Tío, un hombre de otro tiempo, romántico, enamorado de sus flores sin entender el mundo que le rodea (su conversación con el pedante profesor sobre el futurismo en una posición ausente dan fe).

Esta historia habla de un tiempo lejano, de una época donde la mujer vivía sumida en la cursilería, empantanada por ciertos corsés sociales. Pero no tiene esta reflejo en nuestra realidad social. Es como un sueño trágico de antaño, lleno de luz, blanco, pero con vestidos de colores y bailes. Afortunadamente ya hemos despertado de estos dramas y no quedan Rositas que crean en el amor eterno. O no es así? Decía Lorca en una entrevista en la previa del estreno de su obra en Barcelona, en 1935, He querido que la más pura línea conduzca a mi comedia desde el principio hasta el fin. ¿Comedia he dicho? Mejor sería decir el drama de la cursilería española, de la mojigatería española, del ansia de gozar que las mujeres han de reprimir por fuerza en lo más hondo de su entraña enfebrecida. Sigue siendo Lorca atemporal en este sentido?

Doña Rosita o El lenguaje de las flores de Federico Gracía Lorca.

Dirigida por Joan Ollé.

Interpretada por Nora Navas, Carme Elías, Mercè Arànega, Enric Majó, Victòria Pagès, Joan Anguera, Albert Triola y oriol Genís entre otros.

Drama poético

Hasta el 6 de abril en la Sala Gran del TNC.

 

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