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Crítica de 'De verden cuando' - Masteatro

Crítica de ‘De verden cuando’

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Lo que Millán Salcedo muestra ante su público, es precisamente lo que el pueblo quiere ver. A su clásico gracioso, al genio de talante y cordura que le hizo reír hasta dolerle el cuerpo, a sus esperpentos humorísticos de la vida cotidiana, a sus caricaturas, y por supuesto, a su propio ser e intelecto. Homenaje a sí mismo y también a las personas con las que mejor se lo ha pasado en su vida: Fernando Conde y Josema Yuste; haciendo memoria a “Martes y Trece”, el grupo que más ha hecho reír a esta sociedad de consumo y que hizo su vida más alegre durante casi veinte años. (Nunca habrá un Fin de Año igual sin ellos).

Por otro lado no debemos olvidar que “De verden cuando” se basa en Yo me subí a un piano verde. Dos espectáculos que se asemejan muchísimo, aunque no sean lo mismo. Un piano verde, un decorado de lucecitas sobre fondo negro, la imagen proyectada de un atardecer en la ciudad, el sketch sobre las televisiones planas (y el de el GPS personalizado, y el de “Maricón de España”, y el del collage que ha elaborado debido a que le han obligado a tener taaaaaaanto tiempo libre, y el de…), y su homenaje al personaje que más le ha gustado encarnar, el de la poetisa madrileña Gloria Fuentes.

Desde luego Millán es un artista que ama la televisión; ese ente que le sirve para sacar una catarata de creatividad, gags, historias y personajes horrendos, que riegan el panorama político y social de este país llamado España. Agradecer que, pese al corsé que significa ser un ser mediático, haya deleitado al espectador con momentos de crítica social y política sagaz e irrisoria.

Así está el país señores, repleto de parecidos razonables, con una cadena de televisión que da vergüenza ajena, con una princesa que no sabemos de qué pueblo es, con unos tropiezos que disparan armas matando animales, con una clase trabajadora obligada tener tiempo libre, en fin. ¡Legionarios: con la iglesia hemos topado!

Este manchego de Brazatortas, deleitará a sus espectadores con canciones llevadas a cabo, con suma maestría, por él mismo y por su inseparable Rigodón (el maestro Marcos Cruz, al piano). Conduciéndoles por esta catarsis de terapia ocupacional e imaginación al poder. Que si “el que canta su mal espanta”, Millán a la risa levanta.

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