Crítica de 'Don Juan Tenorio' - Masteatro
Don Juan Tenorio

Crítica de ‘Don Juan Tenorio’

Don Juan Tenorio

Ortodoxa y leal, esta producción de Teatro Clásico de Sevilla, prorrogada desde 2005, ha adquirido la perseverancia de aquel elefante que inventó Saramago al seguir ésta su andadura con paso firme, recordándonos un leyenda sevillana/universal en forma de teatro y verso. Y recuerdo al portugués y a su paquidermo, porque los versos de Zorrilla han recibido desde que fueron concebidos todo tipo de envites; versos exaltados y criticados por unos, mofados o imitados por otros, e incluso ninguneados por algún que otro filólogo, mientras que la puesta en escena que sucede en el Quintero sale airosa y conduce con pulso y sin temblor la obra de este autor como aquel elefante, con su pisar plúmbeo y aparentemente ajeno a lo que a su alrededor pueda ocurrir, es decir, al siglo XXI, donde los fantasmas, si no se nos aparecen en 3D no son fantasmas, y un remordimiento actual que debe oler a alcanfor porque parecemos impermeables a él. Tal vez lo primero sea discutible, pero el remordimiento del que Don Juan presume carecer, pienso que es asunto de rabiosa actualidad, aunque el cretino se jacte entre tumbas y espadachines. Hoy en día el hombre sigue temiendo lo que pueda haber más allá y lo que puedan decir de él una vez deje el más acá, y Zorrilla, nos lo subraya.

Mostrar el Tenorio al público de hoy en día requiere sin dudas dotes de trapecista, ya que el más mínimo descuido lo puede llevar al disparate. El elenco sabe cómo caminar sobre esta cuerda floja. El verso se desliza, sus miradas no temen mirar al vacío y el juego escénico se enreda y desenreda sin balancear y va salvando a Zorrilla de la caída libre.

Cada miembro del reparto contornea y perfila su propio personaje: la contención de Don Gonzalo de Ulloa, por ejemplo, interpretado por Antonio Campos, hace resonar un verso clásico limpio, despojado de afectación y sin abandonar la rabia del ultraje que se entremezcla, por citar, con las carcajadas canallescas del espadachín Centellas (Néstor Barea) o la comicidad ocurrente de Ciutti (Serafín Zapico); le sigue la chispa salpimentada de la trotaconventos Brígida (Paqui Montoya) que arranca una risa continúa y agradecida del público; la breve aparición, pero bien trazada, llena de matices simpáticos, tanto en su voz como en su rostro, de Gina Escánez en su papel de la abadesa; y Doña Inés, interpretada por Mª José Castañeda, quien mima su estreno en este papel, el cual, según ella misma cuenta, es una mezcla de mito y caramelo.

El Tenorio es Sevilla y Sevilla atiende disciplinada lo que se cuenta de ella. Tanto es así, que uno puede escuchar a algunos espectadores ir recitando entre susurros parte de las tiradas de versos que lanzan los personajes. El murmullo sube de volumen con el “¿No es verdad ángel de amor?” y se permite tal licencia -tenemos el Guadalquivir de los amantes a quince minutos del teatro… -en el patio de butacas.

Hace años vi el ensayo general de esta producción en la impresionante iglesia sevillana de San Luis de los Franceses. La escena, bajo su cúpula. El ambiente nos transportaba ipso facto al mito idolatrado por Mozart, Molière o Tirso. Sin embargo, esta noche, a pesar de no haber cúpula barroca que lo amparara, Teatro Clásico de Sevilla ha vuelto a resucitar a Don Juan de entre los muertos, así que Zorrilla puede seguir descansando feliz y en paz.

DON JUAN TENORIO
Teatro Clásico de Sevilla.
Teatro Quintero., Sevilla. 23 de Noviembre 2011.
Reparto: Moncho Sánchez, Néstor Barea, Antonio Campos, Gina Escánez, Paqui Montoya y Mª José Castañeda entre otros.
Y RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

 

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