Crítica de 'Desnudo nadie es perfecto' - Masteatro
desnudo nadie es perfecto

Crítica de ‘Desnudo nadie es perfecto’

desnudo nadie es perfecto

¿Quién dijo que una mente privilegiada no puede gozar a su vez de un cuerpo con los mismos privilegios? Pues quién lo dijo no se equivocaba del todo y más después de comprobar que en “Desnudo nadie es perfecto” pueden presumir de dos mentes extraordinarias pero lo que es de cuerpos privilegiados más bien se quedan escasos.

Quizás de ahí venga el título “Desnudo, nadie es perfecto” de esta hilarante obra de teatro que se puede ver en la Escalera de Jacob y que está cautivando al intelecto del público en cada sesión.

Aparentemente, no es una actuación laboriosa, aunque lo es, pero no se preocupen porque no es para nada necesario buscarle ninguna lógica a esto ya que, como ellos mismos reconocen, “les ha salido así, sin pensar”.

La vida es absurda así que mejor reírse de ella. Con esta realidad por bandera arrancan el espectáculo estos dos personajes, más elocuentes que absurdos y, poco a poco, van desnudándose ante un público que desde el primer minuto cae rendido a los encantos de su estética inteligencia.

Encarnados en la piel de Che y Alf, “oséase”, Chema Moro y Alfonso Mendiguchía, estos dos actores se vacían de su moral absurda a la vez que , saliendo del armario, se despojan de sus ropas sin complejos y, como quién no quiere la cosa, inician una especie de cortejo sexual salvaje con los cerebros presentes y en mayor o menor grado, dependiendo de lo que cada cuál se deje seducir, llegan a practicar un coito mental de lo más sugerente y tántrico: sexo del bueno, hablando claro.

Porque lo que hacen de principio a fin es, literalmente y parafraseando a Martín Hache, “follarse a las mentes”. Tal es la habilidad del dúo para enrrollarse con la lengua y el lenguaje eminentemente español y obviamente, al final del acto, ningún españolito que se precie puede abandonar el show sin el sentimiento tangible de que su mente ha sido sensualmente pervertida.

Pues bien, lo reconozco, yo también me he “dejado hacer”, pero lejos de sentirme viciosa o degenerada por mis comentarios de la obra, me siento orgullosa de ellos y de  decir que he disfrutado plenamente con esta creación de Alfonso Mendiguchía, porque a mí, como a Hache, también “me seduce la inteligencia y me seducen las mentes cuando hay una cara y un cuerpo que las mueve y que vale la pena conocer”.

Por estos y por otros muchos más motivos más o menos absurdos, os animo fervientemente a que vayáis a ver la obra y a que, como yo, disfrutéis de este orgasmo divino que os provocarán estos dos dioses del ingenio y la retórica.

Todos juntos: ¡Que viva el sexo lingüístico-sintáctico!

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